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  • Mientras todos duermen mi hermanastro me da por toda la casa

    Mientras todos duermen mi hermanastro me da por toda la casa

    Hola de nuevo y gracias por seguirme leyendo, hoy les contaré cuando hace unos días lo hice con mi medio hermano; él tiene 25 años, es alto, delgado, moreno, y como somos hijos del mismo padre pues somos muy parecidos, nos reunimos un día en casa de mi papá mientras veíamos algunas películas, la cosa es que se hizo algo tarde, por lo que mi hermano les dijo a su familia que me quedara a dormir, total ya estaba yo en confianza, lo que no sabía su otra familia es que este par también es mi familia por lo que el morbo estaba al 100.

    Obvio mi papá nos dijo a ambos que no hiciéramos locuras, que toda la familia estaba en casa, yo dormiría en la sala, encima del sofá, mientras mis hermanastros en su habitación, y mi papá y su esposa en la suya, luego de estar platicando un buen rato, ya todos se habían ido a dormir por lo que mi hermano se despidió y se fue a su cuarto, yo me acomodé como pude y empecé a quedarme dormido, como ya hacía algo de frío me dieron una colcha para taparme y no pasar frío, pasaron yo creo una hora mas o menos cuando en eso sentí que me bajaban el short, como soy muy caliente nunca traigo calzones o boxers (es muy raro que los use) pues en eso pensé que era mi papá, siempre me trae ganas; pero no, era mi hermano, me empezó a meter mano atrás, agarraba mis nalgas y las apretaba, ya teníamos rato que no cogíamos él y yo, casi siempre el que me da tronco es mi papi, así que ya andaba que se le quemaban las habas, yo estaba medio dormido por lo que solo medio gemía, es muy fácil prenderme.

    Pero en eso me tapa la boca para que no gima muy fuerte, me decía que me callara, y con justa razón, todos dormían, me paso los dedos por mi boca para mojarlos y metérmelos en el ano, me estaba calentando, en eso me volteo para darle una chupada a su pene y que resbalara mejor al momento de penetrarme, la chupe hasta que me cansé, me encanta mamar su verga, me di la vuelta de nuevo y ahí en medio de la sala comenzamos a coger, me puso sobre el sofá y ahí comenzó a taladrarme, luego se apartó de mi y creí que ya se iba a su cuarto pero no, me tomo de la cadera y me hizo que lo siguiera a la cocina, me puso sobre la mesa, me abrió las piernas con sus pies y me hizo agacharme contra la mesa y metió de golpe su rica verga en todo mi ser, mientras tapa mi boca para no gritar, les juro que casi lo hago.

    Después lo llevamos más allá y nos pasamos a un lado de la puerta de donde dormían sus papás, yo me hacía para atrás, yo creí que ya era mucho, pero él me obligó, y ahí contra la pared siguió penetrándome, era una locura, si nos cachan ya valió todo, pero afortunadamente no pasó a más. Luego en suelo continué cabalgando su mástil hasta que me vine en mi vientre y pecho, lo tomaba con mi dedo y lo llevaba a mi boca, hasta que en eso mi hermano se vino dentro de mí; nos fuimos a dormir, yo desde la sala continuaba sacando sus mecos y me los chupaba hasta sacarme todo.

    La próxima vez les contaré como hice un trío con mi papá y hermano vestido de colegiala.

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  • Esquivo amor

    Esquivo amor

    La veía pasar cada día. Siempre caminaba ligera, como si alguien o algo la estuviese esperando.  Iba muy tapada; quiero decir, iba vestida casi sin enseñar partes de su cuerpo, más allá de las manos y la cara, que incluso ocultaba en parte debido a que llevaba mascarilla: un pañuelo sobre su cabello, jersey negro de manga larga, falda larga plisada se color morado; calzaba manoletinas. De su físico yo podía adivinar, quizá, unas tetas pequeñas y redonditas y un coño grande y acogedor: esto último, aunque de difícil percepción, era evidente cuando su falda a cada paso se le ajustaba a los muslos: intuición masculina. Lo poco que podía ver de su cara era unas cejas bien depiladas, unos ojos almendrados de color negro y una nariz recta. Yo sólo pensaba en abordarla, pero era una tarea difícil que además seguramente despertaría recelos en ella, y lo que yo menos quería era espantarla, que nunca más pasará por la acera, frente a mi portal. La ocasión no llegaría por sí sola, o sí, quién podría saberlo, que en esto del amor concurren a menudo circunstancias imprevistas. Como la que propició que al fin pudiese hablar con ella: el diluvio y consiguiente inundación acaecidos en mi ciudad.

    Era una mañana grisácea. Durante toda la noche y primeras horas de la mañana había estado cayendo una lluvia persistente, a ratos torrencial, sobre la ciudad. Cuando salí de mi portal, a la hora que acostumbro, la calle presentaba un aspecto lamentable, con multitud de charcos considerablemente grandes, barro y restos vegetales, como troncos o ramas, esparcidos por doquier. La vi, por supuesto, e iba esquivando obstáculos con bastante dificultad; tras dar un salto para evitar un charco, cayó al suelo. Yo me precipité en su ayuda. «¿Estás bien, te has hecho daño?», le dije; «No nada, estoy bien, gracias», dijo ella mientras intentaba levantarse. Le alargué una mano, que ella tomó, y se irguió junto a mí. Mi corazón se desbocó y sus latidos me impulsaron a decir lo que dije: «Me gustas, dame tu teléfono». Ella, tras sonrojarse, contraatacó: «Intentas ligar conmigo…, soy una mujer comprometida»; «Bueno, dije lo que dije, pero ello no significa que haya algo más que una simple petición»; «Ya, vale, debo seguir caminando, tengo que hacer, ya te veré mañana, me caes bien».

    Yo tenía la idea de que ella también me había estado vigilando durante días, cuando pasaba frente a mi casa. Era una vaga impresión, no sé, una sospecha quizá de que yo le había parecido interesante físicamente. Respecto a lo de su compromiso, albergaba mis dudas. Un día soleado la acompañé un largo tramo por la acera. Supe que por ese camino volvía a casa. Supe que se llamaba Antonia, aunque su gente cercana la llamase Toni; supe también que tenía treinta y dos años y que el compromiso que la ataba a un hombre no era una cosa muy declarada que digamos. «Yo supongo que él me querrá y yo también le querré», me explicó; «Pero ¿quién es ese ser misterioso?», inquirí; «Puede que aún no esté muy decidido»; «¿El qué?»; «Pues él, qué va a ser».

    Su número de móvil no me lo daba, a pesar de mi insistencia. Muchas noches, ya acostado, a punto de coger el sueño, me hacía pajas pensando en ella: me imaginaba que entraba en mi casa, que se acomodaba junto a mí en el sofá y nos besábamos; que después de besarnos, ella, excitada, me desabrochaba el pantalón y me chupaba la polla hasta que esta crecía lo bastante para que ella se la metiera en el coño a horcajadas sobre mí, mágicamente desnuda; que la besaba las tetas pequeñas, me las metía en la boca y las degustaba a placer mientras ella gemía de gusto; y que, finalmente me derramaba en su coño, derrame real que caía sobre el dorso de mi mano y entre mis dedos.

    Desesperaba. O, más bien, esperaba que hubiese un momento, un solo momento, largo o corto me daba igual, para estar íntimamente reunido con Toni. Y ese momento llegó.

    «Hola, Norberto», me dijo un día, «acompáñame a mi casa, tenemos que hablar». Por supuesto que sí, la acompañé. Su casa estaba en un bloque de viviendas bastante lujoso. «Guau, aquí vives», me sorprendí; «Sí, es una buena casa, ¿verdad?»; «Desde luego, Toni, debes tener un buen trabajo»; «Soy comisionista, ¿y tú?»; «Creativo», dije, y se rio. Entramos en su piso, muy amplio aunque decorado con sencillez. Por primera vez, pude ver su rostro completo, tras quitarse la mascarilla: la boca la tenía pequeña; los labios gruesos, como un redondel carnoso, como una flor a medio abrir; los dientes, pequeños, y se le formaban dos bonitos hoyuelos junto a la comisura de los labios cuando sonreía; y su cabello, ya sin el pañuelo: una media melena ondulada color avellana. Yo me dije: «Esos morros son el forro perfecto para mi polla», e imaginé la escena. «¿En qué piensas?», interrumpió Toni mi pervertido hilo mental; «Oh, no, en nada», disimulé. Trajo, entonces, dos latas de Coca-Cola. Nos sentamos frente a una mesa camilla, en un saloncito austero. «Oye, Norberto, me voy a casar pronto, ¿sabes?, y… he pensado que tú y yo, en fin, antes de que yo…, he pensado que podríamos tener algo, no sé, sexo, follar y todo eso…, yo, en fin, soy virgen, y quiero llegar virgen al matrimonio, sin embargo…»; «Sin embargo, ¿qué?, ¿qué me harás una mamada, insinúas?», interrumpí algo fastidiado; «Eso, de seguro, que te lo haré, pero, aparte, quiero que me des por el culo», terminó. Me quedé petrificado.

    Fuimos a su dormitorio. Toni se desnudó de espaldas a mi, iluminada por la claridad que se filtraba a través de las persianas. «No quiero que me veas las tetas, me las verá y saboreará el hombre que se va a casar conmigo», explicó Toni con timidez mientras se iba acercando a la cama con los brazos cruzados sobre su torso. Las piernas las tenía finas y bellamente moldeadas; conforme se iba acercando más a mí, que la esperaba junto a la cama, observé que el color de su piel tenía un tono bronceado, muy exótico. Yo también me desnudé. Ella se arrodilló frente a mí, acercó la cabeza a mi pubis y me fue mamando la polla de poco a poco, sin emplear las manos: primero, aún blanda, la atacó desde abajo; luego, horizontalmente; finalmente, me la chupaba en un ángulo agudo, desde arriba, con devoción. Cuando comprobó la dureza del miembro con la lengua, se subió a la cama, despacio: se acostó bocabajo. La espalda y la nuca ofrecidas. No quise negarme a hacer lo que me pedía que hiciese: follarla por el culo para evitar que su virginidad se viera comprometida; aunque hubiese preferido amarla de otra manera más delicada. Era lo que se me ofrecía y punto: no debía desaprovechar la ocasión de echar un buen polvo. Toni se puso a gatas sobre el colchón, apoyándose en los antebrazos, con las rodillas adelantadas y el culo alzado. Me sitúe de rodillas, por detrás. Le separé las nalgas para atisbar el tierno agujero oscuro por donde debía entrar la hinchada polla que un poco antes, para que estuviese dura como piedra, ella mamó, y la penetré. «Uff, Norberto», soltó ella arqueando la columna hacia abajo; «No ha entrado toda, espera, empujaré un poco más, a-aho-oh-ra», dije; «Uff, sí, ahora, Norberto, la siento-oh, siento tu polla dentro de mí, me gus-ta», dijo. «Oh, oh, oh», follaba yo ; «Hu, hu, ah, uff», y ella. Me agarré con fuerza a su cintura para no perder la profundidad que había alcanzado con la polla en su agujero y seguí dándole. «Guay, qué placer me das, Norberto, uff, sigue más, más, si-gue, estoy a punto-oh de tener un orgasmo, hu, hu, uff», me animaba ella, no obstante no me hiciese falta, pues la calentura de la punta de mi capullo iba en aumento embestida tras embestida, hasta que expulsé el semen con bestial fiereza; me derramé dentro de ella, como en mis ensueños: «¡Qué bieenn, oohhh!».

    El día siguiente, yo estaba completamente enamorado. «Bah, un creativo como yo, que dispongo de mujeres a espuertas, bah, ¿yo, enamorado, de esa, de una mujer comprometida, y virgen?, bah», me decía. Pero salía cada día a la hora en que Toni pasaba; sin embargo, había un inconveniente: Toni, ya no pasaba. No la veía, y eso me volvía loco. Mi habitual calma se había visto alterada por culpa de una mujer, de Toni. Busqué consuelo en las muchachas que trabajaban conmigo en el gabinete: gordas, flacas, tetonas, escurridas, jamonas, escuálidas; mas nada: no podía olvidarme de Toni: seguía, pues, enamorado de un esquivo amor.

    Comencé a enviarla caros ramos de flores a su domicilio, el cual había memorizado, con notas, amorosas a veces, apasionadas otras veces, no obteniendo respuesta ninguna.

    Una mañana temprano, sonó el timbre del tefefonillo: «¿Quién es?»; «Toni». Pulsé de inmediato el botón de apertura. Los pocos minutos que esperé a que sonara el timbre de la puerta se me hicieron eternos. Me preguntaba: «¿Qué querrá?, ¿cómo habrá conseguido mi dirección?, ¿seguirá igual de atractiva?». Sonó el timbrazo como un disparo y abrí de sopetón. «Hola, Norberto, voy a pasar», diciendo esto empujó la puerta, me apartó a mí y pasó. Algo era distinto en Toni: los ojos le chispeaban, el vestido palabra de honor rojo que esplendorosamente lucía hacia que pareciese una princesa de cuentos. «¿Có-cómo has conseguido mi dirección?», tartamudeé; «Vaya, Norberto, ¿acaso me crees estúpida?, recuerda que soy comisionista, ¡y de las mejores!…, he venido a anunciarte mi compromiso, me caso…, he estado este tiempo arreglando papeles y demás…, también los tuyos»; «¡Los míos, qué, qué…! «, tartamudeé otra vez; «Nos casamos, tú y yo, hoy».

    Reía alborozado durante el convite de la boda. Saludaba y hablaba con todo el mundo sin dejar de mirar con el rabillo del ojo a Toni, guapísima, que se movía por el salón de celebraciones como pez en el agua, teniendo detalles con todo aquel a quien se acercaba. Yo me había tenido que vestir con rapidez, con la ayuda de Toni: cepillamos un traje que tenía en el armario, dimos lustre a mis zapatos. Ella me anudó la corbata, dándome besos en los labios y sonriendo; era un goce ver sus picantones hoyuelos después de tanto tiempo sin… «Oye, Norberto, qué callado te lo tenías, si ayer mismo tú y yo…», me decía una jovencita de mi gabinete»; «Sshh», cortaba yo.

    Y llegó la noche de bodas. Fuimos a un céntrico hotel de la ciudad. Una vez en nuestra habitación, nos desnudamos el uno al otro, o el uno a la otra o la una al otro y nos acostamos en la espaciosa y cómoda cama de matrimonio. Nos besamos y acariciamos. Quise hacer real mi ensueño, y me metí las tetas, derecha e izquierda, muchas veces y por turnos, de Toni en la boca: como imaginé, me cabían enteras, y ella suspiraba de placer. Me adentré en su coño también con la boca, alargando la lengua todo lo que podía para pulsar su clítoris; Toni gemía, gemía y daba cortos grititos «ahh, aahh, ahh», a punto ya se correrse; un inconfundible sabor dulzón inundó mi boca y me interné con más ritmo: «Ay, aahh, aaahh». Era para mí delicioso hacer que se corriera Toni, como al fin lo hizo: «Huuu, ohh, ah». Entonces, me acordé. «Toni, tú… tú no eres virgen». Ella se irguió apoyándose en los codos. «Pues claro que no, guapo», dijo; «Y… en tu casa, lo que dijiste, lo que pasó en tu casa…»; «Bueno, verás, me gusta mucho que me den por el culo, de alguna manera tenía que convencerte de que lo hicieras, no todos los hombres quieren hacerlo así, porque se necesita una polla de cierto tamaño y bien dura, como la que yo supuse que tú tenías, pura intuición femenina, y a ti te gustó, ¿eh?»; » Sí, Toni, mucho»; «Venga, pues no se hable más, me pongo en pompa».

    «Ah, ay, uff, ah, Nor-berto, me gusta-ah, me gus-ta». Y me vertí en su agujero tan feliz como nunca lo había sido.

  • Inicio de un matrimonio abierto (8)

    Inicio de un matrimonio abierto (8)

    Un viernes me habla Gerardo y me habla Gerardo y me dice ¡Hola Roberto!, fíjate que nosotros ya tenemos ganas de otra salida, pero también la fantasía de incluir a otra pareja para hacerlo más morboso, le contesté que le iba a comentar a Fanny (mi esposa) para tomar su opinión, que llegando a casa les haríamos una videollamada para tomar un acuerdo.

    Llegando por la noche a casa nos conectamos al ordenador, después de los saludos les dije que le había comentado a Fanny la intención de invitar a otra pareja, y que no nos parecía mala idea, Gerardo tomo la palabra y nos dijo, nosotros ya nos adelantamos, del anuncio que pusimos meses atrás nos siguen contactando y hay una pareja que nos llamó la atención, igual que con ustedes ya les pedí fotos y su estado de salud, su nombre es Julio y Monserrat, y ya me enviaron los resultados megativos de sus análisis de ETS (enfermedades de transmisión sexual) junto con fotos de ambos sin sus rostros, te los envío por WhatsApp al grupo, Fanny abrí los mensajes y se ve a Monserrat mujer trigueña de pelo lacio hasta los hombros pechos grandes y cadera ancha con bonitas piernas, Julio mulato delgado, pelo chino y tremenda verga de más de 20 cm y gruesa, jubilado de Pemex, tienen un hijo de 27 años soltero que vive con ellos..

    Alicia le pregunta a Fanny, ¿cómo lo ves amiga?, Y con cara de administración le contesta, está bien armado, yo nunca he tenido un pito así en mis manos, sería interesante probar, Gerardo nos dice pues manos a la obra, hacemos un enlace vía Zum para el domingo y los conocemos.

    El domingo nos enlazamos a las 12 de la tarde pues su hijo salió y regresaría por la noche y de esa manera estaban más tranquilos, después de los saludos y las presentaciones nos fuimos directo al tema, para decidir el punto de encuentro nos dicen que puede ser en un motel, pero Gerardo dice que mejor alquilemos una casa en Cuernavaca el siguiente fin de semana desde el viernes, que pudiéramos permiso ese día para irnos desde temprano, todos dijimos que si, yo le pregunté a Monserrat, tengo una duda después de tener la vergota de Julio contigo ¿crees que nosotros te podamos satisfacer?, Monserrat se rio diciendo, claro ,Julio no me la puede meter toda porque me lastima, solo le permito un poco más de la mitad y por el culo ni lo intento me desgarraría, le dijimos nos dejas más tranquilos jajaja.

    Gerardo se encargó de los arreglos de alquiler y nosotros de la comida, Julio y Monserrat tienen una camioneta para 7 personas y quedó de pasar por nosotros para ir en un solo vehículo.

    Julio llegó muy temprano por Gerardo y Alicia y después pasó por nosotros, en el camino platicamos de cosas triviales, pasamos a desayunar a tres Marías cuando volvimos a la camioneta Monserrat nos dice vamos a reacomodarnos, Fanny vete de copiloto, Alicia pásate con Roberto y yo me voy con Gerardo, adivinamos la intención de irnos calentando en el camino.

    Cómo la camioneta es automática y con vidrios polarizados, le dio a Julio libertad para acariciar las piernas de Fanny hasta llegar a la tanga que ya se sentía mojada, Fanny le agarraba la verga sobre el pantalón sintiendo lo largo y grueso, Monserrat tomo la iniciativa con Gerardo y se lo fue cachondeando con besos y caricias entre ambos, yo hice lo mismo con Alicia.

    Llegamos a la casa en Cuernavaca cuenta con 3 recámaras con camas matrimoniales, estancia con tv comedor, cocina con microondas y refrigerador y en la parte de atrás un jardín con alberca no muy profunda pero si amplia, cada pareja se acomodó en una recámara y nos pusimos los trajes de baño, ella con bikinis minúsculos que dejaban ver pecho, nalgas y la entrepierna depilada, algo en común de las tres son las marcas que dejan los embarazos, y la edad, nos metimos a la alberca y jugamos un rato bolibol con una pelota que llevó Julio, más tarde salimos a preparar los alimentos para comer, comentamos el partido y descansamos un rato en la estancia, viendo una película del cable.

    Más tarde las mujeres se metieron a las recámaras para cambiarse, nosotros nos acomodamos en la sala, la primera en salir fue Monserrat, con un juego de brassier y bikini transparentes, liguero y medias todo en color blanco con una bata transparente color negro, luego salió Fanny, con un brassier de media copa y pantaleta abierta de la entrepierna todo en color blanco y también una bata negra transparente, por último Alicia, salió con un corset, tanga y medias color blanco también con una bata negra transparente supimos en ese momento que se habían puesto de acuerdo, Gerardo gritó se ven putisimas, Julio les dijo que culos tan bonitos y yo les dije se ven hermosas y excitantes, con esa lencería a cualquiera se lo paran, pusieron música de estriptis y se quitaron poco a poco las batas, y desfilaron frente a nosotros empinando y mostrando sus nalgas, nosotros las manoseábamos en cada paso fue muy placentero sentir cada nalga, ellas por su parte. Nos sobaban las vergas a cada uno, nos quitamos los trajes de baño para liberar los pitos y que ellas pudieran acariciarlos a su antojo, Alicia y Fanny hicieron un gesto de sorpresa cuando les tocó acariciar la de Julio, ya en vivo se veía más grande y dijeron entre ellas mira lo que nos vamos a comer, que rico.

    Fanny pregunta cómo nos acomodamos, Julio dijo me gustaría Fanny o Alicia se ven muy antojables, Gerardo y yo con Monserrat, queríamos estrenar piel y dijo Gerardo, pues ya está, hacemos tríos, Alicia y Fanny se cogen a Julio y nosotros a Monserrat, pues manos a la obra nosotros sentamos a Monserrat en medio y Alicia y Fanny sentaron a Julio en medio, para el manoseo inicial.

    Julio se acostó y puso a Fanny sobre su cara hizo su calzón a los lados para mamarle la vagina dándole lengua y saboreando sus jugos que ya le escurrían, Alicia masturbo a Julio por un rato largo y trató de mamar ese pitote, solo pudo meter la cabeza y parte del tronco, Fanny tomo una mano de Julio para que le sobra las tetas hasta tener un orgasmo intenso, Alicia le pidió a Fanny cambiar y ahora Alicia recibía lengua de Julio mientras Fanny mamaba ese pitote, fue tan intensa la mamada que Julio se vino inundando la boca de Fanny que se tragó toda su leche, dejando salir algo de líquido por la comisura de sus labios, que después del trago lamió con su lengua para no dejar nada afuera, Alicia por su parte recibía caricias de Julio en las nalgas y pechos llegando también al orgasmo, se relajaron un rato antes de seguir.

    Se agacharon Fanny y Alicia nuevamente hasta el pene de Julio y se turnaron para mamárselo una el tronco y otra la cabeza, después Fanny se sentó en él y lo fue metiendo poco a poco en su vagina sintiendo cómo abría su cavidad solo aguanto un poco más de la mitad, controlando su movimiento para no lastimarse, debido al rose por el grosor no tardó mucho en venirse escandalosamente, Alicia pidió su turno para montarlo, igual que Fanny solo aguanto la mitad la otra mitad la estuvo lengüeteando Fanny y al estimularlo doblemente no tardó en venirse igual que Alicia jadeando y gritando.

    Nosotros empezamos con Monserrat mamándole un pecho cada uno y nuestras manos coincidieron en su vagina le metimos un dedo cada uno y la masturbamos un rato, lógicamente se mojó con sus líquidos que manaban abundantes lubricado la dedeada, Gerardo le quitó la tanga y la coloco en cuatro para dale a mamar su verga, mientras yo se lo metía en la vagina desde atrás teniendo una vista preciosa de su culo redondo y ancho, estuvimos un rato en esa posición, yo le dije a Monserrat, nos vas a dejar darte por el culo respondiendo, es lo que deseo, pocas veces lo hago con el amante en turno así que adelante, yo me senté y Monserrat de frente a mí se sentó en mi verga, Gerardo se colocó atrás de ella para metérsela poco a poco por el culo realizó poco a poco un movimiento y fué acelerando hasta tener su orgasmo, se quedó quieta un momento lo que aproveché para pedirles cambiar, así lo hicimos y sentí lo apretado de su culo por primera vez, volvió a moverse y tener de nuevo otro orgasmo, esta vez siguió su movimiento un poco más lento y gritaba ya denme su leche cabrones, quiero sentir su venida y no tardamos primero fui yo y poco después Gerardo, descansamos un poco, a ella le escurría nuestro semen tomando los con los dedos y llevándolos a su boca.

    Nos dormimos un rato en la sala y después nos fuimos a las recamaras, nos levantamos poco después de las 10 de la mañana y tomamos un baño.

    Entre todos preparamos el desayuno para reponernos un poco una hora después de desayunar nos metimos a la alberca jugamos un rato bolibol, decidimos salir a comer en el centro de Cuernavaca y pasamos a un bar que tiene reservados lo que nos dio más intimidad.

    Al sentamos alternados pudimos acariciar sus piernas pues las minis que llevaron se subieron casi al inicio de la nalga dejando ver sus tangas, cuando el mesero pasaba a dejarnos el servicio no despegaba los ojos de sus piernas creando mayor morbo en ellas, fueron varias copas las que nos tomamos ya estaba oscureciendo cuando pedimos la cuenta que dividimos a partes iguales, decidimos regresar a la propiedad, en el camino Monserrat nos platicó de una película porno entre varias parejas y que si le permitimos poner en práctica algunas posiciones en las que participaramos todos, con los efectos del alcohol y la calentada del manoseo que nos dimos no tuvimos objeciones en probar.

    Nuevamente se metieron a cambiar a las recamaras y ponerse lencería que a los tres nos encanta.

    Salieron con lencería negra, Fanny con un body de licra, Alicia con top y pantiliguero y Monserrat con un babydoll tanga y medias ajustadas, Monserrat trajo de la recamara unas cobijas y nos acomodó a los hombres acostados hacia arriba en círculo separados uno de otro como 40 cm después puso a Alicia en cuatro mamando a Julio y poniendo su panocha en mi cara para que yo la mamara de igual forma Fanny puso su panocha en la cara de Julio y mamando a Gerardo y Monserrat cerró el círculo poniendo su panocha en la cara de Gerardo y mandomela a mi, fue riquísima la sensación para todos, ellas tuvieron varios orgasmos, festejamos la ocurrencia de Monserrat, pues fue delicioso, después Alicia se montó en Julio, Fanny en Gerardo Monserrat en mi, lograron otro orgasmo cada una y nos haciéndonos venir a nosotros.

    Decidimos ir a las habitaciones con la pareja con la que cogimos y dormir con ella, por el cansancio de las experiencias del día nos dormimos casi de inmediato.

    El Domingo nos despertaron los quejidos de Fanny y de Alicia cogiendo con su respectivo amante, Monserrat me preguntó ¿Se te antoja? le dije que si, se bajó a chuparme el pito y yo le correspondí chupando su vagina, enlazados en un rico 69, aprovechando la posición le introduje un dedo por el culo que recibió con mucha satisfacción fue el preámbulo para ponerla de piernas al hombro y metérsela por el culo, después cambié y la puse en cuatro para meterlo por su panocha hasta que tuvo su orgasmo, seguimos ahora en posición del misionero hasta volver a alcanzar otro orgasmo, enseguida me vine, Monserrat me dio un beso largo y me dio las gracias, que quedó muy satisfecha, nos pasamos a la regadera a bañarnos.

    A las 10 nos reunimos todos para desayunar Fanny me dio un beso y me preguntó ¿cómo te fue? le dije súper y ¿a ti? me contestó también, Gerardo se esmeró y cogimos muy rico, Alicia se acercó a Fanny y le dijo no friegues, Julio me dejó satisfecha pero bien rosada.

    Después de desayunar hicimos maletas y las pusimos en la camioneta, en el regreso hablamos poco pues todos traíamos los estragos de la juerga pasamos a dejar primero a Gerardo y Alicia, después nos dejaron a nosotros, Fanny se despidió con un beso de Julio y yo de Monserrat.

    Entramos a casa y descansamos un rato, comimos y después platicamos la experiencia, Fanny me comentó como experiencia con la verga de Julio estuvo buena pero no me sentí del todo con la libertad por estar cuidando de no lastimarme, lo mismo le pasó a Alicia, Monserrat dijo que le encantó estar cogiendo con ustedes, que ya le hacía falta.

    Espero les haya gustado.

  • Mi primera madura y como rival el Coleta

    Mi primera madura y como rival el Coleta

    Nada más llegar me impresionó, su balanceo de caderas, era alta, tetona, un buen culo, rostro felino, labios carnosos y ojos almendrados. Mi curiosidad me ganaba.

    -¿Me dejas ver el…? -pregunté al compañero de recepción.

    -Joder viene una buena maduraca y todo dios quiere saber… Tiene 46, casada. Creo que viene a cazar. Marca terreno la cabrona. No te olvides que mañana viene el animador, ese no le falla ni una al hijoputa.

    Por la noche le serví en la barra, sostenía mis miradas. La invite a un tercer mojito.

    -¿Qué edad tienes, Rober? -dijo mirando mi placa que llevaba mi nombre.

    -24, señora.

    -¿Te gusta ser camarero? Está bien aquí con este ambiente, y solo es servir copas, además muchas jóvenes… -al mismo tiempo me guiñaba un ojo.

    -Bueno… estudio…

    -¿De camarero? -exclamó en tono burlón.

    -No, me queda un año de ADE. Veo que le gustan los tattoos -dije mirando sus antebrazos.

    -Sí, son los nombres de mis hijos en escritura china, llevo más -dijo retadora con una sonrisa sexual.

    -¡Me gustaría verlos! Podemos vernos después…

    -¡Qué pillo! pero mejor dentro de 3 días.

    -Pasado mañana me voy 3 días, se casa mi hermana -dije en tono apenado y la verdad es que no me daba pasada de mi mala suerte.

    Ella quedó un rato pensándolo y dijo:

    -Estoy menstruando, pero me caes bien y siempre te puedo hacer una buena rusa. ¿Te han hecho alguna?

    -No… no… no… no sé…

    -Follarme las tetas -al mismo tiempo que se las estrujaba-. Ven al terminar -se levantó y empezó a andar moviendo el culo como el péndulo de una campana.

    Algunos compañeros habían visto que ella conversaba conmigo. La verdad es que me gustó ese momentazo de gloria. El barman, un gordo cuarentón lleno de envidia exclamó » Es una devora hombres» » No es más que un coño con patas». Fui agasajado por dos compañeros. Me felicitaron ya que en esta época del año hay «Poco género» y que mejor que una experimentada madura.

    Una hora más tarde me duchaba y subía con la complicidad del sereno a la 312. Nada más entrar ella salió con un salto de cama transparente. En su espalda llevaba tatuadas unas alas encima de su trasero, en la pierna una serpiente. Se quedó solo con sostén y entangada. El realce de su piel molaba.

    -Te haré llegar rápido, tengo sueño -giró sobre si misma para que la viera.

    Hice un escaneo rápido. Era material de primera calidad. Sin celulitis, prieta. Una mujerona con curvas. Mi primera maduraca de verdad y tenía un pibonazo.

    Se desbrocho el sujetador y salieron rebotados dos tetazas, algo caídas, de pezones grandes y oscuros.

    -Quiero esa leche ya, tengo prisa -al mismo tiempo que con un golpe de pecho hacia rotarlas y se sentaba sobre la cama.

    Yo estaba que putoflifaba. Me despelotė en un abrir y cerrar de ojos.

    -Parecés alterado… ufff si gastas buen rabo, ponla aquí en medio -dijo abriendo el tetamen.

    Coloque mi polla en medio de los pechos, note el tacto de los huevos con su piel. Empezó a subir y bajar sus pechos mientras me miraba a los ojos. La morreé, su lengua era dulzona. Hice el mete saca pectoral, pero no había engrase. Dejé caer saliva. Mucho mejor. Arriba, abajo. Empecé a sobreexcitarme. Al asomar mi glande encima de su tetamen ella me lo lamía. ¡Cómo gozaba, era un pasote!

    -¡Oh, oh, oh, haz… haz… hazme una ma… mamada -supliqué.

    -Quiero que te corras ya, siéntate en ese sillón con las piernas apoyadas en los reposabrazos. Voy a sacarte hasta la última gota de leche.

    Así lo hice, me hubiera gustado gozar más tiempo, pero por lo visto el tiempo apremiaba, ni siquiera se había destangado. Empezó una mamada lenta con volteo en espiral. Lamió el tronco, llegó a mis testículos y succionó mis huevos uno por uno mirándome a los ojos.

    -Ahhh! Mmmm! Ayyy!!! Ssssí!, Ohhh! qué gustazo.

    -Levanta más ese culo y levanta las piernas tienes que tirar la lechada.

    Estaba excitado y confuso, pero tenía pinta de que me iba a… Y así fue, metió la lengua en mi culo y con la otra me pajeaba. Notaba ese cosquilleo brutal en mi culo, la metía bien adentro, después lamía alrededor siempre pajeandome. Me vino un gusto electrizante que empezaba en mis cojones y me subía a la polla. Exclame:

    -¡Me…! ¡me…! ¡Me voy a correr! ¡Oh, oh, si, si, ya.. ya me corro! ¡Ohhh!

    Solté una tremenda descarga. Fueron tres lechadas, la primera me llegó a la cara, la segunda en la barbilla y la tercera sobre mi pecho. Quedé inmóvil. Ella se levantó como quien tiene prisa. Me tiró unos Kleenex. Dijo que tenía que irme ya.

    Al bajar el sereno tenía gente en la barra de recepción, aunque me preguntó con gestos qué tal y le levanté el pulgar; él sonrió y junto pulgar y meñique en señal de ok. Le di las buenas noches y le dije » ya hablamos».

    En los tres días que estuve fuera a causa del bodorrio de mi hermana no dejé de pensar en la madura. Incluso los compañeros me whasapeaban:

    «- (Sergio) k tal la maduraca me han dicho k foyastes.

    – no veas tío me corrí en besazo negrote.

    – (Dani) eso ke koño es

    – comidaza de culo

    – (hector) ke pasote kolega eres un punto krak aunke cuando vuelvas el animador ya le ha puesto la vista encima.»

    Este último mensaje ya me jodió. El animador, alías el «Coleta » era un follador nato. Un auténtico referente, a sus 35 años tenía un historial follamentistico impresionante. Follaba a diario y en esta época del año sin muchos turistas no le iba a pasar desapercibida. Era una pieza a abatir.

    No iba desencaminado, al volver al curro me tocó turno de noche. Vi a la madura con vestido veraniego. Tras ella hablando y riendo el Coleta. Mulato, fibrado, alto, su coleta ondeaba en cada giro del baile del programa del hotel. Ella vino a pedir bebida.

    -¿Cómo estás?

    -Pero si eres el chico del otro día.

    -Veo que te acuerdas – contesté.

    -Ponme dos mojitos -miré y no vi a nadie a su lado- ahora vendrá el animador.

    Llegó a la barra con aires achulados, paso largo. Yo seguí con mi trabajo.

    -Te has quedado prendado de la hembra. Tranqui ya vendrán otras -me consoló el colega.

    -Razón tienes, pero el cabrón.

    -No te lo tomes a pecho, Rober.

    El hijoeputa del mulato me miraba desafiante. Disfrutaba de levantarse chicas y dar el paseíllo con ellas a modo de tributo ante las narices del personal. Su hablar era exagerado, alardeaba a todas horas. Volvió a salir sobre el escenario a bailar. La madura se lo comía con los ojos. Sabedor él chuleaba con movimientos llenos de plasticidad. Al terminar el baile el animador ya

    Charló distendidamente con la madura. Ya eran las dos de la madrugada, ya terminábamos el turno. El Coleta se acercó con aires achulados y soberbios.

    -Ponme una botella de champán y dos copas, la señora quiere tomarlo a la luz de la lunita con una copita como en las peliculitas -dijo con tono de burla a la misma vez que me miraba a mi y se cogía los testículos.

    -Hostia Coletas, no dejas ni una, a la playa le vas a hacer la monta -dijo un compañero.

    -Mejor sin expectación no deseada de clientela, dirección me dio un toque, le daré mi fierro en el lateral cerrado por las noches -dijo con ampulosidad.

    Mi rabia aumentaba, había venido en clara alusión hacia mí para darse tono y chulear. Encima el espacio donde iban era accesible solo al personal del hotel desde el lateral de la cocina y él, era consciente, inclusive hecho adrede para que pudiéramos verlos asomando por los setos. Había lanzado el reto y avisado. Obviamente los dos compañeros de turno lo sabían.

    -Supongo que quedarás a ver cómo la peta – dijo un camarero al otro.

    -Es tarde, pero en casa la mujer guarda el nieto y de todas formas tendré que dormir en otro cuarto. Además ver en acción al Coleta con sus 20 cm dando caña mola mucho. Rober no te sientas defraudado, caerán más.

    Me buscaba y no me encontraba psicológicamente. Estaba defraudado, el otro me pisaba la madura. Como siempre.

    No tardó en venir apresurado el joven camarero avisando que «Empezaba la función». Me dejaron el cierre del bar solo

    Sabía que yo me comportaba como un niñato.

    Cerré el bar, hice la caja. Cuando me iba no puede evitar dar el rodeo por la cocina y ver lo evidente en el pequeño jardín trasero. Los dos compañeros estaban apostados tras el seto. Hice un hueco en las ramas y miré: la palabra exacta era una escena brutal, la había colocado a la luz del foco los veía en horizontal a mi vista no más de tres metros lejos de mi posición. Estaban en 69, ella encima comía cipote, le costaba engullir, ella, esta vez sí, entera en despelotė, podía ver las alas del tatuaje en la espalda. Le aplicaba una mamada de sube y baja aspirada y rotación bucal, paraba a ratos para ensalivar, inclusive le hacía el agujero del glande con la punta de la lengua. El Coleta gemía, era dominado por una mamadaza fantástica. Solicita ella adelanto su posición para succión testicular y darle chupones sonoros. Me moví hacia la esquina, unos metros más allá estaban apostados mis compañeros. Ya en la esquina tuve una estupenda visión del coño de ella, el Coleta se lo abría de par en par y lamia de forma bovina el depilado coño. Pasaba a la zona anal, también estirada y le comía el culo. Empezó a lametear abajo y arriba de corrido acaparando coño, culo. Lo que se llama un cunnilingus de primera.

    Mi polla estaba que estallaba y vi que mis compañeros empezaban también a machacársela cada uno por su cuenta. El Coleta y la madura ya respiraban entrecortado, lo que evidenciaba una monta temprana. Como si el Coleta hubiera leído mi pensamiento con un reflejo rápido se la quitó de encima, la volteo y la posicionó en postura perruna o lo que se llama el clásico a 4 patas. Como buen follador que era inspeccionó la entrada vaginal dándole un lameteo y un sonoro escupitajo. Cogió posición arrodillándose y comprobando la altura idónea para alinear su polla. Una vez posicionado con una mueca salvaje la empotró de tacada sonora y dejándola clavada sin moverse. Volvió a sacarla entera y a clavarla. Empezó el dominio tanto físico como verbal:

    -¿La notas, di que quieres polla?

    -¡Siii! ¡Dame! No pares por favor.

    Metió el pulgar en su culo y bombeo dos veces. Ella emitía sonidos roncos guturales.

    -Flípala nena. Voy a full.

    Tomo aire y con decisión empezó un pistoneo eléctrico de menos a más. El Coleta parecía un caballo desbocado; el tetamen de ella penduleaba hacia adelante y hacía atrás.

    El camarero veterano vi como vaciaba la leche en pajeo y el otro se daba unos meneos salvajes

    No pude evitarlo y me saqué la polla para pajearme.

    Mientras tanto el Coletas sostenía el intenso pistoneo, cada embestida sonaba como un latigazo. Ella empezó a suspirar, la respiración se le hacía pesada y rápida cuando exclamó:

    -¡¡Me… me…!! ¡¡Oh!! ¡¡Si!!

    Empezaron a oírse chapoteos vaginales y un grito ahogado:

    -¡¡Me vengo!!

    El Coleta empezó a darle los últimos bombeos, embestía como un toro, se la clavaba a full, al mismo tiempo gritaba:

    -¡¡Toma!! ¡¡Toma!!

    Ella en un largo suspiro quedó estática, manos flaquearon quedando tendida en el suelo. El Coleta la volteo, se acomodó sobre su tetamen y con un rugido de león escupió una abundante lechada sobre la cara de ella. Ni que decir tiene que yo también tenía mis manos llenas de semen. El Coletas vino hacia el seto con la polla aún tiesa y orinó de forma generosa y después levantó una mano haciendo la V.

    Para no alargar más la trama decir que esta fue mi primera experiencia con una madura. Dura y aleccionadora. Esto me enseñó a respetar a los grandes. El Coleta me quedó marcado a fuego.

  • Con la tormenta afuera y la… adentro

    Con la tormenta afuera y la… adentro

    Les comparto la experiencia de mi amiga Laurita, que para fines prácticos transcribí en primera persona espero sea de su gusto.

    De antemano agradezco sus comentarios que me incentivan a seguir compartiendo con ustedes.

    Y: «Esteban», grité. «¡Adán! Se acerca una tormenta. ¡Hay relámpagos!»

    Esteban y Adán estaban esperando algunas olas cuando me escucharon gritar. Se volvieron y miraron hacia las siniestras nubes que se movían rápidamente. Un trueno retumbó. Remaron hacia mi cada quien con su tabla.

    Cayó una lluvia torrencial y me limpié los ojos mientras corría hacia el auto de alquiler. Abrí el maletero y tiré mis maletas. Faltaba la parrilla porta equipajes. Los chicos corrieron hacia mí, jadeando.

    Y: «Chicos, alguien robó la parrilla porta equipajes».

    A: «¿Quién roba la parrilla portaequipajes de un coche de alquiler?»

    E: «No hay tiempo. ¿Qué hacemos?»

    Apenas podía verlos. Apenas podían verme.

    E: «Ponga el asiento delantero hacia atrás y coloque las tablas a través de la puerta trasera hasta que la tabla de con el piso delantero»

    A: «Buena idea».

    Mientras Adán ajustaba los asientos. Esteban desliza las tablas desde el hatchback. Esteban se subió al asiento del conductor y puso las llaves en el encendido. Adán y yo miramos incrédulamente el asiento trasero.

    A: «No hay suficiente espacio para los dos».

    Y: «¿Podría sentarme en el regazo de Esteban y tú conduces?»

    E: «No, mi nombre es el que está en la póliza, Si chocamos con este clima, estaré en muchos problemas».

    A: «Planeas estrellarte», riendo

    Y: «Date prisa», molesta, indicándole que se sentara. «Esteban, voy a sentarme en el regazo de Adán, solo porque eres un rígido seguidor de las reglas». Incomoda.

    E: «Está bien. Son sólo 20 minutos hasta el hotel». Desinhibido.

    Habíamos volado a Ensenada para lo que se suponía que serían unas vacaciones para dos parejas. La novia de Adán lo dejó tres semanas antes. Le preguntó sobre el viaje a Ensenada porque ya lo habían pagado. Ella le dijo que no valía la pena esperar, porque se iba a Europa con un músico del que se enamoró.

    Adán estaba devastado. Esteban le dijo que aún hiciera el viaje, que sería increíble y que hay muchas mujeres en Ensenada. Solo puse los ojos en blanco. Pero tenía razón. Era mejor que quedarse en casa y entristecerse porque ella lo dejo por otro.

    Me deslicé en el asiento trasero y me senté de lado, mis pies descansando en el área del medio increíblemente pequeña, mi espalda hacia la ventana, mi trasero en el regazo de Adán. Esteban pisó el acelerador y partimos.

    El camino de grava desde la playa apartada hasta la carretera principal tenía unas pocas millas de largo y mientras aceleramos sobre los baches no pude evitar rebotar contra el regazo de Adán. Me volví para disculparme y noté que estaba viendo cómo mis pechos se movían. Por supuesto, que era inevitable debido a lo delgado de mi bikini ese día. Me disculpé de todos modos.

    Y: «Lo siento si te estoy lastimando.» apenada

    A: «Para nada.» sonriente

    E: «Voy a ir un poco más rápido. El camino está empezando a desaparecer», Apenas podíamos escucharlo por encima de la lluvia en el techo y la grava ruidosa debajo del auto.

    El coche avanzaba a empujones y cuando rebotaba sobre Adán una y otra vez, sentía que tenía una erección.

    A: «Lo siento», susurró.

    Y: «¡Shhh!… Esteban puede oírte.» susurrando

    A: «No puedo evitarlo».

    Y: «¿No puedes?»

    Sacudió la cabeza. Me sonrojan las mejillas. Sentí una sensación de desgarro y miré hacia abajo entre mis piernas donde parecía estar la fuente. El velcro en la parte delantera de sus pantalones cortos se abrió lentamente a medida que su polla crecía.

    A: «Pantalones cortos baratos», dijo.

    No pude evitar reírme de nervios por la situación. Esteban se miró en el espejo.

    E: «¿Todo bien?»

    Y y A: «Sí», al unísono, en voz alta.

    Los pantalones cortos finalmente se abrieron y su polla creció hasta quedar entre mis piernas. Estaba justo encima de eso. La punta rozó la fina tela de mi bikini, la longitud se extendió entre mis muslos. Traté de deslizarme más hacia el asiento delantero, pero las largas piernas de Adán me lo impedían. Su polla se deslizaba entre mis piernas. Intenté de izquierda a derecha y no pude escapar.

    Dejé de intentar escapar. Lo miré y él arrugó la boca en una disculpa silenciosa. En ese momento pasamos por encima de una serie de ondas en el camino y la rápida sucesión de ellas me hizo vibrar contra él. Jadeé.

    Miré hacia abajo y vi su polla por primera vez. En la madre. Era grueso, largo, con la punta de aspecto más perfecto, todo entre mis piernas y solo un milímetro de tela entre mi pucha y esa maravilla de verga. Me volví para mirarlo mientras cubría mi boca.

    El leyó mi mente. En silencio, llevé mi mano izquierda debajo de mi muslo izquierdo y tiré de mi bikini hacia un lado. Levantó mis caderas y tiró su polla una pulgada hacia atrás y me bajó sobre ella.

    No sé por qué estaba de acuerdo con esto en ese momento. Me sentí mal por Adán durante su ruptura. Me sentí culpable cuando Esteban y yo nos estábamos divirtiendo tanto y Adán parecía deprimido. Estaba abrumado por la lujuria. No sé.

    Mordí mi labio para evitar gritar. Con mis piernas juntas y su miembro bastante grande, estaba teniendo problemas para encajarlo. Mi coño estaba apretado.

    Otra serie de ondas y un gran tope provocaron una sacudida bastante grande. Ensartándome por completo en ese trozo de carne viva.

    Al fin llegamos a la carretera principal. Quedaban 10 minutos. Clavé los talones en el asiento, encajé los dedos de los pies debajo del asiento plegado y me balanceé de un lado a otro contra él. Inclinó la cabeza hacia atrás y gimió.

    Y: «¡Shhh!» Cubrí su boca con mi mano libre. Esteban no podía ver esto.

    E: «¿Aún estás bien? Casi llegamos.»

    A: «Aja» Adán tarareó entre mis dedos.

    La sensación de él dentro de mí fue más intensa que cualquier experiencia que haya tenido. Tal vez la naturaleza tabú del sexo furtivo en el asiento trasero mientras tu novio está en el frente lo intensificó. Pero tampoco había estado nunca con un hombre de ese tamaño.

    Abrí las piernas tanto como pude, no mucho, y miré hacia abajo. Vi su polla abriendo mi coño, mis labios enrojecidos por el estiramiento y la fricción, pero me estaba poniendo más húmedo por segundo.

    Íbamos por un pueblo pequeño y nos cruzamos con el semáforo en rojo. Esteban no debe haberlo visto porque patinamos hasta detenernos. El sonido de charcos de agua volando por la ventana, llenó el auto. Solté mi mano de la boca de Adán y la sostuve en su hombro.

    Esteban se volvió para mirarnos. Seguramente mis mejillas estaban rojas por la excitación sexual de mi cuerpo. Mi cabello caía y bloqueaba mis ojos. Una polla estaba dentro de mí. Estaba atrapado en el acto. Sin embargo, no se dio cuenta.

    E: «Lo siento”, “Es difícil ver a lo lejos».

    Y: «Está bien», con todo el aliento que pude reunir.

    La luz cambió y nos fuimos de nuevo. La ciudad era pequeña y ahora estaba detrás de nosotros. Hice memoria. No más semáforos que recordara.

    Deslicé una mano entre mis piernas y comencé a tocarme, agarrando a Adán, tocándome. Sus piernas y estómago empezaron a tener espasmos, y sentí el latido delator de él viniendo dentro de mí. Incluso más intenso de lo que suelo sentir, dada su circunferencia. Sentir esto me puso a mil y apreté mis caderas contra él, mi coño apretándolo hasta que las olas de placer me golpearon.

    Recuperamos el aliento y nos sentamos en un silencio atónito. Me levantó y empujó su polla hacia sus pantalones cortos. Era más suave y aún más suave. Estaba satisfecho.

    Yo por otro lado, aunque satisfecho, me sentí como un idiota. ¿Cómo hice eso? Engañé a mi novio.

    Tiré de la parte de abajo de mi bikini para cubrir mi dolorido coño mientras disfrutaba aun de las frescas olas de orgasmo. Justo a tiempo cuando llegamos al estacionamiento del hotel. Esteban se estaciono en la entrada donde había protección contra la lluvia, bajando del coche Adán y Yo.

    E: «Vuelvo enseguida», y luego se alejó para estacionar en coche.

    Mientras lo esperábamos en la entrada.

    Y: «Eso no volverá a suceder», seria.

    A: «Si eso es lo que quieres, Podría ser nuestro pequeño secreto», socarrón

    Y: «No. Sin secretos.», seca

    A: «Está bien. Lo que quieras. No sucedió.» prudentemente

    Y: «Bien, No pude evitarlo. Estabas ahí y yo…». Apenada

    A: «No es necesario que me justifique nada».

    Y: «Lo sé. Hagamos que ese lindo recuerdo sea un sueño. Un lindo sueño en el que pensaré algunas veces»,

    No estaba tan enojado ahora como lo había estado. La ira que sentí fue conmigo misma. Fui yo quien tiró de mi bikini para dejarlo entrar. No era su culpa que sus pantalones cortos no pudieran contenerlo.

    Esteban corrió y lo tomé del brazo. Adán entró detrás de nosotros.

    E: «Parece que estamos confinados en nuestras habitaciones por la tarde»

    Y: «Parece, Estoy pensando en tomar un buen baño.»

    E: «Y luego,» cachondamente.

    Y: «Ya veremos», con una sonrisa maliciosa.

  • Noche de pasión en club swinger

    Noche de pasión en club swinger

    Vinimos a nuestro club swinger favorito. Nos acomodamos en uno de los amplios sillones de cuatro plazas del cuarto obscuro principal y viendo las actividades que se están dando al interior del mismo, empezamos a besarnos, a darnos algunas caricias, mientras vamos comentando lo que va sucediendo a nuestro alrededor. Hay algo de voyeurs en nosotros y nos gusta ver personas en plena cogida, así como que nos vean coger.

    Hay quienes ya están más entrados en materia. Algunos, ubicados en las camas del centro de la gran habitación, intercambian caricias y algunos besos con las otras parejas cercanas. Vamos retirando nuestras ropas poco a poco y quedamos prácticamente desnudos. Quedas sentada a mi lado y eso nos permite acariciarnos y seguir los eventos que se van dando. Me masturbas rico, llegando ocasionalmente a mamar mi pene que está más que dispuesto a la acción y nos besamos rico.

    Por mi parte, disfruto de acariciar con una de mis manos tu espalda y bajar a tu cadera, y con mi otra mano, tocar tu cara, tus senos y tu sexo, perdiendo eventualmente mis dedos en tu vagina, comprobando lo excitada que ya te encuentras también. Podemos observar algunos hombres pasar frente a nosotros con sus miembros erectos, desnudos -algunos llaman tu atención-. Así como a varias mujeres mostrando sus bellos cuerpos, derrochando sensualidad a su paso, algunas transitan con una blusa traslúcida que resalta sus cuerpos y otras simplemente caminan desnudas. Parejas que pasan por allí nos observan y llegamos a tener contacto visual con algunas.

    De hecho, una pareja se para al lado del marco de una puerta que da acceso a un privado con vidrio junto a nosotros a no más de un metro de distancia, nos ven desde mi lado izquierdo. Se besan y acarician mientras nos observan y los miramos a ellos. Por cómo están parados, él ligeramente detrás de ella, la vemos masturbar a su pareja mostrando sus caricias, y a él tocar delicadamente los senos de ella, tocar su entrepierna con sutileza, con el toque y ritmo necesarios para hacer que ella abra sus piernas y disfrute de las caricias que recibe.

    Eso nos excita, les muestras mi pene, la forma que me tocas, recorriéndolo con tu mano, hasta que te inclinas para chuparlo rico, asegurando que te vean hacerlo. Desplazas tu lengua y labios acariciando con ellos desde la punta, a todo lo largo y hasta llegar a mis testículos, que lames desde la base y luego metes uno a la vez en tu boca, chupándolo en forma tal que me haces gemir muy excitante, mientras sujetas mi pene con una de tus manos.

    Ellos no pierden detalle y ven como disfrutas al hacerlo. Regresas a meter la mayor parte de mi pene en tu boca, jugando con tu lengua en mi punta y el resto del tronco, dejándolo muy mojado de tu saliva. Me masturbas un poco más, lo sientes duro y grueso, y decides subirte en mí, colocando tus piernas alrededor de mi cuerpo, para ensartarte en él. No pierden de vista la forma que te colocas, tomas mi verga muy erecta con una de tus manos, la paseas entre tu clítoris, la entrada de tu vagina y tu culito. Juegas con ella un poco, y puedo ver la excitación en tus senos hinchados, con tus pezones erectos. Los volteas a ver y observas como ella le masturba con mayor intensidad y él ya mete sus dedos en su vagina, sin perder detalle de lo que haces. Te miran a la cara y sonríes hacia ellos en forma muy sensual, muerdes tu labio superior en señal de que estas disfrutando todos, sabiendo lo rico que estas tocándote con mi pene muy mojado.

    Ellos sonríen también, se besan, y él le dice algo que no alcanzamos a escuchar, pero ella asiente. Yo puedo sentir la punta como se va impregnando de tus líquidos, producto de tu excitación, siento el roce con tu clítoris, con tus labios vaginales y tu culito rico, a través del movimiento que haces con tu mano llevando mi pene a lo largo de tu entrepierna. Desde mi posición, sentado en el sillón, tus senos me quedan justo a la altura de mi cara y ocasionalmente llegan a rozarme con tus pezones. Es muy excitante.

    Entonces colocas la punta en la entrada de tu vagina y vas moviendo tu cadera ligeramente para permitir el paso de mi rígido miembro en tu cuerpo. Con lo excitada que estás, se desplaza sin problema y poco a poco lo tienes todo en ti. Tu cara muestra el deseo de sentir esa penetración inicial por mi pene, llenándote toda, sintiendo cómo te toca tu interior y cómo se acomoda en ti. Vemos como él saca sus dedos de la vagina de ella y se los da a chupar, para volverlos a meter profundamente y no quitan la mirada de nosotros.

    Te inclinas hacia mi y nos besamos, mientras me dices lo rico que lo sientes tenerlo completamente dentro de ti. Poco a poco, comienzas a mover tu cadera hacia adelante y atrás, cogiéndote mi verga y frotando tu pubis contra mi cuerpo. Eso te permite experimentar ricas sensaciones en tu clítoris y acelera tu excitación, lo que confirmo con la forma que mojas mi verga y mis testículos en cada movimiento. Tu cuerpo está incorporado, y eso hace que la penetración sea más profunda al descansar tu cadera en mis muslos.

    Te ves hermosa, concentrada en disfrutar de este momento. Tus ojos cerrados, toda tu expresión facial muestra como estás ocupada en sentirte cogiendo mi pene. Desplazarlo dentro de ti y que roce las paredes interiores de tu cuerpo te excita y lo disfrutas mucho. Ella lleva su mano a la boca, la moja y vuelve a masturbar a su compañero sin perder detalle de cómo te coges mi pene. Entonces, ella se separa, lo hace apoyar su espalda en el marco, y se pone en cuclillas. Toma sus testículos con una mano, te hago una señal para que voltees a verlos, y nos muestra la ya importante erección de su pareja. La masturba con la otra mano y va acercando la punta a su boca.

    Se aprecia un pene duro, largo, la punta gruesa y pronto sus labios se posan en ella. Abre ligeramente la boca para recibirlo y, una vez que tiene la punta dentro, abre un poco más y con su lengua lame toda la punta, dejándola mojada de su saliva. Ella lo disfruta y el gime con esas caricias. Te sigues moviendo sin dejar de verla y sé que te excita eso. Toco tus pezones y los siento duros e hinchados rico. Podemos ver como ella va avanzando en introducirse el pene de su pareja, sin soltarle los testículos, que masajea continuamente. Ella se concentra en darle placer y también recibir placer al tener esa verga en su boca. Verlos te excita y mi pene recibe otra descarga de tu corrida que moja mis testículos y muslos, volviendo a comenzar tus movimientos apenas termina este otro orgasmo.

    Entonces ella incrementa el ritmo de la mamada, desplazando su cabeza con mayor velocidad en cada movimiento. Él solo arquea su espalda para buscar acompañar los movimientos de ella. Es excitante verlos.

    Ocasionalmente ella saca ese pene de la boca y lo masturba, dejándonos ver su tamaño y lo mojado que está, para volverlo a cubrir con sus labios e insertarlo en su boca de nuevo. Las manos de ella se sujetan de la cadera de él y eso le ayuda a llevar un mejor ritmo a sus caricias orales. Podemos ver que ella lleva una mano a su entrepierna, se frota un poco y lleva a su boca sus dedos, que se aprecian mojados, para probarlos. Tú sigues cogiéndote mi verga con un ritmo ligeramente mayor que antes, mientras los vemos en plena acción.

    Él voltea a verte, y cuando tiene tu atención, estira su brazo y alcanza a rozar tu hombro con el torso de su mano. Tú no le quitas la mirada y él continua sus caricias hacia tu cuello, mientras ella sigue chupándolo, pero no deja de ver sus movimientos. Ese acercamiento a tu cuello te hace girar tu cabeza y cierras tus ojos en señal de aprobación, mostrando que siga con sus caricias. En pocos momentos ya acaricia tu cabello y llega a tu mejilla que le aproximas para que te acaricie. Su mano es de tamaño regular a grande, sientes su torso recorrer hacia tu mentón y parte del cuello. Sube su mano de nuevo a tu barbilla y pasa más cerca de la comisura de tus labios, rozando accidentalmente uno de tus labios con su dedo. Esto se eriza la piel.

    Te ves deseosa, sensible y excitada. Voltea su mano y ahora con la palma te acaricia igual, tus hombros, tus pechos sin llegar a tus senos y sube a acariciar tu cuello y barbilla. Allí se detiene un poco y pasa un par de dedos por tu mejilla y en un movimiento circular los desplaza hacia tus labios, rozándolos un poco más. Te dejas acariciar y no sabemos qué más puede pasar. Vuelve a acariciar tu mejilla, tu cara ya está vuelta hacia él, y ahora posa sus dedos en tus labios y los desplaza en forma longitudinal. A lo que tú los separas ligeramente y con tu lengua le acaricias la punta de sus dedos que entra en contacto con tu boca. Tu lengua los lame, saboreándolos. Es muy excitante y él retira su mano, después de sentir tu boca succionar ligeramente sus falanges.

    Todo ello hace que me vuelvas a mojar con una corrida que acompañas con ligeros temblores de tu cuerpo, mientras ella acelera su mamada al duro miembro de él. No sabemos si eyacula en su boca, pero la vemos incorporarse para besarle intensamente. Se despiden en forma discreta y los vemos perderse entre los demás asistentes, mientras seguimos cogiendo, tú montada en mi, mojándome con frecuencia, tu cuerpo descansando en el mío. Tu cara apoyada en mi hombro izquierdo.

    Observamos a otras personas que pasan frente a nosotros y comentamos brevemente lo rico que estuvo. Deseamos más y sabemos que aún pueden darse otras cosas.

    No tarda en acercarse un hombre de edad similar a la nuestra. De buen ver, ya desnudo, que deja ver un pene de buen tamaño, aún semi erecto. Se para del lado contrario a donde estás volteando y nos observa como sigues cogiendo mi verga despacio, rico, a un ritmo pausado, como restriegas tus senos en mi pecho y sintiendo todas las sensaciones del momento.

    Se sienta en el mismo sillón que estamos nosotros, no tan cerca, y puedo ver como lleva sus manos a su pene y, sin dejar de observarnos, se comienza a masturbar y tocar sus testículos. Levantas tu cara para besarnos y te digo que tenemos un acompañante a nuestro lado que ya presenta una verga erecta y de buen tamaño. No volteas y sólo nos besamos, mientras sigues cogiéndote rico mi pene, subiendo y bajando tu cadera para que entre y salga de tu vagina, así como moviéndola al frente y atrás, mojándome constantemente.

    Tomo tu mano izquierda, entrelazo mis dedos con los tuyos y despacio la voy separando de nuestros cuerpos, la muevo en dirección hacia nuestro compañero de asiento, hasta llevar tu palma a su verga, colocándola en la punta, qué rodeas con tus dedos casi instintivamente y puedes sentirla lo erecta y gruesa que ya está. Entonces, desplazas tu mano a lo largo de ese interesante miembro y bajas a tocar sus testículos, que rozas ligeramente, regresas por ese tronco hasta la punta y recorres el abdomen algo trabajado de nuestro ocasional compañero.

    Es cuando decides voltear a verle e incorporas tu cuerpo un poco para poder observarlo de mejor manera. Lo observas con ojos de deseo y mientras regresas a tocar su erecto pene, mientras él te mira detenidamente, dejándose tocar y esperándote a cual será el siguiente movimiento. Todo ello te hace mojarte más y recibo tus fluidos en mi cuerpo. Tu mano lo masturba despacio, lo tocas y sientes como su excitación va creciendo en respuesta a tus caricias, mientras regresas a besarme y sigues moviendo tu cadera, frotando tu pubis contra mi cuerpo con mi pene dentro de ti. Tu mirada está concentrada en mis ojos, y cierras los tuyos en clara muestra de excitación, deseo y lujuria. Él pone su mano sobre la tuya y te marca un nuevo ritmo de la masturbación intensificando todo.

    Entonces, detienes tu movimiento y lo jalas de la cadera hacia nosotros para que quede junto a mi. Nosotros nos seguimos besando, y siento tu excitación creciente. Entonces, tomas mi mano y la llevas junto con la tuya a que sienta el pene de nuestro vecino de asiento. Ya logró un tamaño interesante.

    Te incorporas sin salirte de mi, él también. Las caras están cerca y él acaricia tu mejilla, retirando parte de tu cabello, llevándolo detrás de tu oreja. Las miradas se mantienen en los ojos del otro, los rostros se acercan lo suficiente, las narices se rozan y sus labios se besan, mientras tú sigues tocando su pene, que ya acusa la humedad causada por varias gotas de líquido preseminal que ha asomado por la punta y que esparces con tus dedos.

    Después de besarse, haces que se pare del asiento y tomas su verga para llevarla a tu boca. Disfrutas de chupar una buena verga y quieres sentir ésta entre tus labios. Sin quitar la vista de mis ojos, me muestras cómo lo vas metiendo en tu boca y juegas con tu lengua en su punta antes de introducirlo de lleno. Es claro tu deseo por ese pene que te excita tenerlo en tu boca. Lo chupas y lames por unos minutos, cierras tus ojos y acaricias sus testículos, apretándose ocasionalmente. Se lo dejas muy mojado de tu saliva y volteas a besarme intensamente, sin soltarle su duro miembro. Yo te digo que te lo cojas y eso te estremece, corriéndote otra vez más, mientras nos besamos de nueva cuenta.

    Lo haces sentarse en el sillón a nuestro lado. Sacas mi pene de tu cuerpo, que está chorreando de tus jugos. Pones tus rodillas a los lados de su cintura, tomas su pene con tu mano y la llevas a tu ya muy mojada vagina para restregarla en tu entrada. Le pides un condón, que rápido colocas en su pene. Lo vuelves a tomar con tu mano, lo llevas a tu entrada para irte ensartando en él, clavándotelo profundamente. Tu cara denota el momento de sentirte invadida y el deseo satisfecho de tener su verga erecta y gruesa toda dentro de ti. Tu cuerpo incorporado, deja apreciar los senos hinchados y tus pezones erectos completamente.

    Pasando unos momentos, comienzas a moverte con él completamente dentro de ti. Apoyas una mano en su hombro para desplazar mejor tu cadera y con la otra, volteas a verme y tomas mi pene para masturbarme mientras te lo coges. Entonces me jalas hacia ustedes y haces que me pare, y acercas mi pene a tu boca, para chuparlo rico mientras lo coges a él. Hay caricias entre todos, besos entre tú y él y regresas a chupar mi pene. Entonces lo llevas a su boca y lo pones sobre sus labios. El abre su boca y entre los dos me lo chupan, jugando con sus lenguas.

    Desde mi posición, puedo ver cómo él te va tocando tu culito y llega a meter una falange en él, lo que te excita y siguen alternando besos y caricias a mi pene.

    Después de cogértelo así unos minutos, te incorporas y te pones en 4 puntos en el sillón. Lo tomas de la mano y lo llevas detrás de ti. Rápido se acomoda y se prepara para cogerte en esa forma por detrás. Te roza con su verga tu entrada y te ensarta de golpe, profundamente, lo que te hace gemir rico.

    Nuestro amigo te comienza a coger con fuerza, intensamente, sujetándose de tu cadera. Tomas mi pene y eso me hace sentir más los embates de su miembro en tu vagina. Tu excitación sube y te mojadas rico. Él te coge profundo, fuerte, rápido. Decides sujetarte del respaldo del sillón con tus manos y empezabas a empujar hacia él para hacer mayores las sensaciones de la rica cogida. Inevitablemente ya los dos sudan, y tu excitación hace que te corras repetidamente.

  • La tanga roja de la profesora de mi hija

    La tanga roja de la profesora de mi hija

    Cuando mi hija tendría unos 8 años, su madre decidió contratar una profesora para que la apoye con las tareas del colegio. En mi opinión, un gasto innecesario, pero ante su insistencia y malas caras, acepté.

    Contrató una joven estudiante de la UNIFE, una de las mejores universidades de Lima. Solo para mujeres. Una joven estudiante que tenía 21 años por esos tiempos.

    Cuando la vi por primera vez, no llamó especialmente mi atención. Vestía ropas holgadas que no permitían apreciar su figura. Iba al departamento dos veces por semana y siempre la vi vestida así, sin mayor arreglo. Una joven que más allá del atractivo de su edad, no destacaba ni inspiraba ningún deseo, ni siquiera una atracción menor. Era bonita sí, pero nada especial.

    Quizás un par de meses luego de iniciar las clases a mi hija, un viernes se apareció en casa en un atuendo muy distinto. Minifalda, blusa y tacos. Mi esposa se sorprendió al verla así y ella le contó que luego iría a una fiesta con sus amigas. Al concluir las clases a mi hija se reuniría con ellas.

    No pude dejar de observarla. Estaba muy sensual y provocadora. La anodina joven de holgadas ropas era ahora una mujer sexy, de ligeras curvas. En algún momento se cruzaron nuestras miradas y preferí retirarme.

    Una semana después, mi esposa había salido y estaba a solas con mi hija cuando ella llegó. La hice pasar y llamé a mi hija a sus clases. Me respondió se estaba cambiando. Me senté en la sala a acompañar a la profesora y tras las preguntas usuales, del cómo le iba en la universidad, en que ciclo estaba y las trivialidades comunes, ella con desparpajo juvenil me dijo «señor, me di cuenta como me miraba el otro viernes».

    Tras un instante de vacilación le respondí que siempre la había visto como una joven guapa, pero que ese día la había visto como una mujer muy sexy y linda. Ella se sonrió, me agradeció el discreto cumplido. En ese momento llegó mi hija y me retiré.

    Cuando terminaron las clases, mi hija me llamó. Salí de la habitación y le agradecí a la profesora. Mi hija se fue corriendo a su cuarto y volví a quedarme a solas con ella. Tras un silencio algo embarazoso, ella fue directo al grano y me dijo que para pagar sus estudios hacía muchas cosas y que si me interesaba la llamara. No dijo más y se marchó.

    Dos o tres días después la llamé. Para mi suerte se encontraba sola cuando recibió mi llamada. Fui directo al asunto. Le pregunté qué más cosas hacía. Me respondió sin pelos en la lengua «ofrezco servicios en la cama». Ni más ni menos. Eso me excitó. Tras un «ok, suena bien» de mi parte, ella añadió «pero atiendo a quienes me caen bien, no a cualquiera».

    Era obvio que era de quienes «le caían bien». No se lo pregunté. Solo le consulté cuando podría verla. Me dijo que al día siguiente de 2 a 4 pm estaba libre. Eran horas de trabajo para mí, pero siempre puedo escaparme y decidí hacerlo. Le pregunté cuánto me cobraría. Me dijo el monto en soles. Al cambio, unos 30 dólares, me pareció una ganga por una chica de 21 años y escort eventual. Arreglamos el lugar de encuentro. Un hostal relativamente cerca de su universidad.

    Al día siguiente, la espere en recepción del hostal acordado. Llegó puntual, pero en su traje de estudiante de educación. Casi de niña buena y naif. Me excite mucho al verla así. Pague y fuimos a la habitación.

    No me cobró al entrar a la habitación, como cualquier puta. Solo me dijo que se bañaría primero. Me acosté en la cama mientras ella se duchaba. Al salir solo llevaba puesta una tanga roja. Sin nada más encima. Su cuerpo era perfecto para mi gusto. Delgada y con unas ciertas curvas en sus nalgas y un busto mediano.

    Se acostó a mí lado. Me levanté y besé sus labios. Fue un inicio perfecto. Una puta que besa es una puta perfecta para mí. Tras disfrutar sus labios, comencé a bajar por su cuello, lamiendo y besando. Llegué a sus pezones y comencé a lamerlos dulcemente. En ese instante empezó a gemir. Una puta que gime sin actuar es doblemente perfecta.

    Estuve un rato así, lamiendo sus pezones. Baje a su vientre, firme y suave, de mujer muy joven aún. Pero no duré mucho allí. Bajé más y empecé a besar su coño sobre su tanga roja. La sentí húmeda, muy húmeda. Eso me terminó de poner loco. La puse de lado (como me encanta poner una tanga de costado), sin retirarla. Comencé a lamer sus labios mayores y sentía como gemía ya salvajemente. Me concentre luego en su clítoris y tras un par de minutos se corrió en mis labios.

    Me sentí satisfecho. Subí y me acosté a su lado. Ella me abrazó. Me beso y durmió. Vele su sueño. Hasta con ternura podría decir. Habrá dormido más de una hora mientras velaba su sueño y veía Investigation Discovery en el cable.

    Al despertar me besó. Y el ritual se repitió. Comencé a besarla y bajando con mi lengua y labios por su cuerpo. Volví a encontrarme con su tanga. Nuevamente la puse de lado. Por segunda vez la hice gemir y llegar con mis labios y mi lengua. Mi perfecto fetiche, una corrida en mis labios.

    Tras su segunda venida, nos dimos cuenta de la hora. Sentí su turbación pues debía volver a clases y no había «cumplido su parte». Le dije que tranquila, que todo bien. Mientras nos vestimos le pagué lo acordado. Salimos. Nos volvimos a ver muchas veces más. Algunas como docente de mi hija, otras con su tanga siempre roja, en un hostal cerca de su universidad.

  • Amelia la amiga de mi mujer

    Amelia la amiga de mi mujer

    Hola a todos, me llamo Gabriel con los 55 años recién cumplidos, pero intento conservarme lo mejor posible, tanto física como intelectualmente, 1,75 de estatura y una cabellera con sus matices canosos, jubilado y siempre dispuesto a agradar a cuanta dama lo necesite.

    Una de estas damas necesitada de algo más que una palabras es Amelia, amiga de mi mujer de 68 años bien llevados, vive en otra ciudad, pero con un marido de 92 siempre tiene alguna excusa para visitarnos.

    Tiene una habitación de la casa para ella y es como una más de la familia, así que cuando viene se comporta como en su casa, tanto a la hora de vestir informal como en todo su comportamiento.

    Al estar jubilado soy el que cocina en casa y no se me da nada mal, cosa que Amelia lo aprecia mucho así que procuro complacerla.

    Siempre se ha dicho que el roce hace el cariño y en nuestro caso ha sido verdad, ya nos miramos de otra forma, cuando nos quedamos solos no hablamos del tiempo si no de nuestras necesidades.

    Amelia tiene unas tetas algo caídas, pero para su edad todavía duritas de las que los ojos siempre van a su canalillo y un culo muy apetitoso.

    Nuestra primera vez ocurrió cuando mi mujer tuvo que salir de viaje de manera urgente y Amelia estaba en casa, al principio quiso volver a su casa, pero fue mi mujer la que insistió para que se quedara, no hizo falta mucha insistencia y nos quedamos los dos solos en casa, el día transcurrió como de costumbre, la noté más alegre, provocativa o eso me pareció a mí, en mi mente la idea estaba clara, era mi oportunidad de follarme a Amelia.

    Cuando llegó la noche le preparé una cena especial a base de mariscos y un vino blanco fresco de los que entran bien, Amelia se sorprendió mucho al ver todo en montaje pero lo aceptó dándome en un beso en la mejilla y una sonrisa picarona. La cena resultó amena entre risas y miradas cómplices, terminamos de cenar y nos fuimos al salón a seguir conversando, esperaba que nos fundiríamos en abrazos y besos por doquier, cuando se levanta me da dos besos y me dice que se va a dormir. Me cambió el humor y me dejó descolocado pero en fin seguía pensando que todavía nada estaba perdido, estuve un rato viendo la televisión cuando escucho a Amelia que me llama, sorprendido voy para su habitación, me hace sentar en la cama y me pide perdón por su comportamiento, desea tanto como yo follar pero que no quiere traicionar a su amiga, la entiendo y le cuento como son las relaciones sexuales con mi mujer que son pura rutina y cada vez más espaciadas, de las necesidades que los dos tenemos y que será nuestro secreto y nos fundimos en un gran beso esta vez fundiendo nuestras lenguas.

    No sé el tiempo que pasamos besándonos, acariciando cada poro de nuestros cuerpos, descubrí lo ardorosa que era, me contó que hacía años que no estaba con un hombre pues su marido hacía tiempo que ni la tocaba y que llevaba tiempo que soñaba con estos momentos, seguimos besándonos hasta que nos desnudamos y vi esas hermosas tetas con sus pezones grandes y duros a los que ataque sin ningún tipo de pudor porque me encantan, los estiraba con mi labios y los primeros gemidos salieron de su garganta, sus manos fueron a mi polla que ya comenzaba a despertarse y mis manos a su concha que estaba empezando a lubricarse.

    Después de saborear las tetas y sus pezones bajé por su abultadita tripita hasta ese coño canoso y húmedo, comencé a comérmelo de arriba abajo metiendo mi lengua todos los lados hasta que encontré un clítoris bien duro al que ataqué sin compasión, los gemidos eran cada vez más fuertes y sus manos en mi cabeza casi ni me dejaban respirar, hasta que un grito me anunció que sus fluidos a punto de salir de sus entrañas, entre gemidos y gritos tuvo su primera corrida.

    Me pidió descansar un poco, pues hacia tanto tiempo que no había tenido un orgasmo estaba abrumada, comenzó a pajearme al principio suavemente hasta que estuvo empinada cuando se la metió en la boca y comenzó una mamada como nunca la había tenido, lamía mi polla, mis huevos y el ojete de mi culo, relamiéndose como si no hubiera un mañana, estuve a punto que correrme dos veces pero con habilidad paró a tiempo, así que la abrí de piernas y poco a poco le fui introduciendo el miembro hasta que lo tuvo todo dentro, así estuvimos un ratico hasta que mi polla se fue acomodando a su rajita y comenzamos un mete y saca cada vez más rápido, mientras mi boca de nuevo atacando su pezones y sus piernas enlazadas en mi culo haciendo fuerza para que mi polla entrara más y más dentro de ella, hasta que un nuevo grito anunció su nuevo orgasmo y pidiéndome que la llenara de lechita, cosa que ocurrió enseguida.

    Los dos en la cama satisfechos, a descansar sin dejar de besarnos y acariciándonos descubriendo nuestros cuerpos con sus defectos pero para nosotros hermosos como dos jovencitos que follan por primer vez, lo que en parte es lo que nos ocurría era la primera vez que follábamos juntos.

    Pasado un rato cuando ya nuestros cuerpos estaban un poco recuperados de nuevos comenzamos con más intensidad nuestras caricias la polla comenzó a despertar y sus pezones a endurecerse, una nueva manada la puso en pie de guerra, la puso a lo perrito y después de saborear su coñito un rato ya si mucho miramiento se la inserte hasta el fondo mientras el dedo pulgar se lo metía por el culo, se sorprendió un poco pero no dijo nada así que seguí la enculada estaba metiendo dos dedos, los rechazó porque nunca se habían metido por ahí, seguí clavando mi polla en su chochico cada vez más mojado cuando de nuevo comenzó a gritar sabía que era el preludio de una nueva corrida, todos su fluidos regaron mi polla aceleré y le di más fuerte hasta que se la saque de su coño y le di a beber mi leche golosa ella dejo mi polla sin un gota y bien limpia. Su cara estaba sonrojada como si hubiera corrido una maratón pero con una sonrisa especial, me dio las gracias por esos momentos mágicos que habíamos tenido y yo a ella

    Hacía tiempo que no follaba de esa manera y ella tampoco como que dijo, los días que estuvimos solos, fue como una luna de miel, recuperando todo el tiempo perdido y ahora cuando podemos nos comportamos como una pareja de recién casados y nos estamos poniendo a día en el tema amatorio. Es nuestra segunda juventud pero con más calidad que cantidad.

  • Kylie: Haciendo y enviando un trabajo

    Kylie: Haciendo y enviando un trabajo

    Porque para muchos Kylie era solo una compañera de universidad que deseaba superarse y ayudar a su esposo económicamente,  pero lo que nadie sabía era el romance que junto a Martín compartían, es por eso que hoy ella se preparó como era debido y fue a su encuentro al saber que su esposo se encontraba trabajando.

    Un brasier que combinaba con una diminuta tanga roja, para continuar con unas zapatillas, pantalones jeans ajustados y un top color piel, mirándose en el espejo tomó su cartera y se puso en marcha.

    De 1.60, caminaba por las calles sintiendo la mirada de conocidos y extraños, eso la excitaba poco a poco y cuando llegó a su destino golpeó la puerta, sólo para ser recibida por Martín que prácticamente la desnudaba con la mirada.

    Entrando ni bien la puerta se cerró ella se estiró y entrelazó sus brazos alrededor del cuello de Martín que apoyó sus manos por detrás del trasero de Kylie para que no perdiera el equilibrio, besándose sus lenguas jugaron por un leve momento antes de que ella se apartará.

    -¿Y tu laptop dónde está?

    -En el comedor al igual que yo esperando por ti…

    Viendo cómo Kylie se alejaba él solo acomodó su erección y la siguió, mientras que ella apartó la silla que estaba en aquel lugar y solo se inclinó sobre la mesa para teclear una canción que se empezó a escuchar y luego solo se puso a trabajar.

    Moviendo sus caderas al compás de la música Martín se acercó y con una erección que parecía que iba a explotar y la empezó a rozar sobre el firme trasero de Kylie que ya se moría por disfrutar de aquel pedazo de carne, unos minutos fueron los que bastaron para así concluir todo lo que tenía que hacer y empezar a disfrutar.

    -¿Trabajo enviado?

    -¡Por supuesto! y ahora solo a disfrutar.

    Cerrando la laptop Martín la soltó y le dio tiempo para que ella se volteara, nuevamente se empezaron a besar y dejando un camino de prendas por toda la casa terminaron en la habitación, empujándola sobre la cama empezó a besarle el abdomen.

    Kylie le acariciaba la cabeza para indicarle el camino que debía seguir y Martín tomando cada lado de la tanga empezó a bajarla lentamente, mientras su lengua le besaba el monte de venus todo depilado antes de concentrarse en su clítoris y labios vaginales.

    Bebiendo de aquella fuente provocaba que Kylie se convulsionara y gimiera cada vez más al jugar con su clítoris, sabiendo cómo darle placer no solo utilizó su lengua sino que también sus dedos los cuales se deslizaron tocando sus paredes vaginales.

    Los minutos pasaron y Kylie disfrutaba del primer orgasmo que Martín le sacaba y cuando ella estaba lo suficientemente mojada pasó a penetrarla.

    Quitándose sus boxers empezó a rozar su miembro sobre los labios vaginales de Kylie, mientras se besaban liberó sus senos, acariciando piel con piel los apretó, todo estaba permitido a la hora del placer, después de todo no solo era meterla.

    Es por eso que ella terminó por someterlo, con Martín recostado sobre la cama Kylie se sentó sobre él y todo fue placentero e indescriptible, apretando sus nalgas tiraba de ella haciendo que se enterrara más allá de lo conveniente.

    Gemía con cada movimiento e innumerables orgasmos brotaban de su ser, igual que un sable recién forjado entraba y salía con una facilidad, moviendo sus caderas de arriba hacia abajo y en círculos, mientras sus senos eran torturados al apretar con locura sus pezones.

    Sin embargo Martín deseaba más y es por eso que utilizó su fuerza y la giró, poniéndola de lado hizo que levantará una de sus piernas y comenzó a embestirla, su vagina apretaba y él simplemente fue lo más violento que pudo.

    Abusando de su presa no hubo tregua en aquel momento y ella misma apretaba sus senos y mordía su labio inferior al tiempo que asentía con su cabeza, sabiendo cómo complacerla el intervalo de tiempos al embestirla parecía precisó y Kylie comenzó a mojarme sin control y ya no pudo más.

    Pareciendo dar un grito de guerra que sonó por toda la casa su cuerpo convulsionó y pateó el pecho de Martín solo para apartarlo y dejar que sus fluidos terminarán en toda la cama, juntando sus piernas trato de refregarse ella misma su vagina.

    Mirando aquella escena Martín tenía el ego levantado y aún necesitaba descargar su semen, es por eso que se vuelve a meter a la cama junto a Kylie, acomodado de lado se pusieron de cucharita.

    Untando sus dedos con su propia saliva acaricia la vagina de Kylie y vuelve al ataque, su miembro se abre paso y una vez más le brinda placer.

    Kylie lo abofetea y Martín lejos de molestarse con más esmero arremete, sabe que ella disfruta de lo bestia que puede ser, después de todo lo importante es pasarla bien es por eso que ella misma acaricia sus senos para excitarse aún más, mientras el miembro de Martín entra y sale, Kylie no puede evitar gemir y maldecir.

    Sin haber tregua Martín no se detuvo a pesar de que empezó a eyacular, moviéndose salvajemente mientras Kylie gustosa disfruto de esa sensación recorrer su interior.

    Ese orgasmo fue delicioso y tratando ambos de recuperar el aliento descansaron por unos minutos, aunque esto solo fue el principio de la tarde que pasarían juntos, después de todo Kylie le había dicho a su esposo que pasara por ella cuando su grupo terminará el trabajo y lo enviarán.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (11)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (11)

    Sentado en el parque de al lado de la residencia, pensaba en el dinero que le quedaba para subsistir aquel mes. Ya le había dado su parte a Marco y este le había dejado las llaves y guiado por el pequeño cuarto. No había mucho que ver, era idéntico al de Javi, pero personalizado a su manera. Aunque obviamente el chico se llevaría sus cosas, ahora le tocaría a Sergio decorarlo.

    Suspiró aliviado, se libró de su primera tarea, conseguir apartamento. Fue algo rápido e inesperado, no obstante de esas oportunidades se basa la vida, muchas veces encontrarse en el lugar y el momento adecuado es lo esencial.

    Metió la mano en su bolsillo mientras el sol caía lentamente tras unas cuantas montañas que ensombrecerían el día antes de la hora. Sacando el móvil, buscó en la lista un número muy conocido y algo nervioso lo marcó.

    Siempre se atenazaba un poco cuando la llamaba, aunque sin duda esta vez era la que peor estaba. El primer tono sonó sin que supiera cómo le iba a contar todo y para cuando el segundo se escuchó a través del auricular presintió lo mal que lo iba a digerir. A kilómetros de distancia escuchó esa voz tan conocida, tan agradable y… placentera en ciertas ocasiones. Al tercer pitido, la tía Carmen había descolgado el teléfono.

    —¡Sergio, mi vida! —dijo con efusividad en una de las calles del pueblo lejos de los oídos de su marido.

    —Tía, ¿qué tal estás? —al menos dejó unas palabras cordiales antes de soltar la bomba.

    —Aquí estoy, en el pueblo. Acabo de tomar algo con una amiga y ya marcho para casa.

    —Tía… —hizo una pausa para tragar saliva y que Carmen se oliera que algo pasaba. Carmen era lista y supo al instante que esa entonación no traía nada bueno. Se detuvo en medio de la calle.

    —¿Sergio?

    —Ha pasado algo…

    El corazón de la mujer se detuvo al igual que habían hecho sus pies. En mitad del camino, aferrada al móvil, podía sentir como la piel se le helaba y la garganta se secaba con rapidez. Prefirió escuchar a hablar.

    —Fui con mi madre al teatro, eso ya lo sabes. —Sergio no sabía si contarle el pequeño desliz, por mucha confianza que tuvieran era algo que de momento… se ahorraría— Fue todo de maravilla, pero cuando volvimos… yo lo tenía bien guardado. Era un cajón que nunca había abierto, no sé por qué lo hizo. La cosa es que ese día le dio por limpiarlo y… encontró tu sujetador.

    —¿Sabe que es mío?

    —Sí. —pareció que Carmen iba a decir algo, Sergio siguió— Lo peor no es eso, cuando me lo enseñó… ya sabía lo que pasó entre nosotros.

    Carmen se apoyó en la pared con disimulo, su mente se trastocó hasta tal punto que sus ojos vieron unas luces parpadeantes al fondo de la calle. Su pie falló y se sujetó con fuerza a la pared, algún que otro transeúnte la miró, pero no era lo suficiente para ir a ayudarla, simplemente daba la sensación de haberse tropezado.

    —¿Cómo? ¿Co…?

    —Supongo que me espió el móvil, jamás lo había hecho, no sé qué le dio. Fue muy raro todo, limpió donde no lo hacía, me fisgoneó el móvil y… esto es lo más gordo, me acabó por echar de casa.

    —¡Qué! ¿Cómo que te ha echado de casa? No entiendo. Una cosa es que haya pasado algo, pero ¿por qué te hace eso?

    —Fue hace unos pocos días, no te preocupes, encontré un piso universitario y hoy me instalé, fue muy rápido, tuve mucha suerte. Menos mal…

    —No es eso, cariño. —Carmen se apoyó en el alfeizar del ventanal de una carnicería que estaba cerrada. Sus pies estaban temblando— Tampoco están en tu casa boyantes de dinero para mandarte a otro lado a vivir…

    —No… me lo pago yo…

    —Joder… No, hijo, esto es grave. Pásame tu número de cuenta al móvil y te hago una transferencia, no te preocupes por el dinero, ya sabes que no pasa nada, esto es mi culpa. Mierda…

    —Te diría que no, tía…, pero sinceramente lo necesito. No sé si podría encontrar trabajo con rapidez, creo que he gastado toda la suerte que tenía.

    —No, Sergio… tranquilo. Estoy todavía alucinando. —se pasó una mano por la frente notando unas frías gotas de sudor— Tengo que llamarla o algo… y por el dinero, mañana mismo lo tienes, con eso no te preocupes.

    —Gracias, Carmen. —se mordió la lengua para no llorar, en verdad se sentía desolado y su tía con esa predisposición a ayudar le conmovía— Mejor dejarlo de momento como está, si no te ha llamado será por algo.

    —Tienes razón. —era raro que todavía no hubieran hablado, quizá había algo más detrás de todo.

    —Es que… también me pasé un poco, como no entendía lo que pasaba, solo se me ocurre a mí decirla si estaba celosa. Me dio un tortazo que me merecí. —soltó una risa irónica mientras se apretaba la sien con la mano libre. Cada vez que recordaba la situación le dolía la cabeza.

    —¿Cómo? —Carmen se levantó de donde tenía sus posaderas— ¿Por qué le dijiste eso? ¿Y por qué se iba a enfadar? —la mujer no comprendía la situación. “¿Por qué iba a estar mi hermana celosa?”. De pronto una luz se iluminó en su mente. Los recuerdos de las vacaciones de agosto vinieron, las conversaciones con su hermana, las miradas, la complicidad que nacía entre ellos. “Si está celosa es porque… eso… no es posible” abrió la boca aspirando profundo y sin creérselo preguntó— Sergio, ¿ha pasado algo?

    —Creo que ya han pasado demasiadas cosas, con estas estoy más que servido.

    —Me refiero al fin de semana con tu madre.

    Su hermana siempre fue competitiva y algo celosa, lo sabía bien. Sin embargo, por su hijo, no tenía sentido. Podía enfadarse por tener relaciones con él, era muy compresible, pero ¿ponerse celosa?

    A kilómetros de distancia su sobrino se mantuvo en silencio mientras a la mujer una vocecita en su cabeza le decía “no puede ser” y otra respondía “¿y contigo qué?”. Su corazón se aceleró como un motor al máximo y el pensamiento de por qué no la había llamado despotricando cobraba fuerza.

    —¿Sergio?

    —Sé que tú no me juzgarás… es muy duro lo que te voy a decir. Pasó algo… algo íntimo.

    Los ojos de la mujer se abrieron de par en par, el brillo de su magnífico azul resplandeció bajo las luces de la calle que comenzaban a encenderse. Lo entendía todo, el círculo se completaba y con esa prueba ahora comprendía la situación. El resumen era muy simple, Mari se había puesto celosa al saber que su hermana había sido la primera, siempre igual…

    —Vale… —el corazón se le calmó, saber aquello era un paso para estar más tranquila— Entiendo que te echara de casa. Igualmente me parece desmedido, pero comprendo por qué está enfadada, no tiene que ser fácil asimilar lo ocurrido, mejor darla tiempo.

    —Lo entiendo.

    —¿Fue una vez o… más? —la mujer comenzó a andar hacia su casa con paso sereno.

    —Una. —la mano del joven temblaba, hablar de ello por un lado le quitaba un peso de encima y por otro le atacaba los nervios— Es la primera vez que lo hablo, con mamá no dijimos ni una palabra del tema.

    —Tiene que estar hecha un lío, Sergio. Sí, lo mejor va a ser darla un tiempo, que asimile todo y que pasen los días, yo la llamaré. Sabiendo lo que pasó entre vosotros, es normal que no diga nada, se tiene que sentir horriblemente mal.

    —Una pena que no quiera que esté en casa, me encantaría abrazarla y decirla que no pasa nada.

    —Te comprendo. Tranquilo, cariño, sigue de momento tu vida. Voy a volver a casa, cuando necesites cualquier cosa me dices, dinero, hablar… cualquier cosa. —aceleró la marcha sobre el asfalto de su ciudad. Escuchando el tono compungido de su sobrino le quiso consolar, quizá una broma sería lo mejor— Por cierto, cuando pase todo esto, me tendrás que dar algún que otro detalle.

    —Tía… —Sergio sonrió con los ojos cerrados, Carmen siempre sabía hacerle reír— Algún día te lo contaré.

    —Ya sabes que la tía Carmen es un demonio. —ambos rieron a los dos lados del teléfono, tan cómplices pese a la distancia— Te amo, mi vida. Hablamos pronto, ¿vale?

    —Sí, tía, yo también te amo.

    —Lo sé.

    Carmen recorrió la calle con las farolas encendidas que alumbraban un día que se iba apagando poco a poco. El mal sabor de boca se había largado y dejado paso a una curiosidad malsana, aunque también con toques de celos. “¿O sea que mi hermana me roba a mi pequeño amante? Tiene tela lo de esta familia…”.

    Se rio en una carcajada sonora que hizo girarse a par de parejas que caminaban con tranquilidad. La situación agónica le parecía ahora… interesante, esperaba que el tiempo fluyera para llamar a su hermana y pensar qué cosas la diría. Aunque ella tenía la gran baza, sabía lo que había pasado.

    Todavía con el móvil en la mano y mirando un horizonte en el cual el sol se escondía timorato tras las montañas, el joven volvió al que era su hogar, al menos de momento. Subió las escaleras con calma, el portero que regentaba parecía no importarle mucho quien fuera y apenas le lanzó una mirada curiosa tras su libro electrónico.

    En la decimotercera puerta del cuarto piso se detuvo con las llaves en la mano. Todavía se le hacía raro entrar allí, era su nuevo hogar, lo había pagado, pero aún era un extraño en todo aquello, en menos de dos días su vida había dado un giro abrumador.

    Dejó la mochila en el suelo, eran las últimas cosas que tenía en el cuarto de Javi y metió las llaves en la cerradura cuando de pronto, escuchó una voz. Más bien un grito que venía desde el lado derecho de su campo auditivo, aquello tenía que haber salido de la garganta de una mujer.

    —¡TÚ!

    Giró la cabeza, mirando al lugar de donde provenía el alarido y se quedó de piedra cuando vio lo que había en el pasillo. Dos puertas más allá, una chica con el pelo moreno corto y un toque azulado en las puntas le miraba envuelta en una toalla blanca mientras andaba con paso acelerado hacia él.

    Sergio dio un paso atrás, la cara de la joven parecía enfurecida, como si tuviera que pagar algo con el muchacho. Retirando las llaves de la cerradura y poniendo las manos a modo de defensa delante del pecho, siguió observando como la chica venía hacia él dejando un rastro de agua a su paso.

    —¿Yo? —llegó a reproducir Sergio mirando a los lados.

    —¡NO! Se lo digo a uno de los veinte que hay en el pasillo. —el joven aún sabiendo que era sarcasmo, por si acaso miró atrás. No la conocía de nada, era la primera vez que la veía— ¿Sabes de duchas?

    —¿Qué? ¿Cómo que de duchas? —el joven no se había encontrado más desubicado en su vida.

    —¡Pues de duchas, chico! ¿Sabes lo que es una ducha? —la joven no bajaba el tono mientras se sujetaba con fuerza la toalla. Estaba claro que bajo ella no había nada de ropa.

    —Sí, claro que sé lo que es una ducha.

    —¡Pues ven!

    La desconcertante muchacha le agarró de la manga de la sudadera sin darle tiempo a reaccionar. Sergio perdió de vista los ojos verdes que parecían brillar con la luz del pasillo pese a estar ligeramente enrojecidos.

    —Espera… la mochila…

    —Déjala, nadie te va a robar los calzoncillos con manchas de semen —le soltó de manera deslenguada y más rápido de lo que Sergio pudiera reaccionar.

    Entraron en la puerta que llevaba a la habitación de la joven. A Sergio, que seguía sorprendido mientras le arrastraba hasta la ducha, ni siquiera le dio tiempo a observar nada, ni a pensar… con aquella aparición se olvidó de todos sus problemas.

    —Oye… —algo cohibido por tal situación antes de entrar al baño— No sé qué quieres, ni sé que quieres que sepa de duchas.

    —¡De cuando se atascan, joder!

    En el baño pudo ver como el plato de ducha rebosaba de agua. Estaba hasta el borde y un poco ya había salido mojando el suelo de baldosa. Unas oportunas toallas secaron el exceso que escapó, aun así, tenían que hacer algo para vaciar aquello… aunque el joven no encontraba sentido a estar allí.

    —Sí, se ha obstruido seguro. —Sergio se arrodilló para verlo de más cerca.

    —Eres bien listo. —su ironía no tenía fin— ¿Sabes arreglarlo?

    —Desatasca el tapón, seguramente será eso.

    —¿Puedes hacerlo?

    Por una vez su voz sonó tierna, como seguramente sería realmente. Sergio giró la cabeza, buscando reírse y decirla, “¿ahora ya eres agradable?” sin embargo, notó algo. Sus ojos rojos con la luz más intensa de los fluorescentes parecían que le hubiera caído una buena cantidad de champú, pero… su cabello recogido, solo estaba ligeramente húmedo, no se lo había lavado. Tenía dos mujeres en casa y sabía que no es necesario lavarse el pelo todos los días, esa chica no lo había hecho, no obstante sus ojos verdes estaban rojos.

    Por un segundo mantuvo la mirada en ella, tenía cierta belleza, pero su cara denotaba una pena que trataba de ocultar, “¿ha estado llorando?”. Volteó la cabeza hacia la ducha, volviendo a centrarse en el desagüe que parecía ser el problema y con un tono más seco le dijo.

    —Haré lo que pueda. Tráeme un cuchillo o algo plano para levantar la tapa.

    La joven hizo sonar sus pies por toda la habitación y trajo una especie de navaja suiza que pasó a Sergio. Con maña levantó la tapa, pesaba demasiado con toda el agua acumulada. Un pequeño tapón a modo de barrera impedía que pelos y demás “cosas” se fueran por el sumidero. Con un tirón, Sergio lo sacó, escuchando como el agua comenzaba a despedirse de ellos.

    Levantándolo en alto vio un cúmulo de pelo horrible. La joven lo miró por dos segundos y sin soltar su toalla sufrió una arcada que casi la hizo vomitar. No era una imagen agradable, Sergio lo sabía bien, convivía con dos mujeres y casi siempre le tocaba a él o a su padre quitar el tapón que se originaba. Al principio también sufría arcadas, pero el cuerpo se acostumbra a todo.

    —¿La basura?

    La joven con la boca bien cerrada le hizo señas para que saliera al cuarto y la buscase. Sergio no tardó en encontrarla, estaba en el mismo sitio en el que estaban todas en los demás cuartos. Lo lanzó con ganas, nunca le gustó el tacto y tampoco la visión, no obstante, se paró a observarlo un momento, porque aparte del cabello negro con tonos azules, también había un cabello largo y rubio. “Curioso…” pensó volviendo al baño.

    —¿No te da asco? —preguntó la joven mientras Sergio veía como el volumen de agua disminuía.

    —En casa están mi hermana y mi madre, esto suele pasar. Me imagino que en tu casa también.

    —Pienso que sí, pero lo arreglará mi padre… supongo…

    —Bueno, creo que me puedo marchar… —por primera vez, viendo que la joven ya parecía menos histérica y con una media sonrisa le bromeó— O ¿aún no puedo salir de este secuestro?

    —De momento… sí. —le siguió la broma. Al final parecía maja y le acompañó hasta la puerta— Gracias, señor fontanero. —con una sonrisa, pero con prisas comenzó a cerrar la puerta— Has sido de mucha ayuda. Ahora venga, venga, venga… que he quedado.

    —Por cierto, me llamó Sergio. —con la puerta a medio cerrar viendo únicamente la cara de la joven.

    —¡Ah! Sí, qué bien… yo, Carol, de Carolina. —cerró un poco más la puerta y la abrió de nuevo de golpe— Otra vez que nos veamos, como me cantes la canción de Hombres G te mato, la odio. ¿Okey?

    Sergio se quedó perplejo por el desparpajo que tenía Carolina y por lo desubicado que le dejaba. Sin saber por qué razón, igual por el mero hecho de lo extraño que era todo, la sonrió y soltó una risa que hizo que la muchacha también le sonriera.

    —Vale… lo he pillado.

    —¡Ale! Adiós, señor fontanero, nos vemos por aquí.

    El joven escuchó la puerta cerrarse y unos pasos rápidos recorrer la habitación. Anduvo con el pensamiento en blanco, en realidad había sido algo tan sorpresivo que le hizo olvidar cada uno de sus problemas.

    Quedándose delante de la que era su nueva casa, sin pensar en esa puerta, si no en la de Carol con el 16 marcado, lo miró perplejo.

    —Joder… breve, muy breve…, pero ¡qué intensa!

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.