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  • Mara en la pileta (Partes 1 y 2)

    Mara en la pileta (Partes 1 y 2)

    Mara estaba en la pileta cuando escuchó que alguien venía, salió y antes de que llegue a su toalla apareció Joaquín que le dio un beso en los labios.

    Ésta es Marla – dijo Joaquín a Fede

    La hermanita de Gabi

    Joaquín y Fede eran amigos de Gabi, la hermana mayor de Mara. A Joaquín lo había visto varias veces y la noche anterior en un boliche, al que habían ido todos juntos (Gabi, su hermana y los amigos de Gabi) Mara y Joaquín habían estado a los besos sin que los vieran los demás.

    Hola – dijo Fede dándole un beso con ruido muy cerca de la boca de Mara, mientras la tomaba de la cintura desnuda y mojada

    Mara tenía 18 estaba empezando a salir y como no tenía muchas amigas salía con su hermana y sus amigos. Media 1,70 m tenía unas piernas largas y hermosas, una cola voluminosa, pero parada gracias al hockey, era flaquita y por ende tenía poca teta (según ella) y su cara de nena hermosa estaba decorada con unos ojos verdes hermosos.

    Su hermana Gabi era más rellenita y petisa, y aunque Mara no sabía era bastante lanzada, salía y solía estar con más de uno y a veces con sus amigos. Disfrutaba mucho del sexo, pero Mara recién estaba empezando a sentirse atraída por los hombres.

    Joaquín y Fede tenían 22 los dos, deportistas y en excelente estado físico, a Mara le gustaban los dos y el beso de Joaquín y después el saludo de Fede le habían hecho cosquillas en el vientre.

    -viste es hermosa- le dijo Joaquín a Fede

    – le conté a Fede que anoche estuvimos apretando y no me creía lo buena que estás – le dijo esta vez a Mara mientras se le acercaba y le agarraba una mano para hacerla dar una vueltita, como mostrándole a su amigo su premio.

    – viste que cola hermosa? – dijo mientras le pasaba la mano por la cadera, Mara no sabía que decir, y se puso colorada. No sabía xq pero se sentía muy rara, como anoche cuando había estado tocándose con Joaquín.

    – sos un bombón- dijo Fede mientras se le acercaba un poco.

    Ella estaba en bikini, Joaquín se había parado detrás de ella, le dio dos besos en el hombro y le susurró al odio » te gustaría darle un beso a Fede?»

    Mara lo miró de reojo y después miro a Fede, no dijo nada. Le gustaba la idea, pero no sabía qué hacer. Fede se siguió acercando de a poco, hasta que estaba casi rozando a Mara

    Si no querés no pasa nada – dijo Fede mientras la agarraba de la cintura e iba acercando su boca a la de Mara hasta que la besó

    Primero fue un beso suave, después Fede metió la lengua en la boca de Mara, y ella tardó 3 segundos pero le respondió.

    Pensé que no ibas a querer- dijo Joaquín mientras le daba besos en la nuca y espalda y le tocaba la cola

    Mara estaba casi temblando por las sensaciones que su cuerpo le transmitía, tenía cosquillas en la entrepierna y sentía que se estaba humedeciendo, se dejó llevar y tomó a Fede por la cintura

    Al ver esto Joaquín la agarró por el hombro y con un movimiento firme, la hizo girar y la empezó a besar él también.

    Después volvió a girarla para que quede mirando a Fede, que aprovechó y la tomo de la cintura y la pegó a su cuerpo y la beso intensamente.

    Mara respondía a todos los besos y mientras besaba a Fede, sentía una mano que le apretaba la cola, otra en la cintura, que creía que eran de Fede y después las manos de Joaco empezaron a subir por los costados y llegaron a sus tetas. Ayer le había dado unos besos en las tetas en el boliche, pero nadie los veía. Joaco le besaba la espalda y con una caricia sacó una de las tetas de mara de la malla y le dibujaba círculos al rededor del pezón con los dedos

    Fede dejó de besarla, la miro a los ojos y le dijo

    Permiso

    Y bajó a chuparle el pezón que tenía al descubierto, primero le dio un beso, después un chupetón y luego le pasó la lengua haciendo figuras

    Joaquín tuvo que sacar la mano, y tomó la mano de mara y la puso sobre su bulto.

    Los dos chicos estaban en malla y remera, así que Mara pudo sentir el bulto de Joaquín enseguida, no sabía bien como tocarlo, pero empezó a tratar de recorrer toda su superficie. Ella no tenía mucha experiencia pero le pareció grande. Miró hacia abajo y vio a Fede entretenido en su pezón, que le daba unas oleadas de cosquillas que le llegaban hasta la entrepierna. De pronto una de las manos de Joaquín tomo prisionero a su pezón izquierdo y se lo apretaba, y su otra mano empezó a bajar por su pancita hasta que se perdió dentro de la parte baja de su bikini. Cuando sintió el contacto de los dedos de Joaquín sobre su rajita, se le aflojaron las rodillas y se le escapó un gemido. Al escuchar eso Fede soltó el pezón y vio que Joaco tocaba a mara y ésta le devolvía el favor y le atacó la boca, le dio un beso de lengua y con una mano le desató la parte de arriba del bikini. Se lo sacó y lo tiró sobre una reposera que había junto a la pileta, después se despojó de su remera y volvió a la carga contra la boca de Mara, que estaba con la cabeza tirada hacia atrás, apoyada en el hombro de Joaco, tocándolo sobre la malla mientras que él la estaba masturbando con movimientos rápidos debajo de su bikini.

    Fede la agarró de la cara y la beso con lengua, después buscó la mano libre de mara y la metió debajo de su malla. Mara estaba toca do dos pitos, cosa que nunca se había imaginado, estaba a punto de llegar a un orgasmo. Le pito de Fede era un poco más corto pero ancho, y empezó a bajar y subir con su mano por toda la superficie del mismo, los dedos de Joaco, acariciaban su clítoris y después se le metían por su cuevita, que estaba inundada para ese momento y cuando sintió la boca de Fede y su mano en sus pezones explotó, sintió como se le aflojaban las piernas, comenzó a chorrear y a sentir oleadas de placer que le recorrían todo el cuerpo, se tuvo que agarrar de Fede para no caerse y gemía como loca. Después de un ratito pudo volver a incorporarse y los dos amigos la miraban con una sonrisa en la cara.

    Estás bien? – preguntaron al unísono

    Si – dijo ella en casi un susurro, se moría de vergüenza, pero le había encantado aquello, estaba con las tetas al aire, la parte baja de su bikini medio corrida y dos chicos muy hermosos mirándola.

    Joaquín se sacó la remera, la tiró a dónde estaba el resto de la ropa y después con un movimiento sacó su pito y lo apuntó a Mara

    Nos vas a dejar así? – dijo poniendo cara de pobrecito

    Mara no sabía qué hacer ni decir, así que Fede le agarró la mano y la trajo a ellos, y después sacó su pito también y se lo puso en la mano a Mara, que empezó a masturbar a los dos, mirando para abajo sin perderse un detalle. Joaco le dio un beso y le susurró «y si nos das unos besos ahí?»

    Mara escucho y explotó de vergüenza, le dio otro beso a Joaco y después ella pasó a Fede, que la recibió con su boca abierta

    Después de un ratito se empezó a agachar, por suerte estaban en el pasto y no le molestó arrodillarse, no sabía qué hacer, así que le dio unos besos de lengua a la lanza de Joaco, que le apuntaba al cielo, después sintió una mano que la guiaba al pito de Fede, que también recibió unos besos, todo esto mientras los seguía masturbando. Después de unos minutos dándole besos, una mano la empujó hacia abajo cuando estaba besando la lanza de Joaco, y se la metió hasta donde pudo en la boca. Tenía un gusto particular, pero no le pareció feo, se la empezó a sacar y volvió a meterla todo lo que pudo en su boca, después de unos segundos y unas cuantas chupadas, escucho a Fede que dijo – ahora yo, ahora yo- así que pasó al miembro de Fede, le costó más metérselo en la boca, pero también le dio unas cuantas chupadas. En una de las veces que estaba sacándose la pija de la boca Fede la tomó de la nunca y se la metió casi toda de golpe, y Mara sintió como descargaba toda su leche en su boca, se atragantó un poco y se alejó, se tragó gran parte, pero el resto le cayó en el pecho y la cara. Con la cara con algunas lágrimas lo miró a Fede y este le guiño el ojo y después lo miró a Joaco y él le señalo su verga dura, que estaba latiendo. Ella se acercó y se la empezó a chupar y al ratito escuchó a Joaco que le dijo, ahí viene, así que se preparó y recibió la descarga de semen más preparada, pero igual terminó toda bañada, trago algo pero Joaco se la sacó de la boca y le apunto a ella.

    Parte 2:

    Ahí estaba ella arrodillada toda llena de semen, con la cuevita toda inundada de nuevo y los dos chicos con sus pitos parados y cara de felicidad.

    Nos bañamos? – dijo Joaquín mientras saltaba al agua Fede saltó atrás de él, y Mara se paró y se tiró también. Se bañaron unos minutos y mientras mara se enjuagada el cuerpo los chicos se pusieron a nadar. En eso se acerca Fede desde atrás a Mara y la levanta dejándola sentada en el borde de la pileta, ella lo miró entre pícara y asombrada. «Ahora te toca a vos» dijo Fede y le sacó la parte de abajo del bikini y le abrió las piernas con las manos. Mara se dejaba hacer, nunca le habían hecho sexo oral, así que se inclinó un poco para atrás y se entregó. Fede se acercó a la entrepierna y le dio un beso de lengua a esa cueva húmeda, lamió el clítoris con fuerza, le beso los labios, metía y sacaba su lengua del agujerito de Mara, la cual gozaba recostaba den el borde de la pileta. Fede siguió y con una mano empezó a tocarle los pezones mientras le comía la concha, mara estaba perdida en sus sensaciones cuando sintió algo en sus labios. Cuando abrió los ojos vio a Joaco que le ofrecía su pito de nuevo, ella sin pensarlo lo acepto y comenzó a chuparlo.

    Fede bajó un poco más y le dio unas cuantas lamidas al culito de Mara y volvía a su cuevita y de pronto mara explotó en otro orgasmo

    Fede se tomó un descanso y salió del agua, Joaquín le sacó del alcance de su boca su vara. Ella quedó tendida en el borde de la pileta desnuda y toda floja, nunca había gozado tanto y sentía que quería ir un poco más lejos. Cuando volvió en sí, Joaquín ya estaba desnudo acercándose a sus piernas, la miró y le preguntó

    Puedo?- apuntando con su pija a la cuevita de Mara

    Ella lo miró, y dijo que si con la cabeza

    Tomo pastillas- fue todo lo que dijo y se relajó de nuevo

    Joaquín se acomodó entre las piernas de Mara y empezó a frotar la cabeza de su vara en la rajita de Mara, para humedecerlo, ella empezó a respirar agitada y a mover las caderas al ritmo.

    Joaquín se tomó su tiempo, mojó bien la cabeza y cuando le pareció que estaba todo preparado, empujó suavemente hacía el interior de Mara. Ella gimió y levantó las caderas como tratando de controlar la penetración, Joaquín sabía que tenía que ser delicado para que puedan seguir disfrutando, así que le metió la cabeza y paró, ella se mordía los labios y se agarraba del piso, en eso Fede para ayudar se acercó y comenzó a hacerle caricias a Mara para que siga disfrutando y se relaje.

    Ella estaba en el cielo, sentía como de apoco se metía el miembro de Joaquín, y salía casi todo, y volvía a entrar un poquito más, hasta que sintió que hizo tope y quedaron sus dos caderas pegadas. Éste momento duró como 10 segundos hasta que Joaquín empezó a moverse despacio y meter y sacar su miembro, intentaba ser errático para que ella no sepa lo que le esperaba, metía dos o tres veces seguidas todo el largo de su miembro y después hacía dos o tres veces que lo sacaba y metía solo la punta y volvía a sacarlo.

    Mara ya no sabía cómo más demostrar placer, porque mientras uno le lamía los pezones y el abdomen su otro acompañante le estaba haciendo algo que la estaba volviendo loca y cuando estaba a punto de acabar de nuevo, Joaquín la sacó y le dijo a Fede «dale, te toca». Fede lo miró, dejo de darle besos a Mara, que los miraba con una mezcla de deseo y temor, nunca había estado con nadie y de pronto lo iba a hacer con dos en su primera vez.

    Fede se paró, y la agarró de la cintura haciendo que se gire, para que quede con la colita levantada y busco la entrada de la cuevita de Mara con su miembro. Mara estaba arrodillada en el pasto, con la cola levantada y a punto de ser penetrada por Fede, de pronto Joaquín apareció delante de ella con su pija apuntando a su cara

    Dale, que me encanta como la chupas-

    Mara se sintió rara porque ese comentario la excitó mucho, y se comió la verga de Joaco con mucho hambre. De golpe sintió como el garrote de Fede se abría paso en su rajita y se le salió un gemido

    Fede la penetraba de forma más rítmica y con más fuerza, ella con su mano intentaba que él lo haga más despacio, pero Joaco no le sacaba la piña de la boca y no podía hablar. Fede seguía haciendo chocar su pelvis contra las nalgas de Mara, que ya gemía de forma brutal, se sacaba la pija de Joaco de la boca para respirar y gemir, pero Joaquín tampoco le daba tregua, porque le estaba tratando de meter todo el largo de su pija en la boca, ella no podía pero intentaba y ahí fue cuando escucho a Joaquín empezar a gemir y ella no se alejó, se quedó y él le acabo en la boca. Esta vez no era tanto, pero igual no pudo contener todo, éste calló cansado al piso y le hizo caricias a Mara en la espada y en las tetas mientras Fede intentaba que sus «aplausos» se escuchen en todo el barrio. Y así como empezó, él empezó a gemir y acabó dentro de Mara que sentía su semen caliente en el interior.

    Después de unos minutos estaban los 3 bañándose en la pileta, después se vistieron y los chicos pasaron a saludar a Gabi y Mara se fue a dar una ducha donde no podía recordar cuántas veces había acabado mientras los chicos la penetraban.

    Bueno, espero que hayan disfrutado de mi primer relato, pronto habrá más supongo. Me gustaría saber sus opiniones.

  • Pedro me desvirga el culo

    Pedro me desvirga el culo

    Hacía poco tiempo que había dejado mi relación con Alex, un chico delicioso, joven estudiante de enfermería que podía pasar perfectamente por una chica, me encantaba hacer el sesenta y nueve con él y follarme su culito pero no me satisfacía, era pasivo completamente y yo ansiaba otra cosa, quería que me follaran el culo, me imaginaba siendo poseído a cuatro patas por un individuo fornido, maduro, muy velludo, un verdadero oso.

    Volví a poner anuncios en una conocida página de contactos gay, la verdad es que tuve muchas respuestas pero ninguna que valiera la pena, con uno llegue a hablar por teléfono y quedé con él en la puerta de un hotel muy famoso entre parejas que deseaban pasar desapercibidas, muy discreto y limpio, abierto 24 horas y a buen precio, pero no se presentó, cuando lo llamé por teléfono no contestó, posiblemente me había bloqueado, no lo entiendo, quedas con alguien y te arrepientes pues se lo dices, no pasa nada, mientras me consola a cabalgando el más grande de mis plugs anales, me sorprendía lo que daba de sí mi esfínter.

    A Alex lo conocí en un bar de ambiente así que me dije, ¿por qué no?, volvería a intentarlo, no iría a la misma cafetería, allí paraban principalmente femboys, chicos con apariencia de chica, y yo buscaba otra cosa y además, Alex era amigo de los propietarios y cliente asiduo, no quería encontrarme con él.

    Elegí un bar de copas, lo había encontrado en Internet y al parecer era perfecto para lo que yo buscaba, mi mujer se había ido al pueblo con mis hijos a casa de sus padres y yo tenía turno de quince a veintitrés en la fábrica, perfecto, el local abría a las diez y media, pero según decían, los viernes y sábados a partir de las dos de la mañana era cuando alcanzaba su apogeo así que cené en la fábrica y allí me duche y vestí, si surgía algo tenía hasta las tres de la tarde del día siguiente.

    Cuando llegué al bar todavía no estaba lleno aunque ya había bastante gente, me senté en un taburete y pedí una lima con tónica, no quería beber alcohol, eché un vistazo alrededor, solo hombres, todos de cuarenta para arriba, muchos osos, muy torpe tenía que ser si no encontraba allí lo que iba buscando.

    En un lado del local, sentado en un taburete a una mesa alta se encontraba un individuo grande, de mi estatura más o menos, calvo, con perilla canosa, mi mirada se fijó en él y por un instante nuestros ojos se encontraron pero aparté la vista rápidamente, volví mi atención a otras zonas pero mis ojos se dirigieron de nuevo a aquél individuo, estaba mirándome, mantuve la visual durante mas tiempo y en ese instante, en el escenario, apareció una transformista para la primera actuación de la noche, me hizo gracia, se parecía asombrosamente a la Pantoja.

    El camarero colocó una nueva consumición delante de mí.

    -Invitación del caballero – me señaló al individuo con el que había intercambiado miradas.

    Levanté el vaso mirándolo para agradecerle el detalle, el me sonrió y asintió con la cabeza, se levantó y vino hacia mí.

    -Hola, me llamo Pedro.

    -Hola Pedro, yo soy Einar.

    -Nunca te había visto por aquí

    -Es la primera vez que vengo, está muy bien este sitio.

    -Sí, a mi me gusta mucho, las actuaciones son muy buenas y el ambiente de gente muy sana.

    Estábamos hablando a gritos, la transformista estaba en plena actuación y a duras penas podíamos oírnos.

    -Oye Pedro, ¿conoces otro lugar donde podamos hablar tranquilos?

    -Claro, vamos.

    Entramos en otro local no muy lejos, en este había hombres y mujeres, mesas bajas, sofás para sentarse, música suave, un ambiente mucho más relajado. Hablamos de todo, era un tipo muy educado, tenía una conversación agradable, me dijo que tenía sesenta años, militar en la reserva, viudo, tenía dos hijos que también eran militares y se encontraban destinados lejos por lo que estaba solo, cuando murió su mujer dio rienda suelta a su fantasía, le gustaban los hombres pero mientras ella vivió no quiso faltarle al respeto, y era única y exclusivamente activo.

    Le conté mi “problema”, la relación que había vivido con Alex y el motivo de que lo dejara, lo que iba buscando aquel día.

    -Entonces… ¿salvo tu colección de plugs, tu culo no ha conocido otra cosa?

    -No, y esa sensación de necesitar ser follado es lo que me tiene frustrado, no sé si me gustará pero necesito comprobarlo.

    -Ese es el problema, la gente que se pone en contacto contigo es lo que teme, que al final te eches atrás.

    -¿Y tú? ¿Te atreves?

    -¿Yo? Claro, ¿por qué no?

    Pagué la cuenta y nos marchamos, él no me quería llevar a su casa el primer día, normal, le hablé del hotel que yo conocía pero el problema era que está en un pueblo de los alrededores y a diferencia mía él había bebido alcohol y no quería coger el coche, al final fuimos a un hostal que el usaba con frecuencia, limpio, barato y al que podíamos ir dando un paseo.

    En cuanto entramos en la habitación Pedro me empujó contra la pared, era igual de alto que yo y era evidente que estaba en buena forma física, acercó su boca y me pasó la lengua por los labios, abrí la mía y la recibí, nuestras lenguas se enlazaron, desde el principio quedó claro que era el activo, metió su lengua en mi boca, mordió mis labios, me besó el cuello… lo empujé suavemente hasta separarlo de mí.

    -Tengo que prepararme, aguanta un poco.

    -Te espero con impaciencia. Eso de ser el primero me ha puesto muy cachondo.

    Entre en el servicio, venía preparado, condones, lubricante y un enema, era desagradable pero no quería que mi acompañante se llevara una sorpresa. Me lavé bien en el bidet y salí.

    -Hola chocho, ¿te has preparado para mí?, que tierno.

    Pedro estaba sentado en el sillón, completamente desnudo, la habitación estaba caldeada, se estaba a gusto, mi amante de esa noche tenía un bonito cuerpo, pecho poderoso, leve barriguita, piernas y brazos fuertes, manos grandes, el pecho y el vientre cubiertos por abundante vello canoso.

    -Desnúdate zorra, vamos.

    -A sus órdenes mi comandante – no me había dicho su rango en el ejército así que le dije lo primero que se me ocurrió.

    -Vamos putón, te está esperando.

    Se había agarrado la polla, era normal, más o menos como la mía, unos dieciséis centímetros, algo mas gruesa tal vez. No tardé en estar completamente desnudo.

    -Date la vuelta, quiero verte bien – giré sobre mí mismo – buen culo tienes, puta, voy a disfrutar esto.

    -Mi culo es tuyo mi comandante, solo ordénalo.

    -Ponte a cuatro patas y acércate zorra.

    Hice lo que me decía, avancé con la mirada fija en aquella polla y aquellos huevos gordos y peludos.

    -A ver que sabes hacer con esa lengua.

    Cogí la polla con mis manos, bajé el prepucio y dejé el glande al descubierto, con mi lengua recorrí sus bordes, jugué con el frenillo, lami el tronco hasta llegar a los huevos, los chupe, volví a la punta y me introduje la polla en la boca.

    -Joder, aaah, sí que sabes putaaa.

    -Slurp slurp slurp.

    -Chupa cabrona, chupa, uf.

    Movía la cabeza arriba y abajo, a veces la polla entraba más de la cuenta y sufría una arcada, mientas, agarraba aquellos huevos con la mano y los masajeaba.

    -Ay, aaah, vaya boquita tienes puta, como me gusta…

    Sacaba toda la polla y volvía a metérmela con rapidez.

    -Uuuh, joderrr que bueno.

    Pedro puso sus manos en mi cabeza y apretó, su polla me llegó a la campanilla, y empezó a mover su pelvis follándome la boca.

    -Traga zorra, traga, chupa mi polla.

    -Aaaggh –me estaba ahogando, las lágrimas se me saltaron y corrían por mi cara y de mi boca salía saliva espesa que caía sobre sus cojones.

    -Uuuuh, zorra, voy a correrme zorrraaa.

    Apretó mi cabeza y se corrió en mi garganta, soltó una buena lechada, me atraganté, me salió lefa por la nariz, creí que me asfixiaba.

    Tosía – casi me… matas cabrón.

    -Jajaja, te la has tragado enterita mariconazo, ahora límpiame los cojones de tu baba.

    Lamí sus huevos y limpié los restos de semen de su polla, tuve que sonarme la nariz para limpiarla de lefa.

    -Ven aquí zorrita, vas a cumplir tu fantasía, vas a probar una polla y no esos juguetes de mierda que te metes.

    Me hizo colocarme a cuatro patas en el borde de la cama y se colocó detrás de mí.

    -Plaf – me dio un azote en las nalgas – precioso culito tienes

    -Todo… aaah – volvió a darme un azote – tuyo.

    -Te gusta putita, te van los azotes.

    -Me va… ayyy – otro azote – lo que tú quieras.

    -Plaf – las nalgas me ardían – ábrete de piernas golfa, quiero ver tu polla desde aquí.

    Me abrí todo lo que pude, me apoyé en los codos, Pedro abrió mis nalgas y dejó al descubierto mi ojete.

    -Deliciosa esta flor.

    Sentí la punta de su lengua en mi esfínter, agarró mi polla, me daba saliva, me lamia, me escupía y volvía a aplicar su lengua a mi ojete, me lo follaba con ella, mordía mis nalgas, metía un dedo y me dilataba.

    -Diosss, que rico comandante, sigue, escúpeme, lléname de saliva.

    -Te gusta ¿verdad? – había metido dos dedos.

    -Siii, ay, ay que rico.

    -Plaf – nueva azotaina – tienes un culito delicioso perra.

    Me abrió tanto las nalgas que creí que me iba a rajar, aplicó su boca a mi ojete, mordía, sacaba su lengua y me la introducía, chupaba, volvía a su lengua.

    -Ay que rico, ay por dios ayyy, que lengua tienes, ay ayyy

    -Pues verás mi polla, golfa.

    -Follame, follame ya cabrón, méteme tu polla, quiero tu pollaaa.

    Pedro dejó quieto mi culo, miré para atrás y lo vi de pie, colocándose un condón.

    -Ahora voy a poner mi polla en ese culito, cuando notes que empujo tu aprieta como si fueras a hacer caca.

    Hice lo que me dijo, cuando note que comenzaba a empujar apreté y su polla venció la resistencia de mi esfínter con facilidad.

    -Aaah, cabron, mi culo.

    -¿Te duele putita? – continuaba metiéndola – ahora pasa.

    -Ay, ay mi culo, mi culo, canalla, me has desvirgado mi culo.

    Cuando sus huevos me tocaron comprendí que su polla estaba entera dentro de mí, comenzó a sacarla despacio.

    -Ay, ayyy, lo que me has hecho, cabron, ay, mi culo.

    -¿No te gusta zorra? – otra vez muy despacio me la clavaba hasta los huevos. – ¿quieres que la saque?

    -Noooo, follame, dame fuerte, dame, dame…

    Pedro incrementó el ritmo, agarró mis caderas y comenzó un mete y saca más rápido, golpeando con su pubis en mis nalgas.

    Dame dame dame cabron, más fuerte más fuerte, mi culo mi culo mi culoooo.

    -Uuufff, puta puta puta ufff.

    -No te pares, no te pares, dame fuerte, dame fuerte, cabron, párteme el culo, mi culooo.

    -Ay, ay, mi culooo, sigue, sigueee cabron, más fuerte, dame fuerteee.

    El ritmo de Pedro era salvaje, su polla me estaba follando el culo, sus manos me agarraban por las caderas, por los muslos, sus dedos se enterraban en mi carne.

    -Ay, hijo de puuutaa, ay, dame, dame fuerte, mi culo, mi culooo.

    -Me corro, zorra, me voy a correr, me corrooo.

    Dio un empujón y me enterró la polla en el culo, se apretó contra mi y empezó a eyacular, yo comencé a meneármela.

    -Uh puta, que culo tienes.

    -No la saques, no la saques cabron, aprieta, aprietateee.

    Me estaba haciendo una paja con una polla que acababa de correrse clavada en mi culo, nunca había sentido algo así.

    -Ayyy ay que rico, ay ay, me corro, me corro, ay ayyy me corrooo.

    Eyacule sobre la cubierta de la cama, el orgasmo fue bestial, intenso, note como se relajaba todo mi cuerpo, me dejé caer hacia adelante y su polla salió de mi culo, me di la vuelta y lo vi allí de pie, bañado en sudor, con su miembro que iba menguando enfundado en el preservativo.

    -Gracias mi comandante, muchas gracias.

    -A ti, no todos los días se tiene oportunidad de desvirgar un culo.

    Me senté en la cama, le quité el condón y con mi lengua limpie el semen que tenía en el glande, lamí sus huevos sudados, sus ingles, aspire el olor, ese olor a sudor, a sexo, a hombre que tanto me excita, desde ese momento comprendí que amaba las pollas, que mi culo las adoraba, ese escozor que te queda en el esfínter después de que una buena polla te lo folle, ese día comprendí que soy muy puta.

  • La madura Carmen me enseñó

    La madura Carmen me enseñó

    Bueno chicos les cuento. He entrado a este sitio porque vi que las personas dejan sus experiencias sexuales y bueno yo relataré no solamente por ser mi primera experiencia sexual sino que fue con una mujer 28 años mayor que yo.

    Mi nombre es Andrés, tengo 21 años, mido 1.80 blanco y relleno (para no decir gordo) cabello castaño y ojos verdes, siempre me reprimir por ser gordo y por eso jamás iba a fiestas con pisinadas ni nada por el estilo, un chico de casa con pocos amigos pero me acostumbré a estar con mi soledad. Digamos que por la forma en que me educaron mis padres (o por ser unos padres sobreprotectores) siempre he sido demasiado reservado.

    En mis experiencias con las mujeres no es algo que pueda presumir. A mis 21 años solo tuve a una novia, terminamos siendo amigos pero jamás tuve la voluntad de decirle que quería continuar la relación. Pero jamás, jamás tuve relaciones sexuales con una mujer. Totalmente virgen y no me sentía orgulloso de eso porque cuando mis amigos se juntaban hablaban de sus experiencias con las mujeres y atrás estaba yo como oyente sin dar opiniones.

    Un día me reuní con un buen amigo en su casa, estábamos desarrollando un proyecto para la universidad. Estábamos en la sala de su casa y de afuera se oía el grito de una señora. Santiago! Santiago! Decía ella (Santiago es el nombre de mi amigo), el que estaba sentado en el sofá se levantó y salió diciendo

    Santiago: hola señora Carmen cómo estás?

    Carmen: hola Santi, está tu abuela?

    Santiago: si, ella se encuentra, pase.

    Carmen: si bueno es que estoy algo tomada y tengo algo de resaca.

    Santiago: cuando no jajaja

    Yo sentado en el sofá del otro lado de la pared con la laptop en mis piernas sigo escuchando en la sala la corta conversación entre ellos. Miro pasar una señora con aparecía de cuarentona, mediana estatura (1.65 podría decir), blanca, gordita, y cabello teñido de rubio. Tenía puesto como un vestido tipo blusa algo pegado le realzaba su cintura y tenía un trasero bonito a pesar de que se veía mayor.

    En ese momento ella me miró allí sentado en el sofá y dice:

    -Y este gordito quién es?

    La miró y le respondo sonriente:

    -soy compañero de Santi

    Llega Santiago a la sala y exclama: Si él es un compañero de la universidad, pase allá a la cocina, allá está mi abuela.

    Ella con entre risas baja caminado a la cocina pero luego dice:

    -Cuánto quisiera ser joven otra vez para montarme encima a estos jóvenes!

    Cuando escuché ese gran comentario me sorprendí tanto, jamás llegue a oír una señora de cierta edad decir tan vulgar comentario, la verdad quede confundido de el porque lo hizo. En ese instante en que la mujer dijo dicho comentario, Santiago se echó a reír y dijo rápidamente:

    -Deja de hablar locuras jajaja sigue sigue estamos ocupados.

    Ya Santiago y yo de nuevo en la sala no evité en preguntarle quien era esa señora. Y él me dijo:

    Santiago: ella es una vecina de por aquí cerca, pero como vez le gusta hacer bromas de ese estilo, es buena persona, tenemos años conociéndola y esa es su forma de ser.

    Yo con cara de comprensión afirmo que está bien.

    Luego cuatro días después nos volvemos a reunir en la casa de mi amigo Santiago para seguir con el proyecto. Casualmente llega Carmen, en esta segunda ocasión buscaba una licuadora, paso y Santiago le dijo que esperara que el buscaba la licuadora. Sentados ella me pregunta:

    Carmen: vives por aquí cerca?

    Yo: No, tengo que tomar un taxi a casa, es algo lejos.

    Carmen: okay bueno, so no puedes llegar a tu casa te puedes quedar a dormir aquí o si quieres en mi casa jajaja.

    Cuando escuché el comentario mire hacia el piso riéndome.

    Santiago llega con la licuadora diciendo:

    -Deja las bromas con Andrés que lo tienes nervioso jajaja

    Luego Carmen dice: -Yo le dije la idea pero el se quedó callado que no me dijo nada. Añadiendo una risa.

    Luego de las bromas hacia mi, Carmen se levanta, toma la licuadora y mientras se va dice:

    -Gracias Santi, adiós gordito.

    Yo entre risas le digo hasta luego.

    En ese momento Santiago me dice que es lo típico de ella bromear con la gente que empieza a conocer. Seguimos hasta tarde nuestro proyecto hasta terminarlo. Al fin se acabaron las visitas a casa de Santiago. Pero de alguna manera me empezó a gustar el trato que me daba la señora Carmen. Con sus comentarios sexistas me fue inevitable imaginarmela desnuda o haciendo el sexo.

    Yo a mis 21 años la verdad que ya me fastidiaba no probar la experiencia del sexo, en mi hogar hablar de eso es como tabú ya que mi madre es totalmente religiosa. Pero había llegado a un punto que ya quería sentir la experiencia de tocar la piel de una mujer tocando la mía, poder penetrarla, mi mayor fetiche es que me hagan una mamada.

    En una noche, estaba a punto de ducharme. Pero en ese momento me sentía algo cachondo. Me quite la ropa y me metí a la tina, luego me nació una erección de esas repentinas. Con mi pene de 15 cm y algo grueso como 4 cm totalmente parado no podía evitar en pensar en Carmen y en cómo sería yo follandola. Me quedé estático en la tina y me inicié una paja rápida. Me agite hasta escupir semen en el piso de la tina que luego se iría con la corrida del agua.

    Descubrí que sentía cierto fetichismo por las mujeres maduras. Sentía que podían consentir más a un hombre. En Facebook encontré a Carmen y tenía unas ganas de escribirle pero me sentía súper tímido, no podía decirle que quería matar las ganas con ella. Sentía que saldría de mi zona de confort.

    Pasa un mes, normal con mi rutina de hombre soltero, luego de acompañar a mi madre de la iglesia, al acostarme a dormir, o al menos tratando de dormir, la odiosa y fastidiosa erección que siempre me ataca. Ya cansado de una vez decidí escribirle a Carmen.

    -hola soy yo el gordito. Cómo estás

    Pasaron 7 minutos hasta llegar su primera respuesta:

    -hola estoy bien, que raro que me escribas

    Yo: solo quería saber ya que tengo muchos días que no voy a casa de Santiago y tampoco la he visto a usted

    Carmen: ahhh qué dulce. Yo sí voy allá casi a diario a hablar con su abuela, pero porque me escribes? Paso algo con Santi?

    Yo: no, nada pasó con el. Solo era yo que quería preguntarle el porque hacía esos comentarios hacia mi. Esos comentarios tan provocativos.

    Carmen: así hablo, siempre fui extrovertida a pesar que ya no estoy para esos juegos. Pero que curioso, porque preguntaste? Te gustaron mis halagos?

    Yo: no estás mayor para ser extrovertida, aún puedes serlo pues te hace lucir mejor. Y bueno si, me gustaron tus comentarios ya que no he podido pensar en ti.

    Carmen: Andrés! Jamás pensé que tendrías gustos hacia mujeres como yo.

    Yo: me gustaría que nos viéramos.

    Finalizando la conversación, sorprendentemente nos proponemos darnos nuestro primer encuentro en su casa totalmente en secreto, los testigos serían las 4 paredes. Ella vive sola ya que Aceves su hijo la visita pero el día del encuentro no tendría visitas. El día de mañana sería el día que por fin comería algo de carne, carne vieja pero era carne. Sin mencionar que tenía como 9 días sin masturbarme por lo tarde que llegaba del supermercado donde trabajaba.

    Ya llegado el día (el cual dormí poco quizás por lo emocionado) me preparo para ir a la casa de Carmen la cual está a dos cuadras antes de la casa de mi amigo Santiago. Me preparé bastante básico, una camiseta y un blue jeans. Ya yendo paso por una farmacia y compro dos condones y luego sigo hacia la casa de Carmen.

    Cuando llegó allá tocó la puerta y espero, luego escucho su voz que dice

    -quién es?

    Le respondo: soy yo Andrés

    Ella responde: -Papi al fin llegaste

    Abrió la puerta y la veo en una bata rosada. Me toma del hombro y me dice: -Pasa rápido

    Paso a su sala y mientras cruzamos miradas me pregunta

    -vamos?

    Le respondo: -claro vamos

    Ella camina hacia una habitación al lado derecho de la sala y pasamos a un cuarto casi vacío que solo tenía una cama individual, no tenía aire acondicionado así que era algo caluroso.

    Ella me mira y me dice: -quieres ver?

    Sutilmente se quita la bata y tenía puesto una tanga sin brasier. Su cuerpo blanco como un papel. Tenía sus defectos como celulitis y sus senos no Lucían tan caídos, la verdad que no me importaba. Al verla tenía mis ojos completamente abiertos y me dio señal que era hora de empezar. Luego se sentó en la orilla de la cama y me hizo un gesto con su dedo diciendo «ven».

    Tomo mi camiseta y me la quito mientras voy hacia ella. Ella dice: que rico te vez (a pesar de mis rollos y mi abdomen gordo se veía excitada conmigo). Ya cerca de ella me desabrocho el pantalón hasta bajarlo y quedar en bóxers.

    Ella con sus dos manos en cada lado toma mi bóxer y lo baja. Mi miembro estaba inflado pero no erecto. Le digo con firmeza: -Ven, dame una mamada.

    Me siento al lado de ella mientras le tocó su caliente y peludito coño, le bajo su tanga hasta las rodillas para meterle los dedos en su coño. Mientras ella baja su cabeza hacia mi abdomen tomando mi verga semierecta. Luego empieza a meterse mi verga a su boca y es cuando empiezo a sentir su lengua acariciando mi cabeza. Lento y sutil, luego levantó la cabeza y miró que mi verga ya está parada 15 cm palpitando, retiro toda la cabecilla hacia atrás hasta dejarme la cabeza pelada. Me miró y me dijo: -Tu verga está rica

    Yo con mis dedos metidos en su coño y ella bajando de nuevo hacia mis bolas. Me empieza a dar otra mamada pero más agitada. Mientras ella subía y bajaba rápido no podía contener mis gemidos. Eran tipo ohh ohh con respiro profundo, pero eran inevitable los gemidos que me sacaba Carmen.

    La detuve. Puse sus manos en su cabeza y la levanté. Mientras me levanto de la cama la tomo por la cintura y la pongo en cuatro en la punta de la cama. Ella me dice:

    -Me quieres clavar?

    Le respondo: -ya no aguanto

    Estaba tan desenfrenado ese día que ni los condones me puse. Ella estando en cuatro le tomo sus nalgas separándolas para meter mi verga en su coño, en lo que se lo pongo doy la primera metida, empiezo a metérselo suave pero luego aumento velocidad y le empiezo a dar más rápido que se empezó a escuchar el golpeteo un poco fuerte en el cuarto. Tome con mis dos manos sus hombros mientras estaba dándole por atrás, sus nalgas rebotaban como gelatina cada vez que chocaba con ellas. Pero valla sensación tan rica no podía callarme de tanto gemir. El cuarto solo se escuchaban los gemidos de Carmen y los míos más los golpeteos de la cogida.

    En ese momento Carmen me dice que pare. Le saco mi verga de su coño. Y le pregunto qué pasa? Ella me dice que intentemos otra pose. Yo contento le digo «dale». Ella me toma la mano para que me acueste en la cama. Mientras me acuesto ella se pone encima de mi tomando mi verga y metiéndoselo de nuevo en su coño.

    Ella empieza a brincarme encima mientras yo le tomo sus senos y empiezo a acariciarlas con ese mis manos. Ella baja su cabeza hacia mi abdomen besándolo subiendo hasta mi boca. Yo empiezo a meterle manos en su culo suave mientras ella se menea y me sigue besando.

    Ya con minutos en esa rutina con el calor del cuarto y pegados uno encima del otro estábamos completamente sudados, y ya podía sentir mi verga a punto de explotar. Ella empieza a menearse mar rápido y yo con los gemidos que no me dejaban hablare digo en tono agudo «para que me voy a venir». Ella sin hacer caso siguió moviéndose hasta que grite mi más fuerte gemido. «Ooohhh». Solo sentía el semen caliente metido en su coño. No se cuántas veces mi verga escupió leche dentro de ella pero se sentía todo el líquido viscoso dentro de su coño. Ella cuando paro de coger me pregunta:

    -Te gustó?

    Yo: gracias por quitarme está atadura que tenía.

    -si quieres podemos volverlo a repetir.

    Estando minuto y medio ella encima de mi. Levanta su culo y cae sobre mi leche viscosa saliendo de su vagina que empieza a caer sobre mi barriga, mi verga cayó hacia atrás totalmente derrotado sin fuerzas para luchar. Mientras yo estoy bañando de mi propio semen tomo a Carmen por la cabeza hacia mi barriga sudada con leche y ella con su lengua empieza a lamerla, yo con mi mano tomando cabeza le digo: «límpiala toda». Ella subiendo su cabeza hacia mi cara con su boca blanca y viscosa me da un beso donde pruebo mi propio semen. Ácido y amargo. Luego ella se levanta y sale del cuarto.

    Tomé su hilo que estaba en el suelo y me limpie con ella. Me pongo de pie buscando mi ropa hasta que la encuentro y me visto. Ella me despide con un beso en la boca y me voy de su casa.

  • Seduciendo a mi roomie

    Seduciendo a mi roomie

    Relato anterior: Enculando a mi novia en cama de su amante. Dejo el enlace al final del relato.

    Arturo se había marchado y la calentura me estaba sobrepasando, la esperada despedida que pensaba darle en esa semana después de su regreso de Monterrey no fue posible y para colmo a mi novia le dio por jugar con mi colita en el último encuentro que tuvimos, lo que aumentó mis deseos de estar nuevamente en los brazos de un macho, un macho que calmara mi ansiedad, que me hiciera sentir su hembra, su puta, sentía un ardorcito, una comezón en el culo, una pasión que necesitaba ser calmada de alguna forma.

    Pensaba cada día en Arturo y las aventuras que pasamos juntos, inconscientemente empecé a fijarme en los bultos de otros hombres en la calle, de mis compañeros de clase, mis maestros, así como sus espaldas, hombros, piernas o incluso en las manos de pasajeros del metro y las cuales llegaban a rozar las mías al ir sujetos en las barras metálicas, estaba como atontado, cuando reaccionaba trataba de quitarme esos pensamientos, pero volvían recurrentemente y tratando de calmar mi ansiedad entraba a páginas pornográficas de todo tipo, videos, encuentros, chats y me masturbaba con los videos o leyendo los perfiles de machos en las páginas de encuentros, confieso que estuve tentado a escribir a alguno de esos contactos, pero era muy temeroso a tener sexo con un desconocido y contraer alguna enfermedad, por lo que nunca llegué a concretar nada.

    Estaba en mi última semana de clases, cuando sucedió lo impensado, por entrar a páginas de dudosa procedencia, mi computadora se infectó con un virus y afectó a todos los archivos del disco duro, entre los que se encontraba un trabajo final que debía entregar en un par de días y del cual no tenía respaldo actualizado. Se trataba de una materia teórica, a la cual no fui muy asiduo a asistir por aburrida y la calificación final dependía de ese trabajo final. A pesar de mis explicaciones y ruegos, la maestra fue implacable, no aceptó darme una prórroga y me reprobó.

    Era buen estudiante y esa fue mi primera y única materia que reprobé en toda mi carrera, para colmo esa materia era prerrequisito para dos materias que pensaba llevar el próximo semestre lo que afectaba mi plan de estudios, la única forma de recuperarme sería tomar esa materia en un curso intensivo de verano, lo cual afectaba también mis planes con Adriana. La familia de Adriana era de un pueblo de Guanajuato colindante con Jalisco y al terminar clases se iría para allá tres semanas, las mismas que yo iría a Tampico a visitar a mi familia y posteriormente me iría de Tampico a Guanajuato, donde me esperaría Adriana y toda la familia y nos iríamos una semana completa a una playa de la Riviera Nayarita llamada Rincón de Guayabitos a donde la familia de mi novia solía salir de vacaciones y posteriormente regresaríamos al pueblo de Guanajuato otra semana más antes de regresar a la Ciudad de México.

    A pesar de la tristeza de mi novia y de mi familia, después de pensarlo bien, no me quedó más remedio de apuntarme al curso intensivo, no podía darme el lujo de afectar mi plan de estudios y así se lo hice saber tanto a mi novia y familia, quienes comprendieron mi situación, ni viajaría a Tampico, ni con mi novia.

    Como les había comentado con anterioridad, compartía departamento con otros dos amigos, uno de ellos llamado Pablo, moreno, muy alto, como de 1.84 o 1.85 mts, piel apiñonada, complexión normal, ni pasado de peso, ni flaco, tampoco un cuerpo muy atlético, con una ancha espalda, pelo negro, ligeramente ondulado, y un poco velludo de piernas, pecho y brazos, no le gustaba el futbol, solía jugar basquet y Luis, de cuerpo muy delgado y piel muy blanca, pelo negro y lacio, completamente lampiño, usaba anteojos y era la imagen del clásico nerd de las películas y de cuyo familiar era el departamento en el que vivíamos, el cual, como ya había comentado era de 3 recámaras, con 2 baños uno de los baños se encontraba en el interior de una de las recámaras y por ser Luis el familiar del dueño del departamento le correspondió la recámara con baño propio y a Pablo y a mí nos tocó usar el baño compartido.

    Luis era un buen estudiante, pero Pablo no tanto, por lo que también reprobó una materia (distinta a la mía) y también se anotó para cursarla en curso intensivo de verano, Adriana salió de vacaciones y se fue a Guanajuato y lo mismo pasó con Luis que se fue a su pueblo.

    Las clases intensivas eran de dos horas diarias de Lunes a Viernes, por lo que nos quedaba mucho tiempo libre, a pesar de las tareas y al no haber futbol por estar el torneo en receso por vacaciones, me metí al gimnasio de la escuela, el cual continuaba abierto por las clases de verano, sólo para hacer un poco de caminadora y no perder la condición física ante la ausencia de torneo de futbol y mis entrenamientos normales.

    El primer día de clases intensivas, después de salir me encontraba en la sala viendo TV, cuando llegó Pablo y se metió a bañar, me levanté a la cocina a servirme un refresco, justo cuando sale Pablo, desnudo y con la toalla al hombro frente a mí, no pude evitar quedarme viendo su bulto al caminar, era de un tamaño bastante considerable a pesar de estar flácida, su verga no estaba circuncidada y el prepucio cubría toda la cabeza de su verga, aun así, se dibujaba cabezona bajo el prepucio, sus huevos eran grandes y se bamboleaban al caminar. Ciertamente era costumbre de Pablo salir desnudo rumbo a su cuarto después de bañarse, incluso ya lo había visto en otras ocasiones, pero nunca lo había observado tan detenidamente como en esa ocasión, y no estaba nada mal, esa noche soñé con Pablo y su hermoso nabo, por primera vez lo veía de una forma diferente, algo más que un amigo, no sé, tal vez fue mi necesidad de encontrar un macho, y en esta ocasión no podía ser alguien más cercano, alguien que vivía en mi mismo departamento.

    Estaba muy cachondo y al otro día se me ocurrió tenderle una pequeña trampa para saber si habría alguna oportunidad de algo más, fui al gimnasio como de costumbre y no me bañé en el gimnasio sino que esperé para bañarme en casa, al llegar estaba Pablo en la sala viendo la TV y lo saludé al entrar, dejando mi maleta «olvidada» a un lado de la TV, me metí a bañar y salí desnudo con la toalla en el hombro, pero en lugar de irme a mi cuarto me dirigí a la sala en busca de mi maleta, allí de espaldas a Pablo me agaché para abrir la maleta con las piernas ligeramente abiertas y sin flexionar las rodillas, exhibiendo mi trasero desnudo, en esa posición tenía las nalgas entreabiertas y sentí el aire fresco acariciar mi agujero, así que estaba seguro que mi fruncido y rosado esfínter alcanzaba a quedar a la vista de Pablo, tarde un poco, “buscando” mi ropa interior y me la puse sin dar vuelta, estaba nervioso y mi corazón palpitaba fuerte, sentí una descarga de adrenalina, como si estuviera realizando una acción de riesgo, sentí su mirada en mi trasero, pero no hizo comentario alguno, cuando di media vuelta, noté que estaba un poco ruborizado y dirigió rápidamente la vista a la TV, nervioso, me despedí y me dirigí a mi cuarto, antes de entrar, sin que él viera, desvié mi mirada y alcancé a notar que se acomodaba su verga, la cual seguramente había crecido, sin embargo, Pablo no era Arturo o Roberto, no era suficiente el que le mostrara el culo para abalanzarse sobre mí como esos otros dos machos.

    Pablo era mi amigo y mi compañero de departamento, y no me atrevía a dar el siguiente paso, temía que, si me descubría, podría perder su amistad, llegarse a correr el rumor en la escuela, llegar a perder a mi novia e incluso ser echado del departamento por “puto”, el siguiente día, pude notar cierta turbación en Pablo, la que trataba de disimular, simulé no darme cuenta. En la tarde le ayudé con su tarea, él sentado en el escritorio y yo tras él, inclinado sobre su nuca, mirando la pantalla y explicándole cerca de su oreja, me atreví a posar mi mano en su hombro y sentí que dio un ligero respingo nervioso, mi mano también sudaba un poco, llegó a mi nariz su fragancia, su olor y aspiré profundo, en cierto momento acerqué mi cara tanto a la de él simulando no ver bien el monitor, que llegué a sentir el roce de su mejilla contra mi barbilla, un ligero roce que me estremeció, un escalofrío recorrió mi cuerpo, me contuve para no darle un beso, la explicación fue breve, mi verga se estaba poniendo dura y me delataría, por lo que tan pronto terminé la explicación di vuelta rápidamente y me retiré a mi cuarto a masturbarme, fantaseando con Pablo.

    La siguiente oportunidad se dio el viernes siguiente, llegó Pablo bebido y en un estado triste y afligido, se había peleado con su novia y me tocó reconfortarlo, lo invité a un bar cercano al departamento, para ahogar sus penas y empezamos a beber, en el caso de Pablo, más de la cuenta, durante la noche, en cierto momento se puso a llorar y le ofrecí mi hombro para consolarlo, como un chiquillo, a pesar de su gran estatura, me atreví a acariciarle el pelo con mi mano para reconfortarlo, después de desahogarse, me agradeció mi amistad y me abrazó al calor de las copas, lo abracé fuertemente sintiendo el calor de su cuerpo, su pecho, sus brazos, su espalda, al tiempo que le brindaba palabras de aliento, en cierto instante nuestras orejas se rozaron y sentí una corriente de electricidad recorrer mi columna vertebral.

    Al regresar al departamento apenas podía sostenerse en pie, lo conduje apoyado sobre mi hombro, me dijo que iba a vomitar y lo conduje al baño vomitando en la taza, un olor desagradable envolvió el baño y rápidamente le bajé a la palanca, lo ayudé a incorporarse, noté que al vomitar manchó un poco su camisa, le ayudé a quitársela y meterla en el bote de ropa sucia, no podía dejarlo así y le dije que necesitaba un baño, por lo que abrí la regadera y esperé a que saliera el agua tibia, le ayudé a quitarse el pantalón y me quité mi camisa para no mojarla, no me atreví a quitarme el pantalón para disimular mi turbación, estuve tentado a quitarle el bóxer pero tampoco me atreví, lo metí a la regadera solamente con su bóxer y tomé el jabón, lo pasé sobre su pecho velludo acariciando sus vellos y piel en el acto, alcancé a rozar sus pezones con la yema de mis dedos y su bulto creció, fingí no darme cuenta, el mío también estaba creciendo y le pedí dar media vuelta para que no viera mi bulto, continué con su espalda, trataba de concentrarme en bajar mi erección, algo difícil, pero logré controlarme un poco, acerqué una toalla y le ayudé a secarse como un bebé. Después del baño estaba más reanimado y salió sin ayuda del baño, lo seguí a su cuarto preguntando si requería alguna ayuda, me pidió que le acercara un bóxer, y cuando se lo di se quitó el bóxer mojado, alcancé a ver su verga morcillona, efectivamente había crecido, no al punto de erección, se vislumbraba la punta de su verga saliendo del prepucio, rosada y brillante, se puso el bóxer limpio y me dio las gracias por apoyarlo, todavía le tendí mi hombro para ayudarlo a acostarse, la piel de su torso desnudo, tibio, tocando el mío, sin poderlo evitar mi piel se erizó, mi verga nuevamente se puso dura y rápidamente me dirigí a mi cuarto para que no lo notara, nuevamente me hice una paja rememorando la experiencia vivida y caí profundamente dormido.

    A partir de ese día fuimos más cercanos, la siguiente semana se reconcilió con su novia, pero ésta también se fue de vacaciones con su familia, pasábamos mucho tiempo juntos, en la noche había un partido amistoso de la Selección Mexicana y lo invité a verlo en la pantalla de mi cuarto, ambos muy cómodos, yo con un short y una playerita y el con una playera sin mangas y un pants, sacamos un six de cervezas y preparamos unas palomitas y celebramos la victoria de la Selección, todo muy normal, pero en secreto era un tormento estar cerca de Pablo, intuía que a él también le pasaba algo similar.

    La tercera semana trajo una película de acción y un reproductor de DVD que tenía en su cuarto y nos pusimos a verla en la noche en mi cuarto, ambos recién bañados y usando solamente un bóxer cada quien, al iniciar la película estábamos ambos sentados recargados sobre la cabecera de la cama y comiendo palomitas y refresco, poco después de la mitad de la película me acosté en la cama, mientras Pablo seguía sentado, de reojo podía ver el bulto de Pablo a centímetros de mi cara, me estaba poniendo cachondo y simulé quedarme dormido, y “dormido” di media vuelta en dirección a Pablo, mi nariz rozó la tela de su bóxer, alcanzaba a percibir el aroma a jabón y me atrevería a decir que el de su verga, una situación muy cachonda, Pablo me habló y simulé no escucharlo, “profundamente” dormido, al ver que no respondía, se atrevió a sacar su verga de su bóxer, de reojo alcancé a verla y era impresionante, tan gruesa como la de Arturo aunque no tan larga, me atrevería a decir que unos 19 o 20 cm., se masturbó lentamente, tratando de no “despertarme”, la cabeza de su verga aparecía y desaparecía de mi vista, majestuosa, estaba seguro que no le era indiferente y esa masturbación era por mí culpa, estaba muy nervioso, mi corazón palpitaba fuerte, en un instante alcanzó a rozar con su verga mi mejilla, un ligero roce, sentí el calor de su verga, sé que era el momento indicado para ir más allá, de “despertarme” y apoderarme de su verga, pequé de lento, tenía mucho miedo, nervios, estaba indeciso, sin saber que hacer, después de unos minutos de masturbarse, no llegó a acabar, se levantó de la cama y se dirigió a su cuarto, dejándome caliente a más no poder. Estaba seguro que Pablo también quería algo más, pero ninguno de los dos se atrevía a dar el siguiente paso.

    Dos días después trajo otra película de acción, en esta ocasión después de asearme me puse un bóxer muy fino que se pegaba como guante a mi piel, muy elástico, no acostumbraba usar ese tipo de bóxer, pero fueron un regalo de mi novia, que regalo tan extraño pensarán, pero fue resultado de un pequeño malentendido, en cierta ocasión cuando íbamos a coger al quitarme el pantalón traía puestos unos bóxer algo viejos, gastados y con algunos agujeros, no es que me faltaran bóxer, si no más bien, el clásico todavía aguanta otra puesta, común entre los hombres, pero mi novia pensó que si los necesitaba y me regaló una caja con 6 bóxer, los cuales decía que me quedaban muy sexy y los usaba cuando cogía con ella.

    El bóxer se ajustaba a mi piel a la perfección, marcaba mi bulto y también mis nalgas, la telita se metía entre ellas, simulé nuevamente dormir a mitad de la película, creí que hacer lo mismo que la ocasión anterior sería sospechoso, por lo que en esta ocasión di media vuelta en dirección contraria a Pablo y simulé dormir, con mi trasero expuesto a la vista de Pablo, estaba esperando que se atreviera a dar el siguiente paso, algún movimiento, se acercara a mí, sentir su cuerpo, su calor, acariciara mis nalgas o hiciera cualquier clase de acercamiento, pero no lo hizo, solamente sentí que la cama se movía ligeramente, seguramente se estaba masturbando viendo mi culo, pero no hubo nada más, terminando de masturbar se levantó y se fue a su cuarto.

    Llego el viernes algo cambió, en esta ocasión, la película que trajo Pablo era una película pornográfica y me dijo.

    Mira Ariel, no te gustaría ver esta película en tu pantalla, ja ja, se ha de ver muy chingón, ¿no crees?

    La tomé entre mis manos y vi que era una película de sexo anal entre maestros y colegialas, ahí intuí que esa noche era la indicada, no creo fuera casualidad que la película fuera anal y además de colegialas, mi corazón empezó a palpitar más rápido.

    Ufff, si, vamos a ponerla, llevo tres semanas desde que se fue mi novia y necesito descargar, ja, ja, ya no aguanto- respondí

    Igual yo, mi novia también se fue y también necesito descargar, ja, ja, no vaya a ser que un día te desconozca y te clave, ja ja- agregó Pablo, y la respuesta, aunque en tono de broma, no me pareció tan de broma, más bien me pareció una insinuación, así que no me defendí, solo sonreí y me dirigí a ponerla en el reproductor de DVD. En la pantalla empezaron a salir los créditos iniciales junto con escenas porno de mujeres siendo enculadas por enormes vergas y rápidamente nos pusimos cachondos, ambos recargados sobre la cabecera de la cama y de reojo vi que Pablo empezó a sobarse la verga sobre la tela del bóxer.

    Imité a Pablo, sobando mi verga, simulando ver la película cuando en realidad veía de reojo la verga de Pablo, el bulto era enorme, ya no cabía en sus bóxer, larga y muy gruesa,

    Minutos después sacó su verga, quedé estático viéndola, tanto que mi boca se abrió inconscientemente, en señal de asombro, por fin la veía en todo su esplendor, empezó a masturbarse, jalando el pellejo de su prepucio, el enorme hongo aparecía y desaparecía bajo la delgada telita de piel, una cabeza grande, rojiza, brillante, se notaba húmeda, cuando la cabeza aparecía me daba la impresión que apuntaba a mi cara, veía claramente el ojo de la cabeza frente a mis ojos, insinuante, exhibiéndose ante mí, una serpiente de un solo ojo que me tenía hipnotizado, creo que apuntaba a propósito a mi cara y no podía dejar de mirar.

    Saqué mi verga imitando a Pablo disimulando mi turbación, mi cara en dirección a la pantalla, pero de reojo mi vista continuaba fija en su verga, ambos estuvimos pajeándonos lentamente cuando me hace una propuesta:

    ¿Porque no nos masturbamos uno al otro?, ¿te parece Ariel?,

    Lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato.

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    Relato anterior:

    Enculando a mi novia en cama de su amante

  • Anulación matrimonial

    Anulación matrimonial

    «Ay, sí, sí, cariño, así», suspiraba Gema bajo el cuerpo de Damián, penetrada por la polla de este. «Mmm, sí-sí, sigue, sigue», murmuraba Gema con voz suplicante porque su orgasmo iba a llegar de un momento a otro y debía apremiar a Damián, que ya se había corrido, para que continuara follándola. «Oh, no, no te pares, cariño», dijo con decepción Gema todavía con la polla de Damián en el coño; «Lo siento, amor, no puedo más», dijo Damián mientras salía del cuerpo de Gema; después cayó derrengado bocarriba sobre el colchón junto a Gema. Ambos se quedaron en silencio, respirando agitadamente, durante varios minutos. Luego habló Damián: «No te ha gustado»; «A ver, sí, cariño, pero no me he corrido»; «No siempre puedes…»; «¿Y tú sí, tú siempre puedes?»; «Es que, amor, lo de los hombres es distinto»; «Distinto, distinto», repitió Gema despectivamente, «voy a tener que pedir la anulación de nuestro matrimonio si esto sigo así», dijo Gema; «Supongo que bromeas», dijo Damián, desconfiado; «Sí, cariño, bromeo», río Gema, «sabes que te quiero un montón»; «Y yo a ti».

    ¿Cómo no iba a querer Damián a Gema?: una mujer tal que Gema es poco común. Tenía Gema un cuerpo carnoso y sonrosado con unas medidas excepcionales. Tener cerca a Gema era igual a tener una erección. Los pies pequeños, las piernas bien torneadas culminadas por muslos confortables, las caderas anchas, el pubis oscurecido, la cintura fina, las tetas grandes, los pezones desafiantes, el cuello delgado y suave, los hombros muy femeninos, el rostro ovalado y bello, el cabello azabache, todo, todo en su fisonomía era deseable. ¿Cómo no iba Damián a temer el día que se quedase sin tamaño entretenimiento? Damián volvía siempre a casa con la ilusión por encontrar a Gema desnuda dormitando en la cama por la mañana temprano; él, entonces, se quitaba el uniforme de guarda que olía a noche y a detritus, destapada a Gema y, apenas había acariciado su coño unos instantes, se subía sobre ella, le abría los muslos y la follaba: «Ay, sí, sí, cariño, así».

    Sin embargo, aunque él nunca lo admitiría, ni ahora ni en un futuro, Gema era demasiada mujer para Damián. Sí, Damián era un hombre alto, fornido, corpulento, muy macho, de bonitos ojos azules y cara bien dibujada, pero… le faltaba algo importante para sujetar a una mujer a su lado: la ternura. Damián era impulsivo, iba a lo suyo y creía que eso era lo correcto y que eso era lo que una mujer necesitaba. No. Damián, no. ¡O sí!, pero ¿cuánto tiempo iba a estar una mujer soportando a un hombre que no le proporcionaba orgasmos, procurándoselos ella misma en la íntima soledad de su salita de estar cuando veía pelis porno mientras su marido trabajaba, como era el caso de Gema? ¿Cuánto tiempo, Damián?

    «Señora, le estoy ofreciendo un descuento en la factura de la luz nunca visto, permítame entrar y se lo explico con detalle», dijo el comercial a Gema frente a la puerta semiabierta de su domicilio. Gema, a esa hora se la tarde; sola en casa, pues Damián había sido reclamado para un servicio especial en el Palacio de Congresos. Las seis de la tarde. El sol alumbrando su salón débilmente y Gema, cubierta únicamente por una batita de andar por casa atendiendo solícita a un comercial que olía a plaza y a súper. Tan cerca uno del otro junto a la mesa camilla; a tan pocos centímetros de distancia sus rostros: el cabello largo de él rozándose con el de ella, los dientes blanquísimos de él fotografiados por los ojos de ella, y el beso lánguido el primero, apasionados los siguientes, y el paquete que crece y que ella libera, y la batita que cae y se pliega en los finos tobillos… Efusiva esta carnalidad de dos cuerpos que se entremezclan hasta que se forma el ángulo recto cuya base es ella tumbada de espaldas sobre la mesa camilla con las piernas flexionadas mostrando el ahuecado centro que él se ocupa de taponar, emotiva su sensualidad. «Ay, sí, sí, cariño, así». Y no es a Damián a quien Gema anima, es a un joven que ya se ha preocupado de que la amante de la que está a punto de disfrutar también disfrutará, y para ello, antes de que ella se abriera de piernas, él ha estado arrodillado, con su boca pegada al coño de ella, sorbiendo los jugos manjares, libando con su lengua el dulce néctar que mana de las entrañas de Gema que ahora grita exultante: «Sí, sí, siiiií», cuando se corre. «Oh, oh, uff, tía, tía, qué buena estás, tía, uff, uff, oohh». Se ha corrido después el comercial, alucinado por la suerte que ha tenido, y hubo más: no sólo de pan vive el hombre.

    Cuando Damián llegó a su casa, se encontró a Gema desnuda y despatarrada en el sofá de la salita de estar, iluminada por una lamparita de noche situada en una cómoda cercana. Era la una de la madrugada. El servicio especial de Damián le había permitido volver a su hogar, no con los primeros rayos de sol, como habitualmente, sino con la luna llena brillando a través de los cristales, con una noche entera por delante. «Gema, estás despierta», dijo Damián; «Mmmm, sí, cariño», dijo Gema con los ojos cerrados, excitando sus genitales con dos dedos. El sofá colmado de voluptuosidad, de curvas y pliegues, de cuero joven y caliente. «¿Qué haces, Gema?», preguntó desconcertado Damián; «Tú qué crees, cariño, me masturbo», dijo Gema distantemente; «¿No prefieres que te folle, no tienes bastante conmigo?»; «Cómeme el coño, cariño, por favor», pidió Gema. Damián se acercó hasta el sofá, se sentó a los pies de Gema, e inclinando el torso metió la cabeza entre los muslos. Gema rio. Damián, perplejo, chupó un poco el chocho de Gema, luego se irguió y, de rodillas sobre un cojín, se desabrochó el pantalón y se sacó la polla muy empalmada. «Espera, cariño», dijo Gema, «espera, voy a abrir la cristalera de la terraza, huele a tabaco»; «Es verdad, y ni tú ni yo fumamos»; «Cierto, quiero…, no sé, llevarme un recuerdo…, no sé, ven, Damián, ven conmigo, saldremos a la terraza, ven…, si, aquí, junto a la barandilla, asomémonos, qué bonita está la luna, ay, venga, date la vuelta, ponte frente a mí, mmmm, todavía estás empalmado, voy abajo y te la chupo, chuc, chup, chuc, ay, cariño, qué bien sabes, chuc, chup, chuc». El relente de la noche enfriaba los hombros de Gema sobre los que Damián apoyaba las manos. A cada vaivén de la cabeza de Gema, Damián se sentía mejor, más pletórico y la polla estaba a punto de estallarle a Gema en la boca. «Joder, qué gustazo», pensaba Damián, «qué mamada, nadie tiene una mujer como la mía». «Uff, amor, oh, me voy a correr ya mismo», avisó Damián; «Sí, córrete, cariño, hazlo», dijo Gema escupiendo unos segundos la polla de Damián de la boca, y siguió, «chuc, chuc, humm». Damián fue a tocarle las tetazas a Gema para así obtener más placer; entonces, sintió algo pegajoso en la palma de la mano: era como pegamento seco, entre las tetas de Gema, en el canalillo, era…, era…, era semen viejo. Se iba a correr, sí, pero no lo a gusto que hubiera deseado, pues el descubrimiento que había hecho lo conturbó; eso y el olor a tabaco: de seguro, Gema había estado con otro hombre. Esperaría a que Gema terminara lo que estaba haciendo, esperaría a «oohh, Gema-aahh». Espasmos eléctricos recorrieron la ruda fisonomía de Damián, después se vio sujetado por las rodillas, se vio elevado, su culo sobre la barandilla y luego el cielo azul oscuro moteado de estrellas y las ventanas del edificio desfilando de arriba a abajo, y el golpetazo. Gema oyó el pringoso estallar de huesos sobre la acera y pensó que sí, que su matrimonio había sido anulado.

  • Volviendo del trabajo, de nuevo sexo a tope mi mujer con…

    Volviendo del trabajo, de nuevo sexo a tope mi mujer con…

    Aún no me había repuesto de lo de esta semana con la follada de culo que le ha hecho mi amigo a mi mujer, cuando no hace ni dos horas, al entrar por la puerta de casa, me he encontrado con una situación alucinante.

    En la mesa había 3 botellas de rosado vacías, un juego de mesa erótico, ropa masculina y la ropa de mi mujer tirada por el suelo, con sus correspondientes bragas y dos calzoncillos.

    He entrado en el pasillo y he oído como charlaban mi mujer y dos hombres, susurrando, riendo y gritándose tonterías, como que había de empezar ella con ellos y Eli, mi mujer decía que no, que ellos eran los que habían de empezar.

    -Y tu marido?

    -Qué pasa con él?

    -Tardará mucho en llegar?

    -Suele tardar y, solo son las 10. Tranquilos y dejaros llevar coño…

    Uno de ellos, fuerte y musculoso, se acercó a los labios de mi mujer y los besó lentamente, mientras acariciaba sus grandes tetas.

    Ella cerró los ojos y se dejó llevar, mientras el otro amigo prefirió atacar su tesoro. Cuando me di cuenta, este lamía con suavidad su deseado coño, que siempre había comido yo y ahora lo hacía otro, por cierto con resultados alucinantes.

    El cuerpo de mi mujer disfrutaba como una golfa y verla en ese estado, era pura poesía.

    El otro amigo era un poco gordito y fue a este a quién inició mi mujer la primera de las mamadas.

    El tío gozó como un campeón porque mi mujer iba pasando sus labios y lengua lentamente, por todo el gran y erecto pene.

    Las caricias entre unos y otros eran espectaculares y los besos lujuriosos y llenos de pasión, realmente alucinantes.

    Cuando me di cuenta, ella era complacida por el musculoso y ella, con la gran mamada hacía gozar al gordito.

    -Os apetece mojar un poquito?

    -Si, claro- respondieron los dos.

    Ok- aclaró ella.

    Abrió su cajón y sacó entre unas bragas una caja de gomas empezada.

    -quién empieza?

    -yo mismo- respondió el musculoso.

    La introdujo suave y mi mujer empezó a respirar con suavidad, luego con más agitación y al final los gritos eran una sinfonía de auténtico placer.

    -PEDAZO CABRON! Gritaba y sin que ella se diera cuenta, el otro besaba su cuello, sus enormes tetas y la besaba.

    -ufff, sois la polla, que placer!

    El musculoso empezó a gritar:

    -Joder, me corrooo.

    Y lo hizo en su interior, con la goma.

    Eli lo besó en los labios y le sonrió.

    -Y tú, que?

    Se dirigía al gordito.

    -No sé…

    El musculoso se quedó al lado, para mirar…

    Y vio lo mismo que yo.

    La pedazo comida de polla que hizo mi Eli a su amigo y como, cuando finalizó, le manchó toda la cara con una lefa espesa y llena de placer.

    Gracias amor, cada vez te amo muchísimo más.

  • Mi prima y yo cogiendo en el hotel donde trabaja

    Mi prima y yo cogiendo en el hotel donde trabaja

    Hola espero y estés bien en esta ocasión les contaré una corta experiencia que tuve con mi prima en su trabajo.

    Espero y les guste tanto como a mí al escribirla

    Esto pasó hace un par de meses cuando mi prima me fue a visitar a la casa de mis papás «ya que en ese tiempo estuve con ellos mientras arreglaba unas cosas de mi departamento».

    Era un día caluroso en la que se antojaba estar con poca ropa estaba aburrida en mi cuarto hasta que de pronto tocan la puerta a los pocos segundos mi mamá abre la puerta y a lo lejos veo que es una chica «en ese momento no la reconocí» minutos después salgo de mi cuarto y veo que es mi prima nos saludamos y empezamos a conversar las 3.

    Mi prima tiene 27 años es un poco chaparrita de buen cuerpo pechos promedio y al igual que yo tiene un pequeño y firme trasero por el ejercicio trabaja de recepcionista en un hotel en la que a veces «por lo que me cuenta» conoce a gente famosa o adinerada y si le va bien puede conseguir uno que otro autógrafo o foto.

    Después de la larga plática decido llevarla a mi cuarto ella accede sin ningún problema nos levantamos del sofá y nos vamos a mi habitación seguimos la plática y un par de minutos le digo.

    – Por qué estás aquí

    – ¿Acaso te molesta?

    – Para nada solo que como llegaste sin avisar

    – Jejeje, no te preocupes lo que pasa es que estoy de vacaciones y regreso hasta la próxima semana y me acordé de ti y quería ver a mi prima favorita

    – Ya veo, pero me hubieras avisado y organizaba algo para salir las 2 a alguna parte

    Así estuvimos hablando por algunas horas hasta que de pronto ni prima sube un poco de tono la conversación.

    – Y cómo vas con tu trabajo de profesora

    – Me va muy bien

    – Que bien por qué si fuera tú yo ya lo hubiera hecho con algunos de tus alumnos ya ves lo que dicen los jóvenes aguantan mas

    -…

    – O apoco no te se te quedan viendo tu trasero cuando estás escribiendo en el pizarrón

    – Jejeje la verdad no le doy importancia a eso, pero no niego que pasa

    Y mientras ella seguía hablando y elogiándome sobre mi trabajo a mi prima se le ocurrió una idea al mismo tiempo que descubrí lo que más le gusta.

    – Oye y si vamos a un antro y buscamos a unos buenos hombres para que nos cojan

    – Pero tú sabes muy bien que no me gustan esos lugares

    – Pero tú mamá me dijo que fuiste a uno el año pasado

    – ¿Enserio te contó?

    – Sip, y no conocía ese lado tuyo primita jejeje, pero no te preocupes yo también soy una putita y me gusta sentir esa sensación de que me están usando y que me traten como su juguete

    -…

    – Lo siento primita pero las 2 somos unas putitas en busca de verga

    – Jejeje

    – Es la verdad primita tú también has de tener tus buenas experiencias y hasta haz de tener al hombre que te coge cuando tu novio no está

    – Jejeje supongo que no se puede ocultar

    – No te preocupes primita yo también tengo a mi hombre con que lo hago casi todos los días hasta en el trabajo lo hacemos

    – te propongo algo

    – ¿Qué cosa?

    – La próxima semana regreso a mi trabajo si quieres te presento al chico que me coge y le digo que lleve a un amigo para que nos cojan solo que necesitara hablarle para ponernos de acuerdo

    – La verdad no se ya que tengo trabajo

    – No te preocupes por eso lo podemos hacer el viernes o el sábado en la noche ¿Qué te parece?

    – Pues si lo pones de ese modo está bien por mí no hay problema ya veré qué le invento a mi mamá para que al menos no sospeché

    – Está bien primita entonces en estos días te aviso para decirte cómo quedamos

    – Está bien

    – Bueno te dejo recordé que tengo que hacer algunas cosas

    – Está bien te cuidas besos

    3 días después mi prima me habla para decirme que todo ya estaba listo que nos esperaban el viernes en la noche en el hotel donde trabaja mi prima llega el día termino de dar clases y me dirigí al hotel cuando llegó encuentro a mi prima hablando con unos chicos y a lo lejos noto que uno de ellos la toma por la cintura y le da una nalgada ella solo se ríe y se muerde los labios segundos después se va y al momento me ve mi prima corre hacia donde estoy y me saluda.

    – Hola Karen

    – Hola

    – Hace rato hablé con él y me dijo que llegaban en una hora

    – Ya veo

    Y así estuvimos esperando las 2 a los chicos por casi una hora hasta que mi prima los ve de lejos y va directamente hacía ellos mi prima saluda a su chico con un beso en la boca una vez que terminan los 3 se acercan a mí y mi prima nos presenta

    – Chicos ella es mi prima

    – Mucho gusto, valla te vez muy bien más que en la foto

    – ¿Foto?

    – Lo siento primita, pero le mandé una foto para que vieran como eras

    – Ya veo, pero para la próxima avísame

    – Está bien

    Estuvimos platicando 30 minutos hasta que mi prima hizo un pequeño plan para no levantar sospechas y sobre todo no tener problemas con su jefe primero entran los chicos ellos van directamente al cuarto después entra mi prima «pero como ella trabaja ahí no tiene problema» a lo lejos veo que habla con una amiga ella solo me ve y me sonríe a los 10 minutos sale mi prima con una bolsa y me dice.

    – Ve directamente al baño y ponte esto

    Yo con un poco de preocupación entro al hotel y evitando un par de miradas llegó al baño entro y saco lo que está en ella y veo que es el uniforme que usan los empleos segundos después me empiezo a quitar la ropa primero mis jeans para ponerme la falda después me pongo la camisa «aunque me aprieta un poco mis pechos logro ponérmela» y por último me pongo el sacó «al menos logré tapar un poco mis pechos ya que se veían bastante tiempo después me di cuenta que la blusa no era de mi talla» una vez que terminó salgo del baño y me miró en el espejo «y me doy cuenta de otro detalle que la falda era demasiado corta ya que por dónde me moviera se veía mi Panti y en algunos ángulos se podía ver perfectamente mi vagina» salgo del baño y mi prima me está esperando en el vestíbulo mientras ella sigue trabajando «atendiendo a los huéspedes» segundos después noto que alguien le llama y me hace una pequeña señal me acerco y me dice que ya nos están esperando que subamos segundos después cuelga y como si nada subimos en el elevador hasta el séptimo piso una vez que llegamos se nota el silencio que hay en los corredores y solo se escucha el sonido de nuestro tacones una vez que llegamos al cuarto mi prima toca la puerta salen a recibirnos entramos y el chico que conoce a mi prima le dice.

    – Por qué tardaron tanto

    – Lo que pasa es que no podía dejar entrar a mi prima así nada mas y tuve que conseguirle un uniforme para que no levantará sospechas

    – Ya veo, Bueno chicas comencemos

    Cuando dijo eso el chico toma a mi prima y sin más comienza a besarla y a tocarla mi prima responde de la misma forma y comienza a tocarlo mientras el otro chico y yo solo los observamos mientras escuchamos.

    – Te gusta ¿Verdad?

    – Claro ahhh…!!!

    – Espero y sea igual que tú

    Y mientras seguimos escuchando el otro chico me dice

    – Creo que nos estamos quedando atrás

    -…

    – Creo que debería empezar «comienza a quitarme el sacó»

    – Valla son más grandes que en la foto

    – Jejeje de hecho la blusa no me queda

    – Pero se ve bastante bien

    -…

    – Deja te quito esto se ve que tus pechos están sufriendo «comienza a desabrochar un botón a la vez mientras al mismo tiempo siento como mis pechos van cayendo poco a poco»

    Cuando desabrocha por completo todos ven mis pechos y el chico que está con mi prima dice.

    – Valla tu prima tiene unos pechos increíbles pero los tuyos no se quedan atrás «acto seguido toma uno de mis pechos y comienza a masajearlo»

    Cuando dice eso nos juntan y ambos comienzan a tocar nuestros pechos y a chuparlos acto seguido levantan nuestras faldas hacen nuestros pantis a un lado y comienzan a masturbarnos y segundos después respondemos igual y sacamos sus penes de su pantalón para hacer lo mismo.

    Así estuvimos 15 minutos hasta que nos llevan a la cama cada chico se hacía un espacio para estar todos en el mismo lugar y sin más comienzan a cogernos era un frenesí de placer mientras se escuchaban nuestros gemidos por toda la habitación así estuvimos otros 15 minutos cambiando de posición «y en algunos momentos hacían que mi prima y yo nos besáramos» hasta que se vienen los dos y los dejan toda su lechita en nuestros traseros descansamos un par de minutos y después uno se levanta y dice.

    – Bueno putitas que les parece si intercambiamos pareja así disfrutamos todos

    – Está bien «respondemos las 2»

    Cuando respondimos nos levantan de la cama y nos ponen en la posición de perrito «pero esta vez mi prima yo viéndonos» cada uno coloca su pene un nuestra vagina y comienzan a abrirse camino hasta que «con un leve gemido» les damos a entender que ya está adentro pasan unos minutos mientras veo a prima como se la están cogiendo el chico la toma de los pechos y se recarga en su espalda mientras sube un poco la intensidad y el otro chico a ver a su amigo decidió darme unas nalgas mientras me tomaba de las caderas y hacía que solita me la metiera y así estuvimos de nuevo intercalando posiciones pero esta vez no fue por mucho tiempo ya que los estaban por venirse y no les dio tiempo de avisarnos solo notamos que sacan sus penes de nuestras vaginas y nosotras tumbadas en la cama nos dejan toda su lechita en nuestra cara y pechos segundos después comienzan a perder la erección tomamos sus penes para posteriormente comenzar a limpiarlas por último se recuestan con nosotras y uno de ellos nos dice.

    – Que bien cogen par de putitas esperamos repetir pronto

    – Claro papi solo si mi primita está de acuerdo

    – Claro primita ya sabes que puedes contar conmigo

    – Bueno pues les dejamos nuestro teléfono putitas por si quieren coger con alguno de los 2

    – Claro «respondemos las 2»

    Minutos después nos levantamos de la cama y comenzamos a vestirnos el chico con el que estuve primero tomo mi panty y me la puso «me encanta cuando hacen eso» dando pequeñas caricias a mi vagina y mientras él hacía eso mi prima se fue con el otro chico al baño y minutos más tarde comenzamos a escuchar unos pequeños gemidos y el chico que estaba conmigo «ya vestidos me dice»

    – Se ve que a tu prima le encanta la verga

    – Sip, yo también hubiera hecho lo mismo, pero ya es tarde y mi mamá me va a regañar

    – No te preocupes si quieres te llevo por lo que se ve van a tardar

    – Jejeje cierto

    Cuando le dije eso salimos del cuarto y me olvidé que tenía que quitarme el uniforme así que al chico le dije que si me esperaba un poco por que tenía que quitarme y dejarle el uniforme a mi prima el al ver ese inconveniente se ofreció a llevarme a su auto para que ahí me cambiara y en dado caso tuviéramos problemas el abogaría por mí a lo cual accedí.

    Llegamos a su auto sin ningún problema y me cambio de ropa una vez que terminó él se ofreció a dejárselo a mi prima y sin más nos vamos directamente a la casa de mis papás una vez que llegamos el chico apaga el auto y me da un beso de lo más rico y mientras lo hace comienza a masturbarme y mientras lo hace trata de recargando para estar más cómodos «obvio sabía que quería volverlo hacer» así que solo lo tomo de los hombros le doy un último beso y me despido.

    Después de eso mi mamá me pregunta que en dónde está mi prima obvio le dije que no sabía «pero mi mamá ya se daba una idea»

    2 horas después llega mi prima y va directamente a mi cuarto para decirme lo que había pasado entre lo que destacó todas las veces que lo hicieron mientras lo hace levanta su falda y me muestra su panty llena de semen en la que escurren pequeñas gotas a los pocos segundos se la baja de sienta en mi cama y me dice.

    – Se hubieran quedado

    – jejeje cierto pero la verdad ya era tarde además mi mamá me iba regañar

    – Ya veo

    – Pero además no me fue tan mal estuve a punto de hacerlo con su amigo en el auto

    – Jejeje ya vez primita tengo razón somos unas putitas en busca de verga

    – Tienes razón si no tienes problemas podemos repetir en mi departamento

    – Claro primita ahí nadie nos podrá molestar y podremos gemir como las putitas que somos

    – Jejeje claro

    – Bueno primita me voy a limpiar toda esta lechita

    – Está bien

    Y así dio inicio a una de tantas experiencias que tuve con mi dulce primita en la que cuando la ves parece una pequeña niña, pero en el fondo es toda una putita que le encanta coger.

    Saludos y besos…!!!

  • Mi hermana y su ropa interior

    Mi hermana y su ropa interior

    Hola aún no sé bien por dónde empezar pero esto paso hace ya un largo tiempo cuando me dio tentación de oler la ropa interior de mi hermana. Nosotros dos habíamos vivido juntos toda la vida y nunca la había visto de una forma diferente a una hermana ni tenido fantasías con ella.

    En ocasiones cuando se baña ella deja su ropa interior y últimamente había usado tangas las cuales me parecen una prenda muy sexys por lo cual pienso me motivo a ver más de cerca, y al estar ahí tan próximo a su tanga me llegó un olor que me pareció muy agradable, olía entre perfume y sudor la verdad parece una mezcla no muy agradable pero me encantó.

    Las primeras veces solo me contuve a oler sin tocar, hasta que un día decidí tomar la tanga y oler directo dónde reposa la parte íntima de mi hermana y fue de las experiencias más excitantes que había tenido. Pose mi nariz sobre esa mancha que entraba en su tanga e inhalaba como si no hubiera fin, luego pose mis labios y decidí probar con la punta de la lengua y note un sabor salado. Me excité mucho por probar algo que salió de su parte íntima.

    No siempre dejaba su ropa interior pero cuando la dejaba era feliz de poder disfrutar de ella, también sus sostenes tenían un olor muy agradable. A veces me sentía mal al salir de bañarme y pensar en lo que había hecho.

  • Mi sueño mas erótico

    Mi sueño mas erótico

    La verdad es que el mundo de los juguetes sexuales es un mundo aparte. Estaba viendo la tele y en un programa estaban hablando de ellos. Sacaron uno nuevo, la bala por control remoto (hoy esas balas ya se pueden controlar desde una APP, pero en aquel momento, solo llegaban al mando por control remoto). Por mi cabeza empezaron a pasar mil imágenes del juego que ese juguete podía dar. Me parecía increíble y sentía el deseo de poder probarlo algún día.

    Creo que mi cabeza se quedó imaginando en todo lo que podía hacer con ese juguete, porque cuando me fui a la cama, tuve el sueño más erótico que haya tenido nunca. Tanto, que me desperté cuando me estaba corriendo con muchísima intensidad.

    Te cuento como fue o al menos lo que recuerdo.

    Estoy en mi habitación, me estoy vistiendo después de haberme dado una ducha y maquillado. Estoy frente al espejo, mirando cómo me queda el vestido negro que he elegido para la ocasión. Es ajustado, escote generoso, de tirantes, espalda al aire, por encima de la rodilla. Deslizo las manos por mis caderas y sonrió. Me doy el visto bueno en el espejo, salgo del baño y me voy hacia la cama.

    Sobre la cama hay una caja con un pequeño mando y la bala. Muerdo mi labio mientras la cojo, la llevo a la boca, la humedezco y apoyando el pie sobre la cama… la acerco a la entrada de mi coño, mientras aparto un poco el tanga para poder meterla. Empujo suavemente y poco a poco entra. Siento como se desliza sin problema, me siento mojada y excitada.

    No puedo evitar llevar los dedos hacia mi nariz para olor mi excitación. Agarro el mando y lo meto en el bolso. Me pongo mi perfume favorito y salgo de casa. He quedado a cenar con un hombre.

    El taxi me deja en la puerta de un restaurante. Me despido con una sonrisa del taxista y voy hacia la puerta.

    El camarero me recibe y le digo que me están esperando.

    Me dice que le acompañe. Camino detrás de él. No puedo evitar mirar su bonito trasero, redondo, firme, duro y espalda ancha. Impresionante. Es un hombre muy atractivo.

    Me lleva hacia un rincón del comedor. Las mesas guardan cierta distancia, no están juntas. Todas las mesas tienen mantel de tela hasta el suelo. Apenas hay clientes y nuestra mesa parece estar pedida para esta ocasión. Justo apartada del resto. Podemos ver a los clientes, pero no escuchar lo que hablan.

    Siento como se para, se aparta dándome paso y veo al hombre con el que he quedado. Nunca le he visto, no sé quién es, no sé qué relación tenemos o qué tipo de amistad. Me acerco, nos damos un beso y no puedo evitar aspirar su perfume. Huele muy bien. Sonrío tímidamente al separarme y le miro fijamente.

    El camarero se retira un momento mientras me siento.

    Mis ojos se clavan de nuevo en él, le observo. Es alto, moreno, tiene unos preciosos ojos verdes, lleva barba muy recortada y le queda bastante bien.

    Dejo el bolso sobre la mesa y mi mano sobre esta. Siento como él pone su mano sobre la mía, la acaricia deslizando sus dedos y suavemente la retiro. Él retira la mano y veo como mira fijamente lo que he dejado bajo ella. Lo mira extrañado, sin saber muy bien que es.

    De pronto siento como la bala vibra dentro de mí y aprieto mis piernas a la vez que se me escapa un pequeño jadeo.

    Le miró fijamente, mientras se dibuja una sonrisa maliciosa en sus labios carnosos al darse cuenta de lo que tiene en la mano.

    El camarero se acerca a la mesa y me tiende una de las cartas que lleva en sus manos. Mientras charla con él sobre si lleva el vino que le había pedido. No puedo evitar bajar la mirada, evitando los ojos del camarero. Me controlo como puedo. No sé si el camarero puede llegar a oír esa vibración.

    Aprieto los puños y levanto la mirada mirando a mi acompañante. Sigue sonriendo y pulsa de nuevo el mando.

    El camarero se retira.

    Resoplo al subir el ritmo y muerdo mi labio. Mis flujos mojan cada vez más mi tanga y me alegro de haberme puesto un vestido negro.

    El camarero se acerca, le muestra la botella y sirve nuestras copas.

    Nos pregunta si hemos decidido ya lo que vamos a tomar y siento como de pronto la vibración para. Nos miramos fijamente. Se nota mi nerviosismo.

    Se me escapa un suspiro. Me acomodo como puedo sobre la silla. Al mirar al camarero está sonriendo. Creo que me estoy poniendo roja…

    Bajo la mirada a la carta y le digo que solo voy a tomar una ensalada.

    Él le pide lo que va a tomar y seguido le tiendo la carta al camarero sin mirarlo.

    El camarero se marcha y nosotros charlamos un momento.

    Es un pervertido. Saber que tiene el control, hace que no pueda evitar sonreír y mirarme de esa manera.

    De pronto se activa de nuevo… jadeo al sentir como se mueve dentro de mí.

    Resoplo y me muerdo el labio. Me muevo sobre la silla, intentando encontrar una postura cómoda.

    El camarero pone sobre la mesa la ensalada, no lo esperaba y subo la mirada mirándonos fijamente.

    Sonríe…

    Deja el otro plato sobre la mesa y mi acompañante sube el ritmo de la bala.

    Jadeo sin poder controlarlo.

    El camarero me mira y me pregunta si estoy bien.

    Como puedo, le digo que si… pero que siento mucha calor.

    El amablemente me dice que va a preguntar si puede bajar un poco más la temperatura del aire. Se retira y la bala sube el ritmo.

    Mi mano aprieta con fuerza el tenedor que tengo en la mano. Mis piernas se aprietan también. Sube un poco más… y más. No puedo evitar retorcerme de placer. Mi piel se eriza, un escalofrío recorre mi cuerpo. Mi respiración se agita por segundos.

    De pronto la bala se para y el camarero se sitúa a un lado de la mesa mientras me cuenta que ha bajado un poco el aire acondicionada para que estemos más fresquitos.

    Mi voz tiembla al darle las gracias.

    Por su forma de mirarme, siento que se imagina cualquier cosa de lo que está pasando allí.

    Para dar normalidad, como un poco de mi ensalada. Mi piel está húmeda, empiezo a sudar. Tengo la respiración acelerada y mi pecho se hincha con fuerza. Se me ve agitada.

    Se retira de la mesa y al subir la mirada hacia mi acompañante, le veo con esa sonrisa.

    Me pregunta si me gusta la ensalada, si está a mi gusto y si la estoy disfrutando.

    Sonrío al decirle que si.

    Pincho un poco de mi ensalada y al llevármela a la boca, la bala se activa de nuevo. Mastico como puedo y trago. Mi mirada esta fija en él, mientras sigue subiendo la intensidad de la bala.

    Dejo el tenedor sobre la mesa y retirando la servilleta de mis piernas… aparto un poco la silla. Me agacho como si fuera a recoger algo del suelo y poniéndome de rodillas, me cuelo bajo la mesa. El mantel es tan largo, que nadie puede ver que estoy debajo.

    La bala no para de vibrar dentro de mí, lo que hace que mi desesperación crezca cada vez más.

    Me acerco a él, agarro sus rodillas y las separo para poder colocarme entre sus piernas. Mis manos van a su cinturón. Al sentir mis manos en el, las agarra casi parándolas. Al estar por debajo del mantel, sigo buscando mi objetivo. Abro el cinturón, el botón, la cremallera… mientras el tira un poco más del mantel para taparse.

    Tiro del pantalón un poco, para poder bajar el bóxer y sacar su polla.

    Sin remilgos, la agarro y la meto directamente en mi boca. Mi boca está húmeda, caliente y mi deseo se siente en ella al comenzar a chuparla. Hundo su polla, succiono, suelto, succiono de nuevo… entra y sale.

    Mi mano se mueve en su polla mientras sin poder evitarlo, jadeo en ella. Aprieto su polla con la mano y la boca. Giro en ella. Hasta que en un momento dado, su mano empuja un poco mi cabeza y me pide que pare. Saco su polla un momento y le digo que no parare hasta que no apague la bala y no le dejare correrse.

    Siente como mi boca vuelve de nuevo a su polla y escucho al camarero fuera. Pregunta si puede retirar los platos y si estoy bien, porque no estoy allí. Ahora el que tiene la voz temblorosa es él y como puede le dice que estoy bien y que fui al baño.

    En ese momento hundo su polla hasta el fondo en mi boca y aprieto en la base suavemente. La bala se apaga de golpe y saco su polla de mi boca. La sujeto con la mano y deslizo la lengua desde la base, hasta el glande recorriéndolo y deslizando los dientes en él. Escucho como sigue temblando su voz y como se estremece.

    Escucho los pasos del camarero como se retiran de la mesa y aprovecho para salir de debajo.

    Estiro mi vestido antes de sentarme y me siento. Sonrío maliciosamente mirándole fijamente y me relamo. Él se coloca el pantalón y se abrocha. Agarra de nuevo el mando, me dice que soy una chica mala y activa la bala. Sube poco a poco las velocidades.

    Mi tanga esta empapado. Jadeo al apretar las piernas, mi pecho se hincha con fuerza, siento que no puedo más y me levanto de golpe de la silla y salgo rápido hacia el baño. Paso por delante del camarero sin hacerle caso y me cuelo en el aseo.

    Cruzo la primera puerta sin cerrarla a mi paso. Entro en el aseo y al cerrarla, siento como una mano la empuja y mi acompañante entra detrás de mí. Nos miramos fijamente. Me empuja contra la pared, mientras empuja la puerta con su pie. Siento su polla como una barra de acero. Levanta mi vestido, aparta el tanga y saca la bala de un tirón. No dejamos de besarnos. Escucho como abre su cinturón y su pantalón. Saca su polla y la acerca a la entrada de mi coño, mientras agarra una de mis piernas para levantarla y así poder tener más acceso. Se hunde de una embestida y grito al sentirla hundirse hasta el fondo.

    Fuera se escucha una puerta que se abre.

    Me agarro a su cuerpo con fuerza, no deja de follarme con fuerza e intensidad. Jadeo fuerte, intentando controlar que no me escuchen fuera. Ambos estamos tan excitados, que la intensidad es frenética. Me besa con fuerza, sabe que me voy a correr y ahoga mi orgasmo en su boca.

    Mi cuerpo tiembla, se estremece con fuerza, toda mi piel esta erizada y los pezones como piedras. Antes de recuperarme, saca su polla y me gira. Agarra mis tirantes y tira de ellos hacia abajo, dejándolo a la altura de mi cintura con el resto del vestido. No llevo sujetador, sus manos aprietan mis pechos, mientras siento el calor de su cuerpo en mi espalda y sus dedos aprietan mis pezones pellizcándolos y estirándolos. Hace que ponga las manos sobre la cisterna y mete su rodilla entre mis piernas indicando que las abra.

    Su glande se desliza por mi coño, sube, baja y cuando está en la entrada, se hunde de una embestida poniéndome de puntillas.

    Empuja con fuerza contra mí, levantándome un poco más.

    Su polla empieza a salir y entrar. Su ritmo es cada vez más rápido, chocando en mi culo, agarrándome con fuerza, mientras me folla descontroladamente.

    Fuera se escucha un ruido. Siento que el camarero pueda estar fuera.

    No deja de embestir, lleva su mano a mi cuello, a mi boca… intentando ahogar mis gemidos para que no me escuchen… al menos demasiado.

    Me folla destrozándome literalmente por la intensidad. Haciendo que me ponga de puntillas y mis manos paran sus embestidas para no terminar empotrada en la pared.

    Su boca se acerca a mi cuello escuchando sus intensos jadeos. Se que se va a correr de un momento a otro, su respiración está completamente disparada como la mía.

    Azota mi culo, sus dedos se clavan con saña en mis caderas. Me hace suya sin parar, follándome como un puto animal descontrolado. Hace que mi piel se erice con fuerza y sin parar. Mi cuerpo tiembla, se estremece de placer.

    Embiste una y otra vez hasta el fondo hasta que ambos estallamos juntos corriéndonos como desesperados. Mi coño no deja de contraerse con fuerza en su polla. Mi cuerpo tiembla y se estremece sin parar. Mi orgasmo es largo e intenso. Nos besamos con nuestras respiraciones aceleradas. Empuja de nuevo poniéndome de puntillas. No deja de moverse, bajando el ritmo poco a poco, mientras no dejo de correrme. Llevándome a un orgasmo interminable en cada uno de los roces de su polla.

    Despierto en la intensidad de este orgasmo, mientras mi coño se contrae una y otra vez sin parar, con fuerza. Mi respiración esta disparada como en el sueño. Llevo la mano a mi coño y esta encharcado, hinchado, sensible. Palpita aun por el orgasmo.

    La sensación de haber despertado con un orgasmo tan intenso, es muy placentero.

    Pero a la vez me da rabia de haber despertado, sin saber que pasaba al otro lado de la puerta. Si estaba el camarero, si hubiera tomado la decisión de entrar porque no aguantaba más, no se…

    Como hubiera terminado la noche después de haber salido del restaurante.

    Hubiéramos salido los dos solos de allí… o el camarero nos hubiera acompañado?

    Hay cosas que me hubiera gustado saber antes de haber despertado.

  • Oscura historia de una escalera

    Oscura historia de una escalera

    Aurelio suelta el saco de patatas que ha cargado desde el sótano del mercado, frente a un puesto donde se despachan frutas y verduras.

    -No se te ve de buen humor los últimos días -le dice el frutero, hombre de constitución robusta y calva incipiente- ¿Qué te pasa?

    -No es nada. El otoño, que me pone de mala hostia. ¿Me pagas ya?

    -Ten -contesta el frutero entregándole unas monedas- ¿Por qué no me esperas y nos tomamos unos vinos? O si prefieres, los tomamos en mi casa. Ya tengo televisor.

    Aurelio agacha la mirada y contesta.

    -No estaría mal. Pero tengo a mi madre enferma y no quiero preocuparla si llego tarde.

    -Bueno, pues otro día. Me caes bien, Aurelio.

    -Sí, ya veo. Tú también a mí.

    Se hace un silencio expectante entre ambos durante el cual, el porteador no aparta la mirada de la del frutero.

    -Pero mi madre está enferma.

    Aurelio se marcha y el frutero queda con semblante decepcionado.

    De vuelta a los sótanos del mercado, se quita la tela basta con la que cubre la ropa a fin de que no sufra con los portes, y se despide de otro par que también ejercen de porteadores.

    Sale a la calle cubierta por una densa niebla otoñal. Se enciende con un zipo un cigarrillo negro, sin boquilla, extraído de un paquete arrugado. Seguido se echa mano al bolsillo donde ha guardado las monedas que le ha entregado el frutero. Vuelve la cabeza hacia atrás como si meditara regresar al mercado y aceptar su propuesta. Pero finalmente se sube el cuello de la chaqueta de gastada pana grisácea, y emprende el camino de regreso hacia su barrio.

    Tras cerca de veinte minutos caminando a buen paso en esa tarde oscura y húmeda, enfila por una calleja apenas iluminada hasta una casa que conoció mejores tiempos. Entra en el portal. Cuelga una lámpara fundida del techo del mismo. Una solitaria bombilla, situada en lo más alto de las escaleras, evita que ascenderlas no sea una aventura en una oscura caverna. La débil luz, más que iluminarlas, las llena de recovecos en penumbra que despiertan inquietantes sensaciones.

    Pese a que lleva cerca de cuarenta años entrando en ese mismo portal, siempre que llega a él siente una punzada de temor que solo de adulto aprendió a controlar. Pero de niño, el miedo le atenazaba de tal manera que tardaba largos minutos en armarse de valor para afrontar tan tétrico trayecto.

    Aurelio respira hondo y sube el primer tramo con esos recuerdos de niño asustado pesándole en la memoria. Cuando alcanza el primer piso se abre una puerta de manera inesperada y da un respigo.

    -Tranquilo, Aurelio, que soy yo -le dice con sorna el hombre que ha salido al rellano con un cubo a rebosar de desperdicios caseros- Y mira por dónde, en ti pensaba. Lo que son las casualidades.

    -¡Eres un cabrón! -le recrimina el porteador con voz queda- Te largas y no me dices nada. Desapareces y sin saber una mierda de ti.

    El vecino apoya la mano libre en la baranda. Una mano recia, dura, ancha, con vello en el dorso de las falanges, uñas sólidas y muy cortadas… Una mano que bien podría tumbar de un golpe a otro hombre.

    -¿Desde cuándo tengo que darte cuentas de mi vida? -responde sin alzar la voz- A ver, contesta.

    -Tenía preocupación. No sé por qué empecé a pensar si te había pasao algo…

    Los dos quedan en silencio.

    -No tenía ni idea del viaje, Aurelio. Me avisaron sin tiempo y salí pitando hacia la costa con el camión cargao de grava. Y después, con unas reses, tira pal sur.

    El hombre, que pese al frío sólo viste una camiseta blanca de tirantes, se rasca con la mano libre en un hombro. Una densa mata de vello asoma bajo su axila.

    -Mi oficio es así de puñetero. Y lo sabes -añade dando un toque cariñoso con el puño cerrado en la mandíbula del porteador.

    -¡Me podías haber dicho algo, coño! O haber dejao recao. ¿Y dónde está tu padre? Tampoco se le ha visto en estos días.

    -Lo llevé con mi hermana. Pero en cuanto he vuelto, me lo ha largao otra vez. Nadie lo aguanta. Es un hijo de puta. Lo ha sido toda su vida. Y ahora con ochenta años, aún más.

    Se oye una voz de timbre hosco que desde dentro de la vivienda reclama al hombre de la camiseta de tirantes.

    -¡No se morirá el muy cabrón!

    Y se queda mirando hacia el interior de la vivienda con ojos cargados de un resentimiento antiguo.

    -Te dejo, que andarás con mucho lío -dice Aurelio al verlo tan contrariado.

    -¿Ya te recoges?¿No bajarás a la cantina? -pregunta en un repentino cambio de humor mientras se acaricia con la mano libre el vientre para bajarla como descuidado, hasta la entrepierna donde ejecuta un movimiento de recolocación de su sexo.

    Aurelio no ha perdido detalle del gesto.

    -Si tú te animas…

    -Lo de la cantina… no sé.

    -O lo que sea. Unas cartas… o echamos una parrafada.

    Ahora la mano del vecino, de manera aparentemente distraída, acaricia su cuello corto y grueso; y seguido, se rasca el rostro de barba recortada bajo un pelo oscuro rapado al uno.

    -No estaría mal que me contases como está el barrio. Hace diez días que no sé nada y… vengo con ganas de que me cuentes.

    Vuelve a darle un leve toque en la mandíbula con el puño cerrado.

    -Yo también tengo ganas de contarte.

    Sus miradas se cruzan. Son segundos eternos.

    -Entonces te espero.

    El vecino desciende las escaleras y Aurelio prosigue su ascenso tras el acuerdo.

    Pasada una hora, el porteador sale de su vivienda en el cuarto piso, con una bolsa de plástico llena de basura. Baja despacio las escaleras hasta el portal como si no quisiera hacer ruido. Ya en la calle, deposita la bolsa en el cubo comunitario.

    La niebla lo cubre todo y no se ve con claridad más allá de unos escasos metros.

    Saca del bolsillo su paquete de tabaco barato medio aplastado, toma uno de los cigarrillos sin filtro, lo estira con los dedos y se lo pone en los labios. Lo prende. El humo que exhala de su boca se pierde en la niebla. Observa distraído la trayectoria pero sus ojos advierten que hay luz en la ventana del primer piso, el del vecino camionero. Una silueta se recorta tras los visillos y una mano los aparta ligeramente, la misma mano que le ha dado ese par de leves toques en la mandíbula.

    Unos pasos apresurados por la otra acera le distraen hasta que el sonido de esos mismos pasos se aleja.

    Aurelio vuelve a mirar hacia la ventana. Aún ve la mano.

    Da una última calada al cigarrillo y arroja la pava a las fauces de la noche.

    Entra en el portal y cierra las hojas del vetusto portón de madera.

    Sube hasta el primer piso. Se encuentra la puerta del vecino entreabierta. La luz que sale del interior le ilumina una fracción del rostro.

    Escucha el rumor de una radio sintonizada con un programa de variado contenido salpicado de anuncios comerciales:“Es el ColaCao desayuno y merienda ideal…”

    Aurelio, con extremo cuidado, empuja la puerta y entra en la casa. Hay un estrecho pasillo. Lo recorre hasta una pequeña sala de estar. Una lámpara de pantalla cónica aporta una luz difusa, como de habitación de enfermo terminal, en el saliente de una alacena. En las paredes cuelgan fotografías, antiguas y recientes, de acontecimientos familiares.

    En el suelo y arrinconado, arde un brasero de carbón.

    La voz de la radio viene de las habitaciones, a su derecha. A la izquierda queda el baño cuya puerta está entreabierta y donde hay luz.

    La abre y encuentra allí a su vecino, sentado en la taza del váter con los pantalones y calzones en los tobillos. Sujeta con sus fuertes manos un diario deportivo que deja caer. Tras el diario aparece su sexo, grueso y nervudo, en erección.

    Aurelio cierra la puerta. Las voces de la radio, que hablan de la reposición del “Don Juan” con motivo de la fiesta de difuntos, se amortiguan.

    El vecino se acaricia la verga de arriba abajo hasta rozar los gruesos testículos. De la punta del glande resbala una gota trasparente y pegajosa.

    Un cambio repentino en el ritmo de las melodías de la radio hace que Aurelio vuelva la cabeza precavido. Han comenzado a emitir una melodía de moda que canta Conchita Bautista:”Estando contigo”

    Se pone a cuatro patas, y como si fuera un animal, se aproxima hasta el camionero. Lame sus muslos en dirección a los huevos. Alcanzados estos, los olfatea, les da unos ligeros toques con la lengua y por fin, los chupa con absoluta fruición.

    El camionero emite un hondo suspiro de satisfacción.

    Aurelio sube con sus besos por el cuerpo recio, venoso y untuoso del miembro. Sus labios se manchan del fluido, su nariz capta el aroma que tanto le emociona desde la primera vez que tuvieron un contacto siendo unos chavales.

    Se detiene en el frenillo. Pega a él los labios y lo lame tiempo y tiempo. El preseminal se vierte abundante y mancha su rostro. También le entra en la boca transmitiéndole el sabor a hombre, a sexo de hombre, a placer de hombre.

    -¡Joder! -suelta el vecino- No puedo vivir sin esto.

    Aurelio alza la vista sin apartarse de lo que tan bien le sabe, para encontrarse con el rostro sufriente de placer de su amante, los brazos levantados, la camiseta de tirantes pegada a su velluda piel y las manos cerradas formando unos temibles puños con los que se podría pensar que lo amenaza si por cualquier motivo interrumpe las atenciones sobre su sexo.

    Le gusta verlo así, torturado por los juegos de su boca en tan espléndida polla. Y para rematarlo, se traga el terso y violáceo glande muy despacio hasta llevarlo a lo más hondo de su garganta.

    La mamada se prolonga por tiempo en un pausado sube y baja.

    -Me estás matando, cabrón -profiere el camionero.

    -Tú me enseñaste.

    El corto diálogo sólo ha sido una minúscula pausa en el intenso deglutir de sexo a un ritmo agónico.

    ¡Y pensar que la primera vez que tuvieron contacto con sus sexos fue casi a la fuerza…!

    Años atrás, su vecino, entonces un chavalote de pésimo carácter (decían que a causa del trato violento del padre) y físico de una fortaleza inusual para sus quince años, actuó con habilidad. Su familia llevaba apenas un par de años en el barrio y con el crío flaquillo que vivía en el cuarto había cruzado escasas palabras.

    Pero una noche de verano, Aurelio, camino de los doce años y medio, esperaba la llegada de algún conocido con quien subir las sombrías escaleras a las que les tenía pavor.

    El primero en llegar fue su entonces nuevo vecino que regresaba de jugar un partido de fútbol, la camiseta pegada al cuerpo por el sudor y los pantalones cortos a punto de reventar por el volumen de sus muslos ya cubiertos de un oscuro vello.

    -¿Qué haces aquí? -le preguntó.

    -Nada -contestó Aurelio esquivo.

    -¿Qué pasa, te da miedo la oscuridad?

    Agachó la cabeza por toda respuesta.

    -Sube conmigo.

    Aurelio, fastidiado porque ese muchacho fuertote le viera débil, lo siguió.

    Entraron en el portal,aquella noche incluso sin la débil iluminación de la solitaria bombilla de lo alto de la escalera.

    -¿Qué piensas que te puede pasar? -le preguntó el adolescente deteniéndose en plena oscuridad.

    -Pienso en monstruos.

    -Eso es una bobada. Los monstruos no existen. Pero los hombres guarros, sí -dijo enigmático- Esos son los peores.

    -¿Hombres guarros?

    -Los que te esperan para hacerte guarradas.

    -¿Qué guarradas?

    -Te esperan con la picha fuera para que les hagas una paja. O peor.

    Aurelio se juntó al muchacho como si su solo contacto ya lo protegiera.

    -¿Y si hay uno?

    -No te preocupes. Yo te acompaño hasta tu casa. Sé lo que hay que hacer pa espantarlos.

    Los dos subieron con todas las precauciones hasta el cuarto piso.

    -Hemos tenido suerte y no nos hemos encontrao a ningún monstruo ni a ningún hombre guarro.

    -Gracias por acompañarme.

    -¿Quieres que te enseñe lo que tienes que hacer si te encuentras a un hombre guarro?

    -Bueno.

    -Pues vamos arriba, a las buhardillas, y te enseño.

    -Es que…

    -No seas miedica y ven.

    Salvaron el corto tramo hasta la última planta con Aurelio no muy convencido de lo que hacían.

    Las buhardillas se disponían a ambos lados de un pasillo oscuro como boca de lobo. Los más negros temores se enroscaban en la imaginación del pequeño.

    -Me voy a mi casa -dijo cada vez más asustado.

    Pero el vecino le tomó firme de una mano.

    -Estás conmigo. Nadie te hará nada. Te lo prometo.

    Y condujo a Aurelio hasta el interior de una de las buhardillas con la puerta desvencijada. Olía a enseres viejos enmohecidos. Por un ventanuco sin postigos con tan solo medio cristal en su sitio, penetraba una débil luminiscencia.

    -¿Ves? No pasa nada. Y ahora escúchame: imagina que yo soy uno de esos hombres que te está esperando con la picha fuera para que se la toques.

    Despacio, dando tiempo a que el pequeño asimilase lo que le proponía, se bajó los pantalones cortos. De ellos escapó su sexo en completa erección. Parecía un animal con vida propia en la penumbra de la buhardilla, tanto por el tamaño como por la firmeza. Aurelio se quedó sin aliento al verlo.

    El adolescente comprobó que el chaval había quedado impactado y siguió con su estrategia.

    -Lo que tienes que hacer ahora es pegarme una patada en mis partes. Vamos, patéame.

    Aurelio no podía apartar la vista del primer sexo en erección que veía en su vida que no fuera el suyo.

    -Dame una patada, venga.

    Confundido por lo que sentía, intentó el golpe. El vecino le atrapó la pierna sin dificultad y lo atrajo contra sí.

    -Mira lo que te puede pasar si no le das bien la patada.

    Lo empujó contra la pared y apretó su cuerpo desarrollado contra el del zagal.

    -No te has defendido bien y lo vas a pagar.

    -No déjame -trató el pequeño de oponerse.

    Pero el vecino no lo soltó y ,muy despacio, coló su mano por el pantalón del pequeño hasta agarrarle la picha.

    -Ya te tengo.

    Al contacto, el miembro de Aurelio se llenó de energía y terminó tan duro como el del adolescente.

    Éste le bajó los pantalones y juntó ambos sexos.

    Aurelio sintió una corriente hasta entonces desconocida que le transmitía gratas sensaciones. El contacto con el cuerpo de ese muchacho le excitaba sobremanera.

    -¿Te haces pajas? -preguntó el mayor acariciándole el glande.

    Aurelio negó con la cabeza.

    -¿No sabes? Se hacen así.

    Sus palabras las acompañó con lentos movimientos masturbatorios sobre la picha del crío. Al poco lo tuvo experimentando las primeras fases del placer.

    -Házmelo a mí también.

    Aurelio echó mano a la sobresaliente polla. Conoció el tacto suave y cálido del sexo de otro chico. Y conforme el placer le llenaba, más se esmeraba en la manipulación sin importarle el líquido viscoso que impregnaba su mano.

    -Espera. Si continúas voy a correrme. Deja que baje el gusto y volvemos a empezar. Así dura más. A mí me enseñó mi primo. Nos lo pasábamos bien los dos en casa de mi abuela. ¿Te lo estás pasando bien?

    Aurelio asintió. El muchacho lo tenía embelesado.

    -Venga, vamos a darle otra vez.

    Reanudaron la masturbación recíproca y la interrumpieron por la misma causa dos veces más, hasta que el orgasmo no permitió aplazamientos.

    De la picha de Aurelio apenas se derramaron unas gotas de un esperma inmaduro. Pero de la polla del vecino salieron hasta tres chorros de un denso esperma que se estrelló contra el vientre del pequeño.

    El vecino,complacido, le restregó el sexo por la carne húmeda de lefa y acabó estrechándolo contra la fortaleza y el calor de su cuerpo.

    -¿Te ha gustado? -le susurró al oído

    -Sí, mucho. ¿Por qué a ti te sale tanto y a mí nada?

    -Ya te llegará. Podemos hacerlo más veces hasta que te salga como a mí.¿Quieres?

    -Sí.

    -Y que nadie se entere.

    -Nadie.

    *

    “Me siento feliz, feliz, felizzzz” termina la canción Conchita Bautista en la lejana radio.

    -Quieto -dice quedo el camionero sujetando la cabeza de Aurelio- Quieto. ¿O quieres que me corra ya?

    El porteador se separa de la verga a regañadientes. Tiene los labios y las mejillas manchados de preseminal.

    En la radio, ahora, se escucha la sintonía de las noticias de Radio Nacional:“Su Excelencia, el Caudillo, ha inaugurado el pantano de…”

    El vecino levanta a Aurelio del suelo.

    -Despelótate.

    -¿Y tu padre?

    -A la mierda ese hijo de puta. Estará dormido. Desnúdate.

    Aurelio se desviste. Su cuerpo duro y fibroso es puro músculo. Nadie diría que bajo su desastrada vestimenta se esconde un cuerpo tan perfilado. Pero los años de duro trabajo de porteador le han terminado por esculpir. Tiene la polla tiesa. No es espectacular, pero se ve tan dura como el resto de la musculatura.

    El vecino lo mira vicioso y lo llama para que se siente sobre sus piernas con las nalgas apretadas contra su cipote. Cuando lo tiene como desea, le toma del pijo y se lo acaricia.

    -¿Cuántas pajas te has hecho en estas dos semanas?

    -Ninguna.

    -¿Por qué? ¿No piensas en mí?

    -Mucho.

    -¿Y no te pone cachondo?

    -Mucho. Pero me dijiste que no me la pelase.

    -Solo quiero que te corras con mi polla en tu culo.

    -Y lo cumplo.

    -¿No me engañas?

    -Solo no sé darme gusto.

    -Me parece a mí que no me dices la verdad ¿No habrá en los sótanos del mercado alguno que te espere y te coja en una rinconada apartada?

    -Ninguno.

    -¿Y ese frutero que no hace más que proponerte? ¿Aún sigue buscándote?

    -Lo intenta.

    -¿Solo lo intenta?

    Le vuelve el rostro buscándole la mirada.

    -Dime la verdad: ¿Te ha metido mano?

    Los dedos del vecino no cesan en su jugueteo sobre el frenillo de Aurelio sumiéndolo en un suave deleite.

    -Hoy me ha invitao a ir a su casa. Se ha comprao un televisor.

    Aurelio, casi ido de placer, junta su mejilla con la de su amante.

    -¿Y tú querías ir?

    -No.

    -¿Por qué? ¿Seguro que no le has comido la polla?

    -Yo solo me he comido una polla en toda mi vida, la tuya.

    -Y que no me entere yo que en tu boca entra otro pijo que no sea el mío. Ni que te tragas otra leche que no sea la mía.

    -No quiero otra. Solo la tuya.

    El vecino lo estruja contra su pecho y su cipote casi se encaja en el culo de Aurelio. Con sus gruesos dedos, toma algo del seminal que brota incesante de su verga, y lo extiende por el rugoso ojete. Al poco, empuja con ellos y un par se cuelan dentro.

    -Yo sí que he tenido que pajearme porque no paraba de pensar en este culo.

    -No tienes derecho. Tu leche es mía.

    -No pasa nada. Tengo más, tengo mucha más para ti.

    Empuja los dedos con fuerza y le propina una fuerte cachetada en una de las nalgas. De la picha de Aurelio se vierte un untuoso goterón de lefa. El vecino lo toma y se lo extiende sobre su propio glande que, seguido, coloca contra el esfínter del porteador.

    -¿En tu culo solo ha entrao mi polla?

    -Solo.

    -Y ¡ay de ti como me entere de que ese verdulero del mercao te la mete!.

    El pijo del vecino ha comenzado a traspasar el ojete del porteador. No lo fuerza. Es una invasión pausada.

    Mediada la penetración, Aurelio le agarra de los huevos. Se los acaricia despacio porque sabe lo mucho que le excita. Se lo decía siempre en todos los encuentros que tuvieron tras ese primer episodio en las buhardillas. “Agárrame los huevos”; y él cumplía.

    -Agárrame los huevos. Sí, eso es. No sabes cómo me gusta.

    Y allí estaba la muestra de que no mentía, un flujo que manaba de su polla aún mayor que de costumbre. Las manos de Aurelio pronto estuvieron completamente impregnadas de él.

    -¡Joder, qué gusto me da!

    Los encuentros entre ellos se habían sucedido regularmente, dos o tres por semana, durante los últimos dos años. El pequeño ya contaba por entonces con más de catorce y el vecino trabajaba de peón de albañil en una obra junto a un familiar que lo había enchufado.

    -Me gusta ver tu leche. ¿A qué sabrá?

    Aurelio hizo la pregunta con una de sus manos, manchada de preseminal, frente a su rostro.

    -Sabe salao.

    -¿Salao?

    Pasó la lengua por la mano degustando el fluido. Y después se agachó frente al sexo excitado del peón.

    -Quiero hacer una cosa. ¿Me dejas?

    -¿Qué cosa?

    Sin más explicación, comenzó a lamer el vigoroso miembro. Partió de los huevos y subió hasta el glande. Repitió el juego varias veces y observó que, como premio, obtenía una mayor cantidad de preseminal que se tragaba como si de un dulce jugo se tratara.

    Esas atenciones bucales dispararon la excitación del mayor hasta más allá de lo que a la sazón creía que se podía llegar. Preso de tanta excitación, abrió la boca de Aurelio y le metió la polla. Al principio solo el glande. Pero fue tanto el placer que no paró hasta que le introdujo la mitad de la longitud.

    El adolescente no se opuso ni protestó. Se sentía invadido pero colmado, como si se estuviese cumpliendo una fantasía que quizás rondase por su mente desde hacía días.

    Trató el vecino de sacársela cuando el placer le venía a un ritmo acelerado el otro le agarró de los muslos negándose a interrumpir lo que estaba sucediendo y no pudo evitar correrse en su garganta con una intensidad que le obligó a morder uno de sus puños para no explayarse en un berrido que alertase a todo el mundo sobre las actividades de esos dos en las buhardillas.

    Tras eyacular, levantó al joven de su posición apretándolo contra su cuerpo, vientre contra vientre, sexo contra sexo. Comenzó movimientos de pelvis con rozamientos húmedos de lefa sobre la polla del chaval.

    -¿Qué me has hecho?

    -Quería tu leche.

    -Y yo quiero la tuya.

    Y no cesó en el lúbrico rozamiento hasta que Aurelio soltó su esperma, para entonces ya abundante como el de un adulto.

    Se miraron en la penumbra. El vecino le pasó un dedo por los labios. Aurelio se lo atrapó y lo chupó.

    -Volvería a empezar -dijo el vecino.

    -Es tarde. Mi madre me espera. Y en tu casa también te esperan.

    Los muchachos se separaron y, tras limpiarse, cada uno bajó a su casa.

    Aquella noche,Aurelio pudo oír por la ventana de la cocina que daba a un patio interior, la monumental bronca que el padre de su amante le montó, bronca que no quedó solo en palabras y que derivó en gritos, golpes y la rotura de algún objeto doméstico. Pero ya nadie se asombraba, por rutinarias, de esas broncas.

    *

    En la radio continúan las noticias: “Tiempo de deportes: el Águila de Toledo, Federico Martín Bahamontes, ha sido objeto de un merecido homenaje en su pueblo natal, como justo reconocimiento al extraordinario palmarés cosechado…”

    En el baño, Aurelio siente el lento discurrir de la venosa y recia verga del camionero dentro de su culo.

    -Clávamela entera -suplica.

    -Como empiece, ya sabes lo que sucederá, que no me conformaré y te la estaré hincando hasta las tantas.

    -¡Qué se le va hacer!

    El vecino se incorpora de la taza del váter llevando consigo a su amante; le dobla el cuerpo sobre el lavabo y de inmediato lo penetra con la completa potencia de sus caderas.

    Aurelio tiembla a cada embestida. Tiene que sujetarse a la pileta y para no terminar incrustado contra ella.

    A través del espejo puede ver el rostro del vecino transfigurado por la emoción implacable del deseo.

    -¿Esto quieres?

    -Lo que tú me des.

    El camionero redobla la velocidad de sus enculadas. Castiga las nalgas del fibroso porteador. Le toma del cabello como si fueran las crines de una bestia. Y Aurelio gime con ese trato violento y lascivo.

    ¿Cuándo sintió la necesidad de que su vecino le tomara por el culo? No recuerda ya. Pero sí recuerda, si accedemos a su memoria consciente, la noche en la que los dos subieron en peldaño más en el deseo que los une.

    Fue en un edifico que habían desalojado tras un incendio porque amenazaba ruina, pero que nunca terminó de caerse, donde sucedió. Ya no se trataba de un par de críos jugueteando con sus pililas; los dos se afeitaban, incluso el vecino tonteaba con alguna chica. Pero sus encuentros no cesaban; seguían sin que ninguno dijera: dejémoslo ya.

    Era verano. Era de noche y víspera de festivo. Se había jugado al fútbol con otros muchachos del barrio de manera gamberra y despiadada, más a meter pelotazos y reírse que otra cosa, reírse de manera infame y estúpida. Y cuando el juego se diluyó, se quedaron solos.

    Ambos se habían dado cuenta de que se esperaban. No regresaron a sus casas sino que se refugiaron en el edificio en ruinas. Saltaron la tapia protegidos por la oscuridad. Se metieron por unas peligrosas escaleras con tramos ya en el vacío y alcanzaron la azotea.

    En el cielo, una luna rojiza luchaba por recuperar su blanquecino esplendor.

    Aurelio sacó tabaco y ofreció.

    -No sé cómo te gusta eso -dijo el vecino rechazando el ofrecimiento.

    -Otro vicio más -respondió el más joven- ¿Qué tal con esa chica con la que vas?

    -No sé. Es una estrecha. No se deja meter mano.

    -¿Y qué hacéis entonces?

    -Nada. Un día nos besamos y tal y yo intenté tocarle el coño. Pero me cortó.

    -Es una calienta pollas.

    -El caso es que cada vez que pienso en aquello…

    -¿Qué pasa?

    El vecino se echó mano a la entrepierna exhibiendo el contorno de su miembro erecto bajo el pantalón.

    -Esto pasa.

    Aurelio se lo acarició.

    -¿Te la ha visto?

    -No.

    -Pues enséñasela. Seguro que ya no se resiste.

    Aurelio no dejaba de sobar la potente erección del vecino.

    -Y si no, que me pregunte a mí. Aunque hay algo que no le puedo contar porque no lo sé.

    Despacio desabotonó la bragueta y extrajo la verga lista para el placer.

    -¿Qué no sabes?

    -Qué se siente con ella dentro.

    Los dos jóvenes se miraron.

    El vecino le bajó los pantalones y el calzón. El sexo duro de Aurelio le saludó.

    Después atrajo su cuerpo contra el suyo y le musitó al oído:

    -¿Quieres sentirlo… ahora?

    Le acarició las enjutas nalgas con la clara intención de meterse hacia su ojete.

    -Dí. Quieres que te la meta. Y hablo en serio.

    Con los dedos le alcanzó el ojete. Después le colocó la verga entre las piernas. El glande salía por el otro extremo y goteaba preseminal por los muslos del joven.

    -Me da respeto.

    -Tendré cuidao.

    Empezó a pasarle los dedos sobre el ojete repetidamente. Incluso los untó con su seminal para que no le causaran molestia.

    -Déjame. Quiero metértela.

    El vecino comenzó un suave movimiento de sus caderas, como si le follara la entrepierna. Y de pronto le dio media vuelta hasta tener las nalgas de Aurelio a la altura de la verga. Se la puso otra vez entre los muslos y siguió deslizándosela.

    -No me lo niegues.

    -Me da miedo.

    -Como cuando te encontré en el portal sin atreverte a subir las escaleras. ¿Y qué pasó? Que te enseñé todo esto -le dice masturbándole despacio- Déjame probar. Lo necesito.

    Aurelio le tomó la verga y él mismo se la puso con el glande contra su ojete.

    -Híncamela -es todo lo que dijo.

    El vecino, lentamente, fue empujando y rompiendo la barrera del esfínter.

    Dolía. Ya lo creo. Pero Aurelio no tenía intención de solicitar que se la sacara. Miró la luna rojiza en el horizonte que lentamente pasaba a tonos anaranjados camino de su familiar blancura. ¿Pasaría lo mismo con su dolor? ¿Se transformaría lenta y silenciosamente en un placer soñado y , sin duda, deseado?

    La polla se abría paso sin precipitación hacia sus entrañas. La abundante lubricación que expulsaba, ayudaba.

    -Tranquilo. Relájate. No te opongas. Está entrando casi sola.

    Aurelio sentía que se iba a romper en dos de un momento a otro. Pero aguantó. No quería mirar atrás. Había empezado y seguiría hasta el final, costara lo que costase. Porque estaba con él, con ese chavalote que no tenía miedo a la oscuridad ni a los hombres guarros que habitaban en las sombras.

    – Ya está. La tienes dentro y entera.¡Dios, qué ganas de tenerte así! -confesó el vecino.

    Cayeron al suelo sucio de la azotea.

    El vecino se la tuvo metida sin moverse hasta que el dolor se hizo familiar y soportable.

    -Como me mueva, me corro -le dijo.

    Tomó la polla de Aurelio, que había quedado lánguida y adormecida. Se la acarició como solo él sabía y le transmitió de nuevo ánimo. Cuando le devolvió la entereza, comenzó a follarle.

    La difusa luz de la luna caía sobre ellos convirtiéndolos en figuras casi irreales.

    Al cabo de unos minutos de entrega a ese primer coito serio entre ellos, estuvieron en un estado nuevo y muy diferente de lo que hasta entonces habían sentido. Sus rostros se juntaban y se rozaban. Sus manos querían la piel entera del otro y no solo el sexo. Y las labios de ambos se unieron por vez primera.

    Nada de aquello estuvo previsto. Ni tan siquiera soñado.

    Aurelio no necesitaba que su amante le tomase del sexo, tenerlo dentro le era suficiente. Y así sucedió que cuando la verga de éste comenzó a agitarse escupiéndole la lefa en las entrañas, le alcanzó un orgasmo de toques invisibles que lo condujo a una eyaculación tan viva y rusiente que creyó que se le escapaba la vida. Pero lo que se le escaparon fueron los restos de la inocencia y las últimas escamas de la pubertad.

    Habían entrado ambos en otra dimensión y puede que en una unión secreta y sombría de la que ninguno sabría ya cómo salir.

    *

    Ahora, en la penetración no existe dolor sino un conocimiento certero de cómo follar para darse el mayor placer. Por eso, el camionero desliza exclusivamente la punta de su polla en el primer tramo del culo de Aurelio por un largo minuto provocándole un deleite extremo que se traduce en un lento goteo de semen desde el pijo de éste. Después, se la clava hasta los huevos por otro largo minuto dejándole exhausto.

    -¿Esto quieres?

    -Sí, sí. Dame más.

    -¿Quieres más?

    -Por favor, machácame.

    -No. Ahora toca suave, lento, así…

    El camionero otra vez le trabaja con la sola punta del miembro y Aurelio se muere de placer. Y al cabo, retorna a entrarle la verga entera.

    -¿Quieres mi leche?

    -¡Joder, sí!

    Aurelio le coge los huevos, se los estruja, se los estira… Y el camionero comienza a descargarle cuanta lefa almacena en ellos.

    Ido de placer, lo arrastra con él hasta la taza del váter y allí le vuelve el rostro buscándole los labios mientras del pijo de Aurelio no paran de manar grumos blanquecinos en suaves oleadas que parece no van a terminar.

    Los dos hombres, perdidos en su delirio carnal, no se percatan de que la puerta del baño comienza a abrirse despacio, como si algún ente misterioso la empujara.

    Pero no es un ente misterioso quien finalmente aparece al otro lado de la puerta; es el padre del vecino en paños menores y con rostro desencajado al comprender en toda su crudeza el sentido de la escena que contempla con sus ojos de viejo. Ojos que del asombro, viran a la incredulidad para desembocar en una cólera viva e incontrolable.

    -¡Maricones! -les insulta.

    Los dos cesan de besarse y vuelven las cabezas hasta encontrarse con la estampa del viejo indignado y rojo de ira.

    -¡Maricones! -repite el viejo.

    Aurelio y el vecino están como petrificados, presos de una parálisis de la que no saben escapar.

    En la radio ha comenzado la sintonía de un programa satírico que sigue al noticiario: “Yo soy el zorro zorrito, para mayores y chiquititos”

    -¡Maricones! -repite por tercera vez el anciano a quien el mentón y las manos han comenzado a temblarle.

    El camionero, recuperado del primer impacto, mira a los ojos del viejo sosteniendo su mirada cargada de odio. Muy despacio, vuelve el rostro de Aurelio hacia el suyo y junta sus labios con los de éste besándole con todo el vicio de que es capaz.

    El anciano, presa de un temblor generalizado de su cuerpo, da un paso hacia atrás. Y otro. Suelta la puerta del baño. Trastabilea al intentar un paso más y pierde el equilibrio. Le acoge el frío suelo de baldosas.

    Aurelio tiene un conato de acudir en su ayuda pero el vecino se lo impide.

    El viejo respira agitado, la mirada perdida y una convulsión en el cuerpo mientras trata de insultarles otra vez. Pero el insulto se le queda en los labios y la agitada respiración se frena en seco.

    Los amantes permanecen quietos sobre la taza del váter.

    Solo se escuchan las voces graciosas del programa satírico.

    Entonces, el vecino abraza con fuerza a Aurelio y le dice:

    -Vamos a darle tiempo al diablo para que se lleve su puta alma al infierno.

    Y comienza a besarle con toda la intensidad de que es capaz. Intensidad a la que Aurelio responde por igual.