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  • A mi mujer se le folló el compañero del gym

    A mi mujer se le folló el compañero del gym

    Repaso: 

    Hace ya un par de meses les conté como fue mi primera experiencia de un trío con mi esposa, y como metí a mi esposa en una experiencia con la cual sé que muchos solo fantasean, que es ver a su mujer teniendo sexo con alguien más.

    Pues bueno, hace dos meses aproximadamente nos inscribimos con mi esposa al gym ya que queríamos tener una vida más activa y saludable, y que el sexo no sea el único ejercicio.

    Como preludio breve, les comento que mi mujer es una linda morocha de 1.60, delgada pero ni flaca, con unas lindas piernas bien contorneada, un culo riquísimo, brotadito, y ancho, de esos que ves y ya te imaginas, piel ligeramente bronceada, cabellera negra larga, unas hermosas tetas que si bien no son inmensas, apenas puedes agarrar una con la mano, y que saben exquisitas una vez que las llevas a tu boca.

    Preámbulo:

    Retomando, nos inscribimos al gym y al principio todo bien, solo íbamos por ejercitarnos. Con el paso de los días fuimos cogiendo confianza con el resto del grupo y como siempre, los ojos sobre el culo de mi esposa no se hacían esperar. Poco a poco noté de un tipo en particular que observaba fijamente a mi esposa, especialmente cuando yo no estaba o me mostraba distraído, o simplemente no estaba cerca de ella, ya que para divertirnos un poco, habíamos acordado ir juntos pero entrenar por separado. Y bueno, en ciertas sesiones que compartíamos, notaba como este tipo al que voy a llamar Darío, se saboreaba de ver hacer ejercicios a Carla.

    Describiendo un poco a Darío, es un joven de la misma edad de mi esposa, 28 años. Ciertamente con muy buen físico, no al exceso musculoso pero bien definido, de unos 1.75, blanco, cabello negro corto, y ciertamente buen mozo.

    Ya con un par de semanas la confianza iba creciendo y ya Darío en ciertas ocasiones se le acercaba a mi esposa a hacer algo de plática. Al notar esto posteriormente le pregunté a mi esposa que onda había con Darío, obviamente ser celoso no es lo mío, pero un par de preguntas nunca vienen de más. Mi esposa me dijo que sólo eran plásticas pequeñas y que le parecía agradables. A todo esto me había olvidado comentarles que dado que por lo general entrenamos separados, no habíamos aclarado a nadie nuestra relación, para muchos bien éramos sólo amigos que iban juntos, o quizás novios, a mi me agradaba mantener esto así ya que así no se espantan los mirones, y yo disfruto de ver cómo ven a mi esposa.

    El inicio de los cuernos:

    Un día por trabajo yo no pude ir junto con Carla, y quedamos en que la alcanzaría luego. Fue mi sorpresa al llegar verla conversando y muy risueña junto a Darío, la verdad esta escena me causo celos, me acerqué a saludarla y para poner más intensas las cosas, ella solo me saludo con un beso en la mejilla y me dijo luego te alcanzo. Me hervía la sangre, y a la vez sentía como se me ponía dura la verga de ver a mi mujer realmente coqueteando con Darío, y me fijé que Darío también tenía marcado el bulto, pero no iba a armar ningún espectáculo así que solo me alejé y le respondí que no había rollo, que nos veíamos luego.

    Ya luego de que se despidió de Darío (después de un buen rato, realmente nos encontramos ya para irnos) le pregunté que qué había significado lo que había visto. Una vez más dijo que Darío le resultaba agradable, pero esta vez ya fui de frente con la pregunta y le pregunté si ya sabía que Darío se les quería comer. Se me río a carcajadas y me respondió un: tú que crees, se le nota? Le contesté que era obvio, a lo que me dijo que si, que en efecto en el momento que los vi, él ya le estaba calentando la oreja, confesándole las ganas que le traía. Le pedí los detalles y me lo contó todo, que le traía ganas desde el inicio, que soñaba con tenerla abierta de piernas, de perrito, montada encima de él, y que sólo contárselo más lo excitaba.

    Que me lo contará me excitó un millón, le pregunté si se lo quería comer, y me dijo que si, sólo si yo no tenía problemas. Su respuesta me encendió aún mucho más, no le contesté al momento, llegamos a casa y follamos con extremas ganas, durante el acto le pregunté si ya se había imaginado follando con Darío, y me contestó que lo imaginaba desnudo, viendo su torso y todo lo que guardaba la ropa, le di con más ganas, sentía que nunca iba a acabar y ella acotó: sabía que te iba a gustar saberlo. Llegó el momento de acabar y le di una buena dosis de leche en su rostro. Le dije que se lo podía follar, pero que yo tendría que saber todo. Sólo añadió que recuerde que no le gusta follar con condón y que quería hacerlo así, a pelo, ya que quería disfrutar por completo esa verga, le dije en la lujuria que estaba bien, que sabía cómo le gustaba, y que lo único debía ser que no vaya a pasar en sus días fértiles para no correr ningún riesgo, ella acordó que así sería.

    Los cachos se consagran:

    Las cosas no se hicieron esperar, en los días siguientes la calentura entre esos dos seguía, ya era algo notorio. Y así llegó el día en que mi esposa me dijo que finalmente iba a pasar, le contesté que quería que se la follaran en nuestra cama, acordamos que yo estaría en casa para poder escuchar todo, así que así lo hicimos. Me adelante a casa y fui directo a esperar en el baño que tenemos en nuestro cuarto, ella debería directo a la cama para que así yo no sea descubierto. Mientras esperaba me cuestionaba que estaba haciendo, de hacer un trío, ahora mi esposa una a follar a un casi desconocido, y esta vez yo no participaría. La idea me perturbaba y me excitaba.

    Escuché la puerta, sólo podían ser ellos, demoraron en entrar al cuarto, pero ya escuchaba los besos en el camino, los gemidos, y a Darío diciendo que le prometía que la iba a partir. Entraron el cuarto y mi esposa le dijo que esperaba un momento que debía ir rápido al baño, entró a verme, se lavó el rostro, me dio un beso, y me dijo: disfruta el espectáculo.

    Tan pronto salió del baño escuché como se le abalanzó a Darío en la cama, los besos, como se quejaban mientras se sacaban la ropa, y de repente, ese sonido inconfundible de una manada, luego escuché a Darío decir que también quería probarla, y en breve escuchaba ese icónico lengüeteo de cuando chupas una vagina bien empapada, lo estaban haciendo de 69, yo apenas si alcanzaba a ver algo por el espejo del baño que reflejaba a breves rasgos el reflejo de ellos sobre la pantalla de un televisor grande que tenemos en el cuarto. Apenas si veia la sombra de sus cuerpos, pero los sonidos eran para hacerme la película completa. Carla lo montó, y escuchar sus sentones sobre la verga de Darío hacía que mi cabeza vaya a explotar, luego la escuché decir que lo quería hacer de ladito, y escuchaba a Darío halagarla por lo delicioso que era sentir su culo mientras le agarraba las tetas y la penetraba, a la vez que con sus dedos exploraba su vagina. Yo sabía muy bien que es una de las poses favoritas de mi esposa, e imaginarla como lo disfrutaba hacia que cada vez me jalara mi verga con más fuerza. Luego Darío la puso boca abajo, y le decía que ese culo iba a ser suyo. Gemían bastante, y en sus gemidos se notaba el placer. Siguieron por un buen rato más, hasta que finalmente se escucharon dos gemidos largos y profundos. Habían acabado.

    Se quedaron en calma por un monto platicando lo bueno que había estado, y luego Carla le dijo que lamentaba ser cortantes pero que se debía ir de inmediato porque el breve el marido iba a llegar (y yo bien sentado escuchando todo). Al rato acompañó a Darío hasta la puerta, y luego regreso a donde yo estaba, para preguntarme si todo estaba bien.

    Entramos en detalles y luego de eso finalmente fue mi turno de saciar mis ganas, follando a mi mujer, llena de leche de otro.

    Me contó que Darío no supo nada de nuestro acuerdo, y que no pensaba aclararle que todo había sido consensuado. Ciertamente me pareció lo mejor.

    Luego de eso al parecer Darío se puso medio romántico, pero mi esposa cortó la situación antes de que pasará a más, y que prefería que ya no fuéramos más a ese gym, así que así lo hicimos. Me dio gusto que al final mi esposa no mezclará las cosas y que sólo haya sido placer.

    Les agradezco a todos por haber llegado hasta el final, agradeciendo que hayan leído mi relato y experiencia de cómo fueron mis cachos bien puestos. ¡Hasta la próxima!

  • Memorias de África (VII)

    Memorias de África (VII)

    A raíz de aquella mañana, cuando azoté a Aifon y Samsung me folló como un semental, mi vida en el poblado cambió. Por lo pronto, preferí estar desnuda, ni siquiera con taparrabos. Me movía con total soltura por el poblado, incluso me atrevía a hacer pequeñas incursiones por el bosque acompañando a las mujeres a buscar comida. Tenía una extraña sensación de libertad. Respetaban mi intimidad y sólo entraban en la cabaña para lavarme todas las mañanas y llevarme la comida. Algunas veces venía sola Aifon a traerme la comida o a lavarme y después las dos follábamos o simplemente nos acostábamos juntas en el camastro. Tenía derecho a mi lavativa después de cada orgía. Incluso una tarde Aifon y yo disfrutamos del cuerpo de Lila haciendo un fantástico trío. Cuando paseaba por la aldea no me sentía una extraña, incluso en una ocasión una de las mujeres me regaló un taparrabo de cuero, desconozco el animal que usaron, pero lo acepté más que nada por el gesto. Era diferente al taparrabo normal de del resto de las mujeres. Era más parecido a la faldita que usamos para jugar al pádel o al tenis, pero de cuero basto y acartonado.

    A veces me sentaba con las mujeres a machacar lo que me parecían cereales en un mortero de madera, a raspar con la concha de un marisco algo parecido a una patata, o a cepillar el pelo del resto de chicas con una especie de espinas de pescado… bueno, cepillar o algo parecido. Me gustaba ir con ellas a coger agua a un arroyo que estaba cerca del poblado con unas pequeñas cascadas que habían formado una especie de piscinas. Allí vi por fin de dónde sacaban el musgo que usaban a modo de esponjas. Usaban unos troncos huecos como si fueran cubos y cuando los llevaba aprovechaba para hacer algo de ejercicio. El llevar una vida más o menos activa me ayudó a conservar la forma física. La comida sin ser nada del otro mundo ni estar cocinada a nuestra manera, al menos era sana. Fruta, carne, algo de pescado y por supuesto algunos “manjares” que ni aun estando muerta de hambre me atreví a probar, como larvas o insectos que no había visto jamás. Las mujeres tenían su propio “centro social”. Era una cabaña tres o cuatro veces más grande que el resto, pero además en el río lo pasaban bien. Allí se desnudaban, jugaban, se estudiaban unas a otras y sin saber de qué hablaban, yo me las imaginaba hablando de lo que habían hecho con alguno de los hombres la noche anterior, o discutiendo sobre quién tenía los mejores y más bonitos pechos. Yo hacía lo mismo y me quitaba el taparrabo y me bañaba con ellas o simplemente me las quedaba mirando o pensando qué estarían haciendo en aquél momento mis amigos o mi familia. Algunas veces cuando las mujeres se iban y me apetecía follar, me iba sin vergüenza ninguna a la cabaña de Samsung. Él vivía en una choza parecida a la mía, pero algo separada del resto como ya dije. No era el único de los hombres, pero si me di cuenta que la mayoría de la gente no pasaba muy a menudo cerca de su choza. Hubiera gente cerca o no, lo cierto es que a medida que me acercaba, me quitaba el taparrabo o las bragas, depende de lo que llevara ese día si es que llevaba algo. Los días que por la razón que fuera no estaba en su cabaña, lo esperaba y al verme él también se iba quitando el taparrabo a medida que se acercaba a mí. Alguna vez me hubiera gustado poderle quitar ese trozo de cuero que escondía su hermosa polla, pero nunca me dio tiempo a hacerlo. Lo que sí parecía ponerle a cien era cuando yo se la cogía con mi mano y se la acariciaba junto con sus pesados y redondos testículos. Daba la sensación de que aquella polla negra tenía vida propia por la forma de moverse y de crecer cuando la cogía con mis manos o se la comía. Sujetar aquel miembro con mi mano mientras me lo metía en la boca me derretía de gusto, me excitaba de una forma increíble. Su glande era brillante y suave, casi no podía abarcarlo con mi lengua. Casi no podía chuparlo si estaba muy excitada y me dejaba llevar por el frenesí. Aprendí a rozar con la punta de mi lengua la pequeña grieta de la punta, esa por la que los hombres derraman el semen. Al rato de hacer esa maniobra, Samsung gruñía y se contraía. Notaba el latido de los capilares en la polla y se corría de forma estrepitosa. Nunca me gustó esa manía de algunos hombres de correrse sobre las mujeres (tampoco me sigue gustando), por eso cuando notaba que llegaba al orgasmo, me apartaba. Un día me distraje y se corrió justo cuando apartaba mi cara, por lo que parte de su leche me salpicó la cara, el cuello y las tetas. Al principio me dio asco sentir aquella leche viscosa y caliente, pero por otro lado me sentí orgullosa, como si hubiera sido capaz de conseguir que aquel semental disfrutara conmigo de una forma diferente a como lo pudiera hacer con otras mujeres. Otras veces sentía una impaciencia y una necesidad tan grande se sentirme llena y poseída, que no perdía mucho el tiempo en mamadas y caricias. Las justas para que mi dios negro estuviera dispuesto. Verle desnudo y erecto me provocaba ansia y necesidad y me hacía humedecer. Era una sensación extraña aquella, por eso lo de no perder el tiempo; en cuanto estaba dura me abría de piernas y me sujetaba a un árbol o a cualquier cosa que estuviera a mano. Su polla separaba los labios de mi vagina y me penetraba, con suavidad, pero enérgico. Sentía toda la longitud y todo el grosor de su verga dentro de mí. Llegábamos los dos al orgasmo casi al mismo tiempo, yo mojando mi sexo, y el inundando mi coño con su leche, y gritando al unísono. También me sacaba de mis casillas cuando me cogía en peso por los muslos. Rodeaba su cuello con mis brazos y nos mirábamos fijamente. En esa posición sus embestidas movían todo mi cuerpo, mis pechos rozaban su pecho, y su polla entraba dentro de mí de forma brutal. En aquella posición, sin más punto de apoyo que su cuello y sus brazos, perdía el control al sentirme un juguete a merced de Samsung. Pero un día mi amante negro decidió que la voz cantante la llevaría él.

    Cuando ya estaba excitado y su polla estaba de marrón brillante, me subió al montículo de hierba donde días atrás yo había azotado a Aifon. Me puse de rodillas apoyando las nalgas en los talones y flexioné los brazos hasta casi tocar el suelo con la cara. Tenía además las piernas juntas, de tal manera que, si Samsung quería follarme, tenía que hacer un esfuerzo por abrir mi coño con su polla. En lugar de penetrarme se entretuvo en acariciar los labios y la entrada de la vagina con el glande muy despacio, de abajo a arriba y de arriba a abajo, hasta conseguir mojarme y excitarme. En ese momento metió su enorme polla en mi ano, con fuerza. Me estaba sodomizando y su verga me había dilatado el ano. El dolor era agudo a medida que la iba metiendo y mi culo se iba adaptando a las medidas de su miembro. Cuando ya la tenía a medio meter, empujó con fuerza y no pude evitar gritar. Una vez que la tenía dentro, retrocedía hasta que los pliegues del glande llegaban de nuevo al agujero, y como si fuera un sumiller con una botella de buen vino, sacaba la cabeza de su polla de mí. Y de esa manera me penetró varias veces. Pero la sensación era más espantosa cuando intentaba sacarla que cuando me llenaba. Después de haberme desgarrado la primera vez, casi puedo decir que me sentía mejor con toda la polla dentro que cuando su glande llegaba a la entrada de mi ano, prefería tenerla dentro y manejarla lo mejor posible. En vez de estarme quieta y dejarle hacer, cuando notaba que su verga retrocedía para salir, con un movimiento de caderas acompañaba a su polla evitando que saliera lo máximo posible. Eché mi brazo hacia atrás y sujeté una de sus piernas para ralentizar sus bombeos y recé para que entendiera que lo que quería era moverme yo y que él lo hiciera más despacio. Conseguí que su glande llegara hasta la entrada del ano sin salir, y así lo distendí algo más. Justo al llegar ahí, yo retrocedía con un poco más de fuerza hasta sentir su polla por entera y el golpe de sus testículos en la boca de mi coño. En ese momento me estremecía de pies a cabeza, convulsionaba de placer y gritaba sin pudor. Y vuelta a empezar. Cuando el ano ya se hubo acomodado y la polla de Samsung ya no me producía un dolor agudo, el goce era mutuo. Los gritos de placer de Samsung parecían los de un animal y sus manos se aferraron a mis caderas como si quisiera evitar que me fuera de allí. Cuando se corrió lanzó un grito y yo le imité. Nuevamente su semen me inundó e hizo de lubricante, lo que agradecí porque Samsung era de esos hombres que acompañan sus orgasmos con embestidas. Noté con una claridad pasmosa el calor de su leche en mi culo, y como en la primera vez que follamos, nos tiramos al suelo y después de rodar, nos quedamos jadeando unos instantes. Su polla salió de mi estirándose como una goma y como yo, él quedó extenuado y jadeante a mi lado.

  • La esposa del pastor

    La esposa del pastor

    No soy una persona ultra religiosa, pero desde que visité esta iglesia algo me atrapó, la esposa del pastor.

    Es una mujer rubia llamada Esther, tiene unos 40 años, la edad no se nota mucho más que sus ojos cansados y pecas muy tenues, tiene una cintura muy pequeña, pero un trasero grande, de espaldas podrías imaginar la figura de una abeja con cintura pequeña. Tiene unos pechos de tamaño normal, su complexión es llenita, pero no gorda, una figura de una madre, y siempre usa vestimenta habitual de iglesia; una falda larga hasta abajo de las rodillas, una blusa de botones no escotada, y tacones negros.

    Desde que asisto a esa iglesia, me cautivó su belleza, siempre trato de sentarme unas bancas atrás de ella para poder observarla toda la duración del servicio de iglesia.

    Tengo 25 años y con el tiempo me convertí en una figura «ideal» para los jóvenes de la iglesia así que me ofrecieron un pequeño empleo (servicio más que nada) para dar clases de consejos a los jóvenes de la iglesia. Siempre llego temprano para ayudar a acomodar sillas, computadoras, micrófonos que se usaran en el servicio.

    Toda mi historia comienza cuando el pastor se compra una nueva camioneta, y le regala su carro a su esposa, así que unas horas antes de empezar el servicio ella llegaba antes para ayudar a coordinar.

    Al principio había un par de gente adicional ayudando con las cosas, nunca tuve la oportunidad de hablar a solas con ella, pero ella siempre me trataba muy lindo y siempre me daba órdenes mirándome muy sensual. Juro que cuando yo movía sillas o material ella siempre estaba mirándome.

    Conforme paso el tiempo mucha gente dejo de asistir antes del servicio por cuestiones personales, pero yo seguí asistiendo horas antes y la esposa del pastor igual, así fue cuando nos empezamos a conocer más…

    Al principio hablábamos de cosas rutinarias y comunes de la iglesia, y después de tiempo empezamos a hablar de cosas personales, familia, mi empleo. Yo de igual manera preguntaba de su vida, sus hijos… su esposo.

    Cada que hablábamos se sentía una tensión enorme, ella siempre estaba cerca de mí, y nuestros brazos rozaban continuamente… como si fuera a propósito. Yo rutinariamente tenía pensamientos sobre ella, era una mujer muy hermosa y cuando el servicio empezaba, mi mirada no se alejaba de ella, su espalda, su trasero y su pelo que siempre estaba recogido en una coleta muy limpia como si fuera enfermera.

    Cuando ella caminaba, no podía alejar mis ojos de ella, su culo redondo y grande parecía que quería romper su falda. Me volvía loco verla.

    Un día estamos trapeando el piso como rutina, ella se acercó a mi y me pidió que le prestara el trapeador para bajarme la carga, y cuando lo hice nuestras manos se tocaron… en ese momento la mano de ella estaba sobre la mía sosteniendo el palo, pero no la quito, sino que se me quedo mirando a los ojos en silencio, como si estuviera pensando en algo, pero la quitó y se disculpó, le dije que no había problema, pero mi estómago estaba demasiado alterado y no pude decir más. Ella se alejó.

    Sabía que ese toque de manos significaba algo…

    Días después todo estaba normal, estaba yo sentado en área de audiovisuales conectando los cables del proyector donde aparecen las letras de las canciones de la iglesia cuando ella se acercó y se sentó en una silla cerca de mi y empezamos a charlar.

    Por alguna razón le pregunte como se siente con su esposo, él era un hombre bajito, moreno y con lentes, su trabajo de día era profesor de una preparatoria local.

    Al parecer algo estaba raro, ella me empezó a contar su vida personal con su esposo… como siempre está ocupado revisando tareas de su trabajo, viajando visitando gente de la iglesia y hasta leyendo la biblia en su tiempo libre…

    -honestamente me siento alejada de él, pareciera como si no le importara.

    Ella dijo mirando hacia abajo.

    -Estoy seguro que le importas mucho, es un hombre inteligente y siempre está ocupado, tal vez está en un tiempo pesado y necesita su tiempo para hacer sus cosas.

    Le contesté.

    -Sabes, tengo casi 20 años que no… estamos juntos de esa forma, desde que tuve a nuestro último hijo.

    Al escuchar sus palabras me quedé asombrado a lo que me acababa de compartir, y a lo que él hacia… como es que todo este tiempo no la ha tocado?

    -Usted es una mujer muy guapa, y lamento que su situación sea así… alguna vez han intentado terapia de pareja?

    – Lo hemos intentado, pero ya tengo mucho tiempo que no lo veo con entusiasmo, siempre está cansado, desinteresado… pienso que tal vez ya no le atraigo porque gane más peso después de nuestros hijos.

    -Pues honestamente usted es bella, perdón por decirlo así… no es prudente para mi entrometerme en su relación.

    En ese momento, ella me miro con sus ojos cansados, pude observar cómo empezó a sujetarse con fuerzas las rodillas a través de su falda.

    Mi corazón latía con fuerza, lo podía sentir en la garganta. La seguí mirando a los ojos.

    Estire mi mano hacia su mano que yacía sobre sus rodillas. Y en ese momento ella se acercó y nuestros labios tocaron.

    Tenía un olor a miel, sus labios eran muy suaves y carnosos. Con mi mano izquierda la tome de la cara para sujetarla mejor.

    Mientras nos besábamos, ella abrió su boca y nuestras lenguas tocaron. Podía sentir mi corazón explotar y mi pene estaba totalmente duro.

    Baje mi mano derecha y toque su rodilla, seguí bajándola y toque su pierna descubierta bajo la rodilla, su piel era cálida y muy suave.

    En ese momento ella se apartó de nuestro beso. Me miró fijamente y me pidió disculpas, se levantó y se marchó afuera de la iglesia.

    No pude detenerla, mi mente seguía nublada por lo que había pasado, en verdad había besado a la esposa del pastor en su propia iglesia?

    Me pare de mi asiento y me dirigí hacia afuera, pude verla como se metía al salón de clases de jóvenes. En ese momento continué caminando a seguirla.

    Entre a la habitación y había mesas donde los jóvenes y niños escribían, y ella se reposaba sobre el escritorio principal. Pude ver que estaba tocándose con ambas manos los ojos.

    -Esther… perdona, no debí besarte.

    Dije con una voz baja.

    – No, la culpa es mía, mira lo que ha hecho mi desesperación. No debería estar aquí, debería de irme.

    Me acerque a ella y me puse enfrente de ella. Tome gentilmente sus brazos y los aleje de su bella cara.

    -Yo también lo quiero.

    Le dije.

    Enseguida la volví a besar, y ella sosteniendo mis brazos me volvió a besar con su lengua cálida.

    Mi mente daba vueltas, mis pantalones estaban muy apretados por mi pene erecto.

    Ella bajo su mano derecha y me toco.

    -Dios, como estas tan duro?

    -Me estas volviendo loco, si continuamos no podré parar y tendré que hacerte mía.

    Ella bajo mi zipper y abrió mis pantalones, introdujo su mano y saco mi miembro duro como piedra con su mano, y empezó a masajearlo.

    -Esther, déjame hacerlo contigo. Por favor te necesito. No puedo quedarme así.

    -Por favor, no podemos hacer nada, te puedo ayudar a terminar pero no puedo hacer nada yo.

    Ella gentilmente masajeaba la cabeza de mi pene, que estaba altamente mojada de mi líquido preseminal.

    Solté su cuello y baje mi mano al zipper de su falda, afortunadamente el zipper estaba enfrente, posicionado arriba de la altura de su ombligo y lentamente baje su zipper.

    La deje de besar y pude ver como su estómago se veía, nunca me la imagine así, era liso, ligeramente marcado como si hiciera ejercicio. Abajo de su ombligo había una cicatriz de su embarazo, seguí bajando el zipper hasta que llegue a sus bragas. Negras y de encaje. Ella seguía masajeando mi miembro que ya estaba empezando a gotear.

    – Déjame metértela.

    Le dije

    – No por favor, no puedo hacer esto. Puedes embarazarme aun…

    Metí mi mano bajo su bragas y toque su vagina. Estaba empapado. Moví ligeramente mis dedos y ella soltó un gran suspiro de placer.

    No sabía que aun podía embarazarse, pero eso no me importaba. Quería cogerme a la esposa del pastor.

    Seguí masajeando su conchita, y sentía mis dedos calientes de sus jugos. Subí la cabeza para verla a los ojos, y su cara estaba ligeramente roja.

    Saque mi mano y le baje la falda completa. Pude observar sus bellas piernas.

    Para ser una mujer mayor, sus piernas estaban lisas, pálidas, con pecas como la de su cara. Toque con mis 2 manos sus muslos y eran tan suaves como seda.

    Me baje mis pantalones de un movimiento y trate de abrir sus piernas.

    Ella cerró sus piernas, pero seguía masturbándome.

    -Déjame cogerte, déjame metértela.

    Dije entre dientes. Y moví mi mano hacia su vagina, e introduje mis dedos dentro de ella. Ella soltó un gemido. Estaba empapada.

    -No podemos, esto está muy mal…

    Decía entre gemidos.

    Acerque mi pene hacia su vagina, ella seguía usando sus bragas pero sin falda. Sus piernas cerradas temblaban, trate de introducir mi pene entre sus piernas, se deslizo lentamente por mi liquido preseminal, lentamente llego a donde estaba su vulva, ella gimió, mi cabeza del pene estaba tocando su parte más sencilla y ella respiraba agitadamente de placer.

    -Ay, que rico se siente.

    Dijo sin aliento

    Saque mi verga de entre sus piernas y vi que su entrepierna estaba empapada de mis jugos.

    También ella estará soltando tantos jugos? Pensé.

    Volví a introducir mi verga entre sus piernas y esta vez entro con facilidad y llego a su vulva y ella me gimió

    -así hazle, se siente delicioso.

    Seguí sus órdenes y empecé a empujar.

    Mis manos estaban reposadas en sus caderas, pero luego baje mis manos y toque sus nalgas, eran muy grandes y tibias, y tan suaves que podía estrujarlas con facilidad.

    -Que rico culo tienes. Ya no me aguanto.

    Mencione mientras seguía metiendo y sacando mi verga de entre sus piernas.

    -aah… sigue así. Me vas hacer terminar.

    Aunque no la estaba penetrando, se sentía muy húmeda su entrepierna, mi pene estaba rozando con su vagina y trataba de entrar sobre sus bragas con tanta fuerza que podría romperlas y penetrarla de verdad.

    Sus bragas estaban empapadas y no me molestaban, se sentía tan excitante estar masturbando a la esposa del pastor con mi propia verga. Nuestros jugos estaban mezclándose y empezó a sonar como un ligero aleteo húmedo.

    -así, así sigue… no aguanto más, quiero que me la metas.

    Dijo Esther gimiendo.

    Mi pene estaba justo sobre su vagina, lo único que me detenía era sus bragas, con cada empujón sentía que estaba más cerca de penetrarla.

    – Así… Así…

    Dijo repetidamente mientras sus piernas se tensaban.

    No bajaba la velocidad, estaba tan cerca y tan lejos de metérsela completa.

    Ella se arqueo hasta atrás, sus piernas empezaron a templar como si se fuera a desmayar, su cara miro hacia el techo y gimió con fuerza. Me sujeto la espalda para que no me saliera de su entrepierna. La había hecho terminar.

    -Que rico… que rico… ah…

    Dijo mientras disfrutaba de su orgasmo…

    Mientras ellas se tensó, yo seguí la misma velocidad, ella acerco su mano para tocarme los testículos.

    -Dios, están bien hinchadas… te duele?

    Apenas termino la frase, y empecé a pujar con más fuerza. Ella apretaba mis testículos y yo trataba de romperle las bragas a puros empujones.

    No aguante más. Ella gimió altamente, mis piernas se relajaron y eyacule entre sus piernas, empapándole sus bragas.

    -Puta madre… que rico se siente.

    Le dije.

    Ella me abrazo y nos quedamos así unos momentos. Mi semen caliente siendo absorbido por la tela de su ropa interior, y escurriéndose por sus piernas.

    Que rico se la arrime, pensé, y lentamente me separe de ella, pude ver el desastre que le hice, sus bragas negras tenían un enorme charco de semen.

    Ella se dio cuenta y se subió la falda rápidamente, seguido me dijo que tenía que ir al baño para comprobar que no había entrado nada… yo solo asentí con la cabeza ya que no tenía aliento.

    Más tarde, ella salió del baño y me entrego sus bragas empapadas.

    -Puedes tirarlas?… o guardarlas. No puedo dejármelas puestas, están muy mojadas y creo que voy apestar a semen y sexo.

    -No te preocupes… yo me encargo.

    Ella se acercó a besarme, esta vez fue un beso normal, pero se sentía real.

    Me miro a los ojos y me dijo gracias.

    -No le vayas a contar a nadie por favor.

    -Tranquila, no diré nada.

    Ella salió de la habitación y yo me quede sosteniendo sus bragas. Que rico se la había arrimado, pero aún tenía más ganas de cogérmela.

    20 minutos después de esto, las personas empezaron a llegar y a sentarse en el interior de la iglesia, yo escabullí las bragas y las guardé en mi mochila.

    Salí y vi a Esther recibiendo a su esposo, el pastor de un beso y abrazo. Ella volteo y me miro a mí. Y nos sonreímos.

    De verdad había pasado esto? No podía creerlo, cuando el servicio empezó no dejaba de mirarla de espaldas, desnuda bajo su falda, saber que traía la vagina llena de nuestros jugos.

    Necesito cogérmela otra vez. Mi mente sucia estaba pecando. Necesito penetrarla.

    Las cosas no siguieron como antes.

    Esta fue la primera vez que yo y Esther tuvimos un encuentro así, después empezamos a conocernos más y tener sentimientos por uno al otro. Espero poder contarles nuestra próxima vez.

  • Relájate y disfruta

    Relájate y disfruta

    Me encantan nuestras apuestas porque sin importar quién sea quien gane al final los dos nos divertimos…

    La última vez perdí y pasé una semana entera siendo su mascota, sirvienta, esclava sexual, complaciéndolo en todo lo que a su sádica mente se le ocurría, calentándome con todo lo que me pedía hacer, pero sin poder desahogarme como es debido, no me quejo desde que acepté sabía que iba ser una semana difícil, cachonda y divertida, al final recibí con creces todo el placer acumulado.

    Las últimas veces le ha tocado ganar a él, pero esta vez no será así.

    Desde que formuló la apuesta sabía que era un reto difícil, aprender de memoria una página de algún libro de su biblioteca y escribirla sin una sola falta de ortografía y con todos los signos gramaticales.

    El cabrón quería ganar de nuevo por eso eligió esa apuesta, pero esta vez será él quien tenga que pagar.

    El libro lo elegiría la suerte así que mi trabajo iba ser difícil y fuera el libro que fuera yo debería ser muy meticulosa al estudiar el texto…

    Mucha gente se sorprende y me pregunta cómo es que una mujer joven, guapa e independiente está con un hombre mayor.

    La mayoría supone que es porque él tenga dinero, pero nada más alejado de la realidad por lo menos en mi caso. Lo que me gustó y atrapó de él fue su amor y compañía, su madurez y seguridad, la forma que me hace sentir segura y libre al mismo tiempo es la forma en que me trata como si fuera su mayor tesoro.

    Y por si fuera poco es un caballero fuera de casa donde las miradas están puestas en nuestra relación, pero en privado, cuando estamos a solas cambia por completo ahí es un depravado, medio sádico, un experto en la cama; me lleva de la mano hasta mis límites; me hace romperlos, me hace hacer cosas que jamás imaginé disfrutar, me lleva a gozar de una manera que nunca había hecho. Sabe el lugar y momento justo, sabe donde acariciar, arañar o moverse con más fuerza, sabe cuando dar un jalón a mi pelo o poner una nalgada que desborda mis orgasmos, ha llegado a dejarme inmóvil con las cuerdas y descubrir que en ocasiones la caricia más caliente viene cubierta de lana y algodón tensionando en ciertas zonas del cuerpo hasta provocar que moje el colchón del placer otorgado, es todo un cabrón en el buen sentido de la palabra, despierta un instinto animal en mí que me provoca darle todo, incluso mi orificio más pequeño virgen hasta que lo conocí a él.

    Pero el sexo no lo es todo también sabe cuando lo que necesito solo es un abrazo, solo hablar o estar en su compañía en silencio, me escucha y no trata de cambiarme solo me escucha y deja que tome mis decisiones.

    Me encanta como me trata, tal vez no tiene el brío de un joven, pero compensa con creces los cinco minutos de mete y saca que por lo regular los jóvenes usan sin darse el tiempo de seducir, conquistar, tocar, besar, repetir el proceso una y otra vez hasta que yo misma tenga que suplicar porque me tome. Su experiencia y perversiones las reserva para mí detrás de su sádica sonrisa y caliente mirada.

    Soy una amante de ver el atardecer y cada vez que salgo temprano de la oficina me doy el gusto de verlo desde casa, por eso salí con café y galletas en mano me dirijo al jardín de nuestra casa, camine por el pórtico trasero pasando de largo por las columnas de madera que lo sostienen escuche el crujir de la madera bajo mis pies al bajar los cuatro escalones que dividen la casa de la naturaleza, fui más allá del refugio y la calidez de la madera y seguí por el sendero de piedra hasta llegar junto al nogal en el centro del lugar. Sentí una sensación de libertad al notar como algunas hojas se quebraron bajo mis pies, es un pequeño placer que no sé si la mayoría tenga.

    A esta altura del año, son muchos los árboles que ya comenzaron a soltar sus hojas (contuve el impulso de quitarme el calzado e ir sintiendo las texturas con mis pies descalzos), hay miles de ellas tiradas por el verde césped que contrasta con los tonos ocre, naranja y amarillo de los árboles que se preparan para el crudo invierno y guardan sus energías lo más que pueden para la siguiente primavera y floración.

    El clima ha cambiado ya se siente el cambio de estación, el aire es más frío así que tomé la manta y me senté en mi pequeño refugio cobijando mis pies bajo la sombra del árbol, me encanta este lugar es mi sitio donde todo está bien, aquí soy libre de todos y de todo.

    La hermosa vista de los árboles más abajo en la cañada me relaja, siempre hay aves en el cielo pero en un buen día puedo ver águilas en todo su esplendor solo planeando con sus largas alas extendidas al viento quietas ahí arriba como si estuvieran fijas o mirando a la pequeña mujer que las observa desde el suelo, hay ocasiones en que algún venado camina cerca del límite de la línea de árboles.

    Más abajo está el lago que da nombre a la comunidad un lago hermoso y de gran tamaño es el segundo en capacidad de todo el estado, su cercanía con la ciudad lo hace muy popular los fines de semana y eso mueve la economía del pequeño pueblo donde vivo, todo el conjunto es mágico, siempre soñé con vivir en un lugar así y aquí estoy viviendo el sueño.

    El aroma a café me trajo a la realidad, él y un par de galletas de avena fueron la compañía perfecta.

    Hoy no apareció en el cielo ninguna de esas aves majestuosas, tal vez ya también estén haciendo planes para afrontar el inminente invierno, pero me ha regalado un festival de colores rojos, naranjas y rosas hasta convertirse en ese azul casi negro lleno de puntos blancos es un privilegio vivir en el campo, sin tantas luces de la ciudad se pueden apreciar las estrellas de una forma que es imposible en la urbe.

    Hoy había un par de nubes juguetonas que se fusionaron en una danza de colores, fue como si hicieran el amor entre ellas con el lago de testigo y vestido de los mismos colores que las nubes amantes.

    Estoy tan absorta que no sé cuánto tiempo tiene Josef parado en el umbral del pórtico mirándome, no parece tener frío se ha quitado el saco, solo dejo su chaleco y la camisa ya con las mangas dobladas hasta los codos lo que permite ver sus tatuajes en los brazos le imprimen una personalidad de niño malo que me excita y cuando vamos por la calle hace que alguna que otra mujer también lo voltee a ver, la corbata ya no la lleva apretada a su cuello ahora está floja y cuelga displicente desde su cuello hasta rozar por un costado su creciente barriga (nada mal para un hombre de casi 50), uno de sus hombros está recargado en una de las columnas con las manos en las bolsas del pantalón y los pies cruzados. Es su clásica pose de galán ¡jajaja! Me gusta verlo así, despreocupado y sonriendo.

    Me observa a mí en lugar de al hermoso paisaje que tenemos frente a nosotros, bueno es que la oscuridad que se aproxima lo hace difícil aunque aún hay rastros de belleza por todo el lugar.

    Le hago una seña para que se acerque y encantado me obedece, toma mi cuello y me obliga a levantar el mentón para depositar un suave beso de saludo mis labios lo buscan y el beso se prolonga hasta que mis manos se aferran a su trasero y lo empujan hacia mí.

    Cuando el aire nos falta y los labios se separan él sonríe.

    Toma una de las galletas que tengo en el platito y la lleva a su boca sin dejar de mirarme, me está seduciendo toma la galleta como tomaría mis labios y juega con ella, la besa y pasa su lengua por la rugosa galleta como lo haría si estuviera su cabeza entre mis piernas, sonríe al ver que mis dientes muerden mi labio, muerde un poco y vuelve a repetir el proceso hasta terminar la galleta. Ahora mi flor palpita de deseo y él lo sabe solo espera el mejor momento para lanzar el anzuelo y yo felizmente me clave voluntariamente en el.

    —Ya tengo la forma de elegir el libro y estaré muy feliz de recibir mi premio.

    —No estés tan seguro está vez yo seré la ganadora. Dime ¿cómo será la elección?

    —Fácil, dos números al azar, el primero indicará el estante, el segundo indica la posición del libro. La página será donde abramos el libro

    —Me parece perfecto.

    —Pues no se diga más vamos dentro y comencemos.

    Me tendió su mano para ayudarme a levantar, me cobijo con su brazo sobre mi espalda y como dos adolescentes en busca de su primera aventura regresamos casi corriendo al interior de la casa.

    Atravesamos el pórtico trasero y como todo un caballero Josef abrió las puertas francesas y me permitió pasar primero, la calidez de la casa acarició mis frías mejillas, el candelabro antiguo ya estaba encendido hacía mucho tiempo que había cambiado las antiguas velas por focos de luz eléctrica, era una antigüedad que había estado en su familia por varias generaciones.

    Casi jala de mí para llevarme lo más rápido posible a la biblioteca, pasamos casi corriendo por el cuarto de servicio, el de invitados, la sala, la cocina y la puerta del baño de visitas giramos por el pasillo rumbo a las habitaciones y entramos sin demora al cuarto que hace de biblioteca improvisada, las estanterías caseras que instalamos el fin de semana están firmes y aún se puede oler a pintura cuando entras en la habitación aun así ya están llenas de libros; una pared entera de la habitación está decorada con repisas y llenas hasta el límite de libros, siete en total desde el suelo hasta el cielo raso y en cada una de ellas el mismo número de libros se dio a la tarea de organizar de tal forma que todo fuera simétrico, enfrente de ella un pequeño mueble muy cómodo para leer junto a la luz natural que entra por la enorme ventana, la chimenea está en la pared opuesta a las repisas es una enorme chimenea doble que también da a la habitación principal al otro lado del muro, no tenemos muchos muebles dentro solo hay un pequeño escritorio de caoba con una silla de un lado y un par más frente.

    Puedo ver que sobre él hay dos copas y una botella lista para servir.

    Josef lo hace en cuanto nos acercamos y tiende la primera copa burbujeante hacia mi mano luego se sirve el mismo y alza su copa para brindar conmigo, siento las burbujas haciendo cosquillas en mi garganta y haciendo explosión placenteramente, el líquido burbujeaba y de parecía en el paladar dejando su un ligero sabor amargo, bebemos de poco el contenido de las copas y luego de tomar la primera en silencio sonríe se acerca a mí y me besa. Un beso lleno de intención que al final frena para ir del otro lado del escritorio y sacar un par de pequeñas bolsas negras. Una en cada mano, levanta un poco la mano derecha antes de explicar.

    —Aquí dentro están los números de la repisa ganadora. En la otra están los números para el libro. Así que vamos a empezar.

    Sonreí y corté la distancia entre ambos metí la mano en la bolsa de la mano izquierda primero el número que salió fue el cuarenta y cuatro, ya teníamos un número de libro ahora solo era cuestión de qué repisa. Él eligió el otro número y el número ganador fue el seis.

    Como un niño en navidad fue corriendo hasta la posición indicada mis ojos lo siguieron con impaciencia y curiosidad.

    Yo estaba un poco tensa esperando que no fuera uno de esos libros en inglés, griego, italiano o francés que tiene en su colección.

    Cerré los ojos un instante y contuve el aliento cuando su mano se estiró para tomar el libro por fin sacó el libro

    El libro elegido es «El Amante» de

    A. Martin

    Pude ver una portada roja y un libro no muy grueso entre sus manos lo trajo hasta mí y antes de que lo abriera lo detuve.

    —Creo que debe ser mi mano la que tenga la suerte de abrir y elegir la página ¿no crees?

    Estiró su mano ofreciéndome el libro ganador, lo tomé y sentí su peso en mi mano luego lo mire por ambos lados con más cuidado y lo abrí casi por el principio…

    Pude leer por primera vez la página que debía memorizar.

    «Como casi todo lo bueno (y lo malo) de esta vida, comenzó de casualidad. Llevaba un mes viviendo en la ciudad y no había salido más que para dar unos paseos y reconocer el terreno como un explorador lo haría con un bosque. Era mi primera noche en la calle. No conocía a nadie, excepto a mis compañeros de trabajo con los que no quería estrechar lazos. Siempre es un inconveniente cuando uno tiene planes secretos. De modo que estaba solo, tomando un cóctel imbebible que había pedido precisamente para alargar su consumición, pues tampoco quería volver a mi apartamento. El ambiente en Le Comptoir era el que luego supe habitual de los jueves por la noche: profesionales y ejecutivos de treinta y tantos, la mayoría solteros, que despedían la semana tomando copas aunque hubieran de madrugar el viernes por la mañana. Merecía la pena el esfuerzo, deduje por lo animados de los grupos que se agolpaban en la barra y en las mesas altas. Sólo dos personas permanecíamos sin compañía en el local.

    Era una mujer que se encontraba a tres metros de mí, sentada en un taburete frente a la barra, ante una copa de vino de aire tan deprimido como ella. Reparé en su presencia cuando un grupo de alborotados franceses se largó. Quedó un vacío entre ambos. Nos miramos. Pero ella no veía. Sus pensamientos estaban muy lejos. Cada pocos minutos miraba su móvil, que sacaba del bolso de cuero negro una y otra vez. Lo volvía a guardar, alternando gestos de rabia que no podía disimular y expresiones de tristeza que tampoco podía ocultar. Un plantón en toda regla. Quien la había plantado debía ser muy importante para ella. De pronto, me miró: ¿Quieres fumar conmigo en la calle?- preguntó en francés. Claro – respondí. No era una mujer especialmente atractiva, pero tenía ese aire desvalido que siempre deja la soledad impuesta. Ella me ofreció uno de sus cigarrillos. Una marca que no conocía. Rubio, fino, pero no muy largo. Me dio fuego, incluso.»

    Termine de leer un par de veces la hoja amarillenta antes de volver la vista a Josef.

    —Bien señor creo que esta vez volveré a perder

    —Tienes varios días para aprenderla, el sábado es día de cobrar o pagar tu apuesta.

    Luego sirvió un par de copas más y las bebimos de un trago para luego quitarnos la ropa y usar ese escritorio de cama…

    El libro se convirtió en mi acompañante más fiel, cada oportunidad leía de nuevo la misma página, en el transcurso al trabajo, en los momentos libres, en casa hasta que en mi cabeza comenzó a aparecer cada letra, cada punto y coma, cada acento cada espacio incluso vi una palabra que tenía una pequeña falta de ortografía y la aprendí así como estaba sin corregirla.

    La primera parte estaba grabada en mi cabeza a cal y canto, pero aún faltaba la segunda mitad del texto que por alguna extraña razón no podía memorizar, creo que dos días no iban a ser suficientes…

    Ganara quién ganara yo tenía una sorpresa, desde hace algún tiempo teníamos la intención de una escapada en la ciudad así que conseguí la habitación de un hotel centro de la ciudad, en la zona antigua, donde las casas y edificios son de la época colonial y aún hoy en día puedes ver el esplendor y el lujo de los habitantes de hace más de trescientos años, donde el encanto de lo antiguo se funde mágicamente con lo moderno, elegí la habitación en la parte más alta del edificio, la vista desde ahí es alucinante con las luces de la ciudad a nuestros pies y las luces de los edificios más modernos al fondo en el sector financiero.

    El sábado ya tenía todo listo, los detalles en la habitación, algunos arreglos de delicadas flores en lugares estratégicos a la vista, tacto y olfato, la comida, la bebida, las velas, hasta la música, todo estaba listo y me había costado una pequeña fortuna.

    El lugar es perfecto, en cuanto sales del elevador te topas con un pasillo que divide las habitaciones, en esta parte solo hay cuatro suites, la nuestra es la última de la derecha, la enorme puerta de doble hoja de roble tiene una moderna cerradura que abre con una pulsera electromagnética plateada, solo tienes que acercar tu muñeca a la cerradura y listo… Automáticamente las bisagras giran suavemente para dar acceso al lugar, la inmensa habitación de dos niveles te deja con una sonrisa, todo el concepto es abierto aquí todo es lujo y seducción… Lo primero que notas es la altura del lugar la pared derecha es el doble de alto de una pared normal, del otro lado a unos tres metros sobre el suelo está lo que supongo es el dormitorio pero desde aquí solo alcanzo a ver el ornamentado barandal de hierro forjado pintado de un negro mate, la habitación está pintada y decorada con tonos cálidos y neutrales diseñadas para la comodidad de los ocupantes.

    Luego observó el mobiliario, está decorado con todos los muebles estilo victoriano madera y telas de lujo con tapices de flores, hay un comedor para cuatro personas con una tabla impecable con una gruesas y laboradas patas de madera, la sala es fantástica a juego con el comedor en los doscientos metros de la parte baja de la habitación hay distribuidos pequeños muebles de decoración y mesitas de centro que llevan algunas estatuillas de barro o algún metal. Al fondo una inmensa pared de cristal te deja boquiabierto con la vista a la ciudad y dentro todos los muebles son de un lujo antiguo que ya no encuentras en otro lugar, el confort está incluido y cada espacio está diseñado para ello.

    La enorme y bien diseñada sala de la habitación incluye una chimenea eléctrica, un televisor, sistema de audio envolvente, muebles y sillas dignos de la realeza que hace muchos años eran los dueños de la ciudad.

    Hay una pequeña cantina preparada con todo lo necesario, el minibar contiene de todo; algunas botellas de agua, bebidas alcohólicas, energéticas, hay para todos los gustos. Junto hay una pequeña bandeja con galletas de avena, nuez, amaranto, chocolates y una pequeña variedad de bocadillos.

    Estatuillas de bronce descansan sobre algunas repisas y mesas, cuadros sobre las paredes.

    El botones me guio por las escaleras de caracol hasta la habitación, está escondida a la vista desde la parte inferior de la habitación.

    La cama con doce es enorme, está perfectamente arreglada, sin un dobles fuera de lugar, el botones acomodo mi pequeña maleta con la ropa y accesorios necesarios para una noche sobre uno de los taburetes junto a la cama y se marchó mientras yo seguía disfrutando del lugar.

    Hay un espejo enorme junto al vestidor más allá está la pared que da privacidad al baño.

    Otra sonrisa en mi boca cuando entre en ese espacio la cantidad de luz natural proveniente de una claraboya en la parte superior del cielo raso iluminaba todo aparte de eso el baño estaba impoluto, limpio, sencillo, soberbio; los mostradores de mármol blanco contrastaban con los accesorios negros, la enorme zona de baño se divide con vidrio templado, una enorme regadera en forma de lluvia cuelga de lo más alto de la habitación, hay una tina negra con las patas de plata, inmediatamente me desnude, abrí las llaves y espere paciente que el agua alcanzará su nivel para echar los jabones espumosos y aromáticos luego a tomar un largo y relajante baño.

    Cuando salí de la ducha envuelta solo por la bata del hotel le mandé a Josef un mensaje con el lugar y la hora.

    Luego solo me dediqué a mí, una pequeña visita al spa del hotel para dejar la piel tersa y sedosa, arreglar las uñas de pies y manos y dar un último vistazo a la página del libro.

    Quería estar espectacular esa noche, quería ver en sus ojos el deseo desbordado y quería ver su frustración al tener que esperar para tocarme.

    El peinado fue lo primero así que aproveche la visita al spa me encanta mi cabello alborotado con sus chinos indomables en mi cabeza pero esta vez quería verme diferente así que alisaron los chinos de mi cabello luego me peinaron dejando al descubierto parte de mi cuello. La piel de porcelana estaba ahí; como una tentación latente y poderosa, dejaron un par de rizos sobre mi rostro meticulosamente cuidados, todo lo demás está peinado para dejar al descubierto ciertas zonas y acentuar otras, la gargantilla sobre mi cuello y los pendientes a juego tendrían un efecto sutil al reflejar la luz con mis movimientos.

    Ropa interior de seda y encaje, un ligero suave y fino que envolvieron mis piernas; disfruto la sensación de suavidad y firmeza al subir la delgada tela por mis piernas.

    Me gusta pensar en la sonrisa en su boca y la fiereza de su mirada cuando el vestido caiga al suelo y su vista y tacto tengan acceso a mí sin las restricciones de la ropa.

    El vestido blanco cenizo casi como si fuera de novia, tiene perlas y piedras brillantes en la parte superior mis brazos y cuello son lo único de mi piel a la vista una sutileza calculada todo lo demás está cubierto por un vestido largo hasta los tobillos, debajo los tacones me hacen ver más alta, mi figura se esconde premeditadamente debajo de la pegada tela, mi silueta es suficiente para volverlo loco de lujuria y deseo,

    No maquille mucho mi cara, me gusta verme natural solo unas leves sombras en mis ojos para realzar el color y a la vez ayudar a que mis pómulos se vean perfectos, un poco de brillo sobre mis labios hacen juego con mis carnosos labios.

    Apliqué perfume sobre mi cuello, atrás de mis muñecas, un poco entre mis piernas y senos y estaba lista.

    Por último me observe en el enorme espejo que ocupaba desde el piso hasta el techo de la habitación, di un último vistazo y me sorprendí mirando una mujer hermosa y decidida, si yo abrí así la boca ante mi reflejo me imagine la reacción de él y sonreí. Esta noche será fantástica.

    La cena sería en el balcón y así disfrutar la vista, una pequeña mesa con un mantel impecable sobre ella, dos sillas, un par de copas de cristal, y una vela dentro de un portavelas dorado y brillante al centro daban un toque de intimidad perfecto.

    Yo estaba en el marco de la puerta hacia el balcón cuando Josef entró en la habitación vi la mirada que esperaba ver; sorpresa y deseo, lujuria y pasión, su lengua paseo por sus labios como saboreando la cena, la anticipación de lo que vendría.

    Se detuvo un metro adentro de la habitación mientras él sonreía al examinarme yo hacía lo mismo con él, me encanta su atuendo casual y elegante, sus cabellos alborotados sin peinar del todo.

    Un abrigo ligero de lana color arena, una bufanda tejida azul cuelga sin ninguna atadura de sus hombros hasta sus manos, una camisa de vestir blanca con el botón del cuello y el siguiente desabrochado unos pantalones de vestir ajustados y unas botas negras al tobillo.

    Estaba espectacular y soberbio dentro de su personaje de chico malo.

    La elegí una playlist con canciones tranquilas, algunas de sus favoritas y otras de las mías.

    Note que su mirada se posaba unos momentos en mi cabeza, admirando el cambio por su sonrisa puedo ver que le ha gustado.

    Camine seductoramente hacia él mientras sentía su mirada, ambos disfrutamos la pasarela: él observaba cada gesto, cada paso que yo daba y yo simplemente disfrutaba de sentirme deseada y con un poder invisible sobre él.

    Mi hombre siempre tan controlador ahora parece un niño la mañana de navidad listo para abrir y disfrutar su regalo.

    Está desesperado por tenerme lo noto en sus ojos pero para eso aún falta un poco.

    A medio camino me detengo, sobre una mesa hay un par de caballitos y una botella de tequila añejado en barricas roble blanco, lleno ambos vasos y camino con uno en cada mano.

    Cuando estoy lo bastante cerca le ofrezco uno, y ambos brindamos por la noche que comienza —aunque en realidad comenzó hace unos días.

    Lo tomamos de un trago, es suave pero aun así siento como raspa en mi garganta y siento un calor expandirse por mi cuerpo, Josef estira su brazo y jala de mí, siento su fuerza y me dejo arrastrar hasta su cuerpo. Lo primero que noto es su perfume, huele tan bien, un toque que nunca olvida y que disfruto. Me hace girar en mi eje y observa con detalle mi anatomía, luego imitó su movimiento y con la misma inercia lo hago girar para mí, me encantan esas firmes nalgas y en esos pantalones de vestir más, no reprimió el deseo y el impulso y le doy unas nalgadas que lo hace sonreír pícaramente.

    Sus manos van a mi cintura y automáticamente las mías se prenden de su cuello, bailamos un par de canciones lo más pegados posible, sintiendo nuestros acelerados corazones sus ojos son fuego puro y mi boca busca la suya un beso, lento uno que reconoce y expone intenciones, dos lenguas que se buscan con desespero y unas cosquillas que empiezan a cobrar vida en mi interior, pero no soy la única, siento como algo debajo de mi cintura comienza a hacer presión…

    El camarero nos interrumpe al tocar la puerta, son estrictos en el horario Josef abre la puerta; el joven camarero me saluda con educación y pasa con un carrito frente a mí luego va directo al balcón y distribuye eficazmente el contenido de su carrito sobre la mesa luego se dirige hacia nosotros:

    —Su cena lista: pato bañado con salsa de ciruela, un poco de pan casero y un vino rosado para acompañar.

    ¿Hay algo más en lo que les pueda servir?

    —Por el momento es todo.

    Josef contesta mientras saca un billete para darle propina. Luego me tomó del codo y caminamos hasta el balcón.

    Afuera el aire es más fresco de lo que mi vestido le puede cubrir él lo nota e inmediatamente se quita el abrigo y lo pone sobre mis hombros luego besa mi frente tiernamente y recorre una silla y me permitió sentarme antes de ocupar la silla de enfrente.

    El pato está exquisito, la carne se derrite en la boca y podría ocurrir lo mismo al hombre que tengo enfrente.

    Terminamos la cena en medio miradas cómplices ambos deseamos cobrar la apuesta y disfrutar el premio el frío aire nos obliga a entrar de nuevo a la estancia Josef me tiende la mano y me invita a seguirlo prepara otra copa de tequila y me tiende el vaso al tope hace lo mismo con el suyo a la cuenta de tres lo tomamos derecho siento el calor invadir mi cuerpo es parte del tequila y parte de mi propia excitación.

    Siento un pequeño mareo y me doy cuenta que debo dejar de tomar o todo mi esfuerzo por aprenderme la lectura será en vano.

    Sobre la tabla de la mesa hay una hoja en blanco, un pomo con tinta y una pluma.

    Mi mirada me delata y Josef se adelanta al decir

    —Camina como la puta que llevas dentro y ve hasta la mesa.

    Un nuevo calor muy conocido invade mi entrepierna al escucharlo, obedezco y me muevo como una felina lo haría al acechar a su presa.

    —Gira totalmente.

    Su voz es seductora, sus órdenes son seguidas al pie de la letra giro para él, le muestro mi cuerpo, lo ofrezco, lo seduzco con mis movimientos…

    Llegó a la mesa y me inclinó un poco sobre la madera dándole una visión completa de mi culo, una insinuación sutil que él entiende a la perfección.

    Me siento y tomo la pluma la meto en la tinta y comienzo a escribir las letras del libro.

    «Como casi todo lo bueno (y lo malo) de esta vida, comenzó de casualidad. Llevaba un mes viviendo en la ciudad y no había salido más que para dar unos paseos y reconocer el terreno como un explorador lo haría con un bosque. Era mi primera noche en la calle. No conocía a nadie, excepto a mis compañeros de trabajo con los que no quería estrechar lazos. Siempre es un inconveniente cuando uno tiene planes secretos.»

    Comienzo firme sin dudar en ninguna palabra, para este momento Josef está de pie a mis espaldas siento su mirada sobre mi y sobre la hoja que poco a poco se va llenando con unas letras por un momento ajenas pero que ahora las siento como mías. No me importa que lo vea sigo mojando la pluma y escribiendo con mi mejor caligrafía.

    «De modo que estaba solo, tomando un cóctel imbebible que había pedido precisamente para alargar su consumición, pues tampoco quería volver a mi apartamento. El ambiente en Le Comptoir era el que luego supe habitual de los jueves por la noche: profesionales y ejecutivos de treinta y tantos, la mayoría solteros, que despedían la semana tomando copas aunque hubieran de madrugar el viernes por la mañana. Merecía la pena el esfuerzo, deduje por lo animados de los grupos que se agolpaban en la barra y en las mesas altas. Sólo dos personas permanecíamos sin compañía en el local.»

    Me detengo un poco para mirarlo en este punto y noto cómo sonríe al notar el error en el texto, trató de mantener mi cara de póker y continuó antes de perder el hilo de la escritura con un último impulso terminó por poner en el papel el resto de las letra

    «Era una mujer que se encontraba a tres metros de mí, sentada en un taburete frente a la barra, ante una copa de vino de aire tan deprimido como ella. Reparé en su presencia cuando un grupo de alborotados franceses se largó. Quedó un vacío entre ambos. Nos miramos. Pero ella no veía. Sus pensamientos estaban muy lejos. Cada pocos minutos miraba su móvil, que sacaba del bolso de cuero negro una y otra vez. Lo volvía a guardar, alternando gestos de rabia que no podía disimular y expresiones de tristeza que tampoco podía ocultar. Un plantón en toda regla. Quien la había plantado debía ser muy importante para ella. De pronto, me miró: ¿Quieres fumar conmigo en la calle?- preguntó en francés. Claro – respondí. No era una mujer especialmente atractiva, pero tenía ese aire desvalido que siempre deja la soledad impuesta. Ella me ofreció uno de sus cigarrillos. Una marca que no conocía. Rubio, fino, pero no muy largo. Me dio fuego, incluso.»

    Sacó el libro de mi bolsa de mano y se lo doy a Josef para que lo revise, letra a letra, coma a coma va revisando mis palabras cuando termina tiene una sonrisa triunfal en su boca:

    —Creo que he ganado

    —No lo creo.

    —Tienes una falta de ortografía.

    —Lo sé, así está en el libro y si mal no recuerdo la apuesta era copiarlo tal cual estaba escrito ¿o me equivoco?

    Mi hombre toma el libro, abre la página de la apuesta y lee minuciosamente. Luego de unos momentos de silencio me mira con una sonrisa diferente en su rostro, una sonrisa de sorpresa y admiración.

    —Tienes razón. Has ganado.

    La puta que llevo dentro sonríe para sí misma es momento de disfrutar de mi hombre.

    En ese momento se escucha la canción

    «River» de Bishop Briggs una canción sensual y llena de seducción.

    Y automáticamente mi cuerpo se mueve en mi cabeza pienso:

    Eso es goza como la puta que hay en ti, la que él te provoca ser, la que llevas dentro solo para él.

    La primera parte de la canción la bailo para mí, me contoneo al ritmo de la música, hay un banco que me sirve para el show, me muevo hasta el indicándole con la mirada que me siga, luego quedó de espaldas a José, mis manos toman por la solapa el abrigo y lo dejan caer a mis pies, levantó mi vestido a una altura que me permita el libre movimiento mostrando por primera vez mis medias altas.

    Me siento seductora sobre el otomano y en un movimiento fuerte abro mis piernas de golpe mientras mi cuerpo se inclina un poco hacia la derecha y mi cabeza gira permitiendo mostrar mi perfil a mi hombre mis movimientos son estudiados, sutiles, firmes y los hago tratando de causar estragos en su entrepierna.

    Mis manos son parte importante del baile acarician mi cuerpo como una invitación, rozan mis piernas en cada movimiento, pasean por mi cuello y brazos, suben y bajan imitando caricias.

    Luego me levantó y caminó hacia él tiro de una silla y siento a Josef en ella.

    —No puedes tocar nada

    Luego comienzo a bailar sobre sus piernas, rozando su cuerpo con el mío, abriendo y cerrando las piernas al ritmo de la canción, girando en el momento justo.

    Me siento como una diosa griega, toda su atención está en mí, mis manos se mueven emulando sus caricias y juegan con mi cuerpo, resbalan por mi cuello, rozan mis senos bajan y acarician firmemente mis caderas hasta mis muslos. Suelto un poco el pelo al girar mi cuello cerca de su rostro en el momento cúspide de mi baile me siento sobre su regazo, sus manos dudan e intentan tocarme pero mis manos son más rápidas y las mantengo firmes sobre sus costados el beso es inevitable, nos fundimos en el con mis pechos pegados a su dorso siento el bulto que comienza a crecer en su pantalón. Se me corta el aliento y mi respiración es agitada por el baile y el deseo sus ojos son fuego puro así que sin más jaló de él y caminó hacia las escaleras, subo cada escalón seguida por su mirada.

    —¿No vas a subir?

    Su respuesta me electrifica el vientre

    —Me gustas así despeinada, con el cabello alborotado y esas perlas de sudor que se forman en tu cuello.

    Sus manos expertas bajan el cierre en mi espalda, el suave toque de sus dedos contra mi piel quema, excita, moja…

    En un instante estoy en ropa interior frente a mi hombre tengo hambre y él también. Ahora es mi turno de desnudarlo tomó su bufanda y jalo de ella hasta que su boca besa la mía mis manos se mueven de botón en botón abriendo cada uno hasta llegar al pantalón que también cede fácilmente levanta las piernas para que salga él mismo se ayuda con sus pies para quitar las botas y dejar que el pantalón y la ropa interior queden en el suelo, en un momento solo tiene la bufanda en su cuerpo.

    De nuevo la diosa griega toma el control y lo tengo desnudo frente a mí.

    Era mi noche, le había ganado esa apuesta, así que por hoy él debe obedecer…

    Mis caricias llenan su piel lo recorro completo, su cuello, su espalda ancha y fuerte, sus nalgas redondas y duras luego su pecho y su barriga, por último tomó su falo y siento su calor está duro, veo una cristalina gota en la punta que ávidamente mis dedos recolectan la llevó a mi boca siento la fuerza de su sabor, mis manos siguen subiendo y bajando por su falo que no deja de producir líquido, esta vez es a su boca donde mis dedos se dirigen se prueba en mis dedos, succiona mis falanges tal como si succionara mi clítoris la sensación es intensa y siento como mientras él chupa mi dedo mis labios se contraen de deseo.

    Él está obediente disfrutando de mis cariños pero conteniéndose de tocarme, siento la necesidad de sus manos sobre mi cuerpo y mi voz en lugar de salir como una orden es más como una súplica:

    —Tócame.

    Él obedece de inmediato, la calidez de sus manos inunda mi piel, es un maestro que sabe el sitio justo, así que lo dejó recorrer mi cuerpo a su antojo, su lengua es una cómplice perfecta y ataca mis partes más vulnerables haciéndome gozar con su traviesa forma de tocarme.

    Un suave empujón bastó para dejarlo caer sobre el colchón, los papeles se invirtieron y es él quien espera sobre el colchón a que mi boca lo torture beso a beso

    Me tomé mi tiempo tal como él lo hace,

    Siento el aroma de su perfume, lleva puesto «Curve» él sabe que de entre todos sus perfumes ese es mi favorito huele riquísimo en él, me encanta como la fragancia queda impregnada en sus poros. Luego de unos segundos de regodear mi olfato pase mis uñas por su cuello arañando un poco su piel en el proceso, baje lento por su pecho marque con mis uñas cada parte de él, acaricie su falo ya erecto…

    Sus ojos eran fuego, el deseo lo consumía por tenerme.

    Una sopa de su propio chocolate.

    Note su desesperación cuando baje más allá de sus bolas y mis uñas siguieron el camino hasta sus pantorrillas, luego fue mi lengua la que lo acarició de regreso, el mismo viaje desde su cuello, me tomé un tiempo en su falo, lo acaricie y acabé de ponerlo duro con mi boca y manos, cuando estaba listo lo monté.

    Pero no lo deje que me penetrara subía y bajaba en él solo acariciando mi vulva que se adaptó perfectamente a mí, llegué a tocar el botón más sensible de mi flor y el placer me inundó así que repetí el proceso, disfrutando de su dureza, masturbándome en cada caricia

    Comencé lento, frote su falo contra mi cuerpo buscando mi placer sin dejar de mirarlo.

    Mis movimientos eran cada vez más rápidos, mis labios se adaptaron a su forma acariciando cada centímetro de mi humedad mis manos jalaban su pelo mientras sus obedientes manos se amoldaban mis tetas, sus pulgares acariciaban mis pezones y su boca da besos ocasionales cuando mi cuerpo se inclina y las acercó a su rostro, chupa con ansias, la besa con desesperación y provoca la humedad en mi entrepierna

    Las sensaciones comenzaron a invadirme, su mirada, su dureza, sus manos acariciando, su boca esa bendita boca que es una maestra del placer… sublime.

    Iba a clavarme en él, dejar que por fin me poseyera pero me detuvo con sus manos en mis caderas antes de pudiera tenerlo dentro

    —Termina lo que empezaste quiero sentirte temblar sobre mí

    Aún yo en el control él mandaba así que le hice caso seguí con mis movimientos.

    Tome con mi mano la base de su dureza y la detuve en la posición que más placer me causaba.

    Me olvidé de él y su placer y me enfoque en el mío.

    La puta que llevó dentro salió a relucir y tomó el control.

    Pronto llegó lo que buscaba, los temblores se hicieron más fuertes en cada movimiento, mi respiración acelerada y la humedad que en esos momentos ya sentía bajar más allá de mi mano me delataron.

    Mi cuerpo se arqueó sobre él y no paré hasta quedar satisfecha un último movimiento, un placer indescriptible, una sensación invadiendo mi cuerpo y luego derrumbarme sobre su pecho.

    Mi cuerpo quería más así que levanté mis caderas buscando clavarme en él.

    Abrí mi boca al sentir como su carne me invadía y un gemido escapó de mi boca cuando me dejé caer en su dureza me senté sobre él y me quedé quieta con él en el fondo de mí. Lo humedecí con mis jugos y salí de él, bajaba lento sintiendo cada centímetro entrar en mí, podía sentir como me abría a él, como me adaptaba a su grosor lo cabalgue despiadadamente

    Fue mi juguete, el apropiado para calmar mi placer, pero aún lo necesitaba todavía más dentro de mí, en lo más hondo de mis entrañas.

    Así que suplique:

    —Por favor voltéame y hazme tuya quiero ser tu perra

    Con sus ojos llenos de fuego por fin me hizo caso y tomó el control…

    Su dedo viajó por mi espalda desde el cuello hasta rozar en medio de mis nalgas su dedo se detuvo en mi ano, sentí su saliva caer entre su dedo y mi cuerpo, jugo haciendo círculos por fuera, luego un poco de presión, un suave empujón sobre mi orificio más estrecho, me relaje y el dedo entró fácilmente.

    —Me encanta ver tu cuerpo en esta pose.

    Levanté mis caderas para darle una mejor vista y un mejor acceso.

    Su dedo seguía dentro de mí cuando sentí como se clavó de golpe, su mano libre sobre mi cuello mantuvo mi cabeza pegada al colchón mientras su dedo se movía dentro de mí culo y me follaba duro, ahora él tenía el control y sus movimientos precisos llegaron al lugar indicado, me llevaron de nuevo al máximo placer…

    Siguió bombeando sin piedad, uno tras otro los orgasmos me llegaron hasta que lo sentí ponerse más duro, sentí sus contracciones dentro de mí, sus gruñidos de placer reemplazaron mis gemidos apreté mis nalgas contras sus bolas, sentí como salía disparado el semen en lo más profundo de mi vagina luego su peso sobre mi espalda, sus besos sobre mi cuello, sus manos en mi cadera y nuestros corazones al mismo ritmo uno al lado del otro.

  • Fantasías a la hora del té

    Fantasías a la hora del té

    Me levanté hoy con muchas ganitas del chico que me gusta…

    Acá estoy desayunando y aprieto mis piernas contra la silla, mis gemidos casi nulos piden por él, por su piel mi deseo de tenerlo bajo la mesa, corriéndome el short y poniendo de costadito mi tanga, mmm.

    Deseo que me recorra con sus dedos y lengua…

    Me invade las ganas de verlo a los ojos, esos ojos llenos de excitación y su respirar agitado, le gusta saber que me complace que estoy por venirme en su boca.

    Lo mantengo ahí con mis piernas sobre sus hombros, sus dedos húmedos que entran y salen tan rápido como la aceleración de mi respirar.

    Esa imagen suya tan presente en mi… tomando mi taza firmemente como si fuera su pene y ese té dulce que cae desbordado de mi boca, imagino su leche.

    Secando esas gotas traviesas cerca de mis labios, ops!

    Caen gotitas en mis tetas y con mis dedos las seco, llevo mis dedos hacia mi boquita no paro de lamerlos y me caliento aún más, mis piernas súper agarradas a la silla apretándolas créeme que quiero, pero no aguanto.

    Mi lengua juguetona imagina todo su cuerpo y mis dedos cumplen la función de esa pija bien mojada bañada en leche y solo quiero que me penetre agarrándome del pelo.

    No me queda más que abrirme de piernas e imaginarte…

  • Con mi vecina casada

    Con mi vecina casada

    Soy un chico de 24 años, mido 1.81 m, tengo buen físico, un pene de 17 cm erecto, pelo negro ondulado. Les comento vivo en una zona de campo donde habitamos entre unas 20 familias y para mi suerte hace ya casi un año, una pareja de recién casados se mudó a la casa frente a la mía, desde el primer día que vi a Eva (nombre inventado por seguridad) me prendió demasiado, es una mujer de 30 años, es una gordibuena completa, pelo corto negro, tetas medianas, un culito grande y bien formado y de una carita muy de buen parecer, su esposo se ve que es un bueno para nada y desde la primera impresión se ve que no la complace en la cama.

    No platicamos mucho ya que ellos salen a diario por las mañanas y regresan por la noche; por otro lado yo laboro desde casa, pero los fines de semana puedo verla cuando sale con faldas, luciendo sus deliciosas piernas y sus pechos firmes, con una gran envidia del esposo que la acompaña agarrado de la mano, a mi punto de vista no la veía tan enamorada de él fue por eso que mi mente volaba a mil para follarla. Le dedicaba unas cuantas cuando la miraba por la ventana. Intercambiamos palabras, pero nunca entablamos una conversación formal, pero notaba como me miraba con unos ojos de diablita, se notaba que era una completa diosa y sucia para el sexo.

    Todos los días pensaba en ella en como podía tener la oportunidad de tener sexo con ella de hacerla gritar y penetrarla; para mi sorpresa llegó el momento.

    Un día normal se escuchó que salían, como a diario, pero para mi sorpresa solo salió el idiota de su marido; me quedé espiando desde mi ventana por unos minutos y en efecto, ella quedó sola en casa, supe que era una oportunidad de ORO, pero ahora tenía que pensar como podría llegar a cumplir mi objetivo, entonces salí de mi casa e hice como que estuviera arreglando mi auto, era un día caluroso y el sol estaba en su punto más alto, entonces retiré mi camisa y comencé a “revisar mi automóvil”, solamente pasaron unos minutos cuando ella salió al jardín en pijama, con un pants de color amarillo algo transparente y una blusa de color blanco tallada, donde resaltaban sus pechos divinos.

    Me recosté en el suelo para observarla ella comenzó a ver sus flores y me daba la espalda agachándose, fue ahí cuando me di cuenta que en su enorme culote usaba un tanga de color negro se le veía delicioso, rápidamente tuve una erección y mi mente volaba a mil, obvio que era totalmente discreto, pero me daba cuenta cuando ella me miraba también, fue cuando agarré valor y le hice mención sobre el día caluroso a lo que ella con una sonrisa me respondió:

    Eva: Si, está muy calentito el día y por lo que veo tienes demasiado calor jejeje.

    Yo: si de hecho creo que seguiré reparándolo el día de mañana, para no deshidratarme.

    Cuando me dio una respuesta que me puso demasiado caliente.

    Eva: ¿no quieres pasar por un vaso de jugo? Igual y aprovechamos para platicar nunca hemos entablado una conversación y de hecho no he conversado con ninguno de mis vecinos.

    Sin ningún minuto que perder acepté, admito que llevaba una erección súper potente, llevaba unos pantalones de lona azul, por lo tanto solo resaltaba la cabeza de mi amigo; entramos a su casa demasiado fresca, y fue cuando estaba adentro cuando me di cuenta que estaba tan cachondo que no me percaté que había olvidado la camisa, a lo que le dije:

    Yo: perdón olvidé mi camisa, si te incomoda vuelvo en un segundo para ponérmela.

    Eva: jejeje no te preocupes no es cosa del otro mundo no me quedaré ciega por verte así.

    Me lo dijo con un tono en donde me di cuenta que ella tambíen estaba cachonda, solo era de buscar la manera de hacerle saber de qué quería comérmela.

    Fue entonces cuando ella se dirigió hacia la cocina, yo la seguí, ella sacó dos vasos para servir el jugo, yo estaba realmente caliente y no pude esperar más, entonces la abracé por detrás, pegué mi pene erecto con su culo, tenía unas nalgas tan suaves, mi mano derecha fue directamente a su vagina por encima de su pantalón, mi mano izquierda en sus pechos y mi boca a su oreja derecha. Y le dije susurrándole que la iba a penetrar sin importar nada. Ella me respondió:

    Eva: mi intención tambíen era esta, pero no esperaba que fueras tan atrevido.

    Soltó los vasos y rápidamente se dio la vuelta, nos fundimos en unos besos largos y apasionados, mientras agarraba su culo como si no hubiera un mañana, le bajé el pantalón y la blusa, dejándola en ropa interior, la cargué besándonos y la senté sobre la mesa, enseguida me quité el pantalón y el bóxer, mientras ella se quitaba el tanga; la abrí de piernas y besándola la penetré, estaba totalmente mojada, ella gemía y gritaba yo estaba con el mete y saca, le chupaba sus pechos, estaba totalmente loco, ella me pedía que le escupiera en la boca y que le diera cachetadas, que le dijera que era su puta a lo cual me ponía mas cachondo.

    La penetraba tan delicioso, no podía creerlo, saqué mi pene, la puse de espaldas y la recosté sobre la mesa, teniendo así su gran culo a mi disposición, le separé las piernas y pude ver como su vagina expulsaba fluidos vaginales, me puse por detrás y le metí el pene salvajemente por su vagina, ella se volvía loca, le agarraba el pelo y la tiraba hacia atrás, yo la estaba castigando metiendo y sacando mi miembro, fue cuando en un momento salió mi pene y a la hora de meterlo se introdujo por su culo, ella pegó un grito: ¡¡Que ricooo ahhh!! Me prendí aún más y fue cuestión de minutos para que acabara dentro de su culo.

    Estábamos tan fatigados, ella se dio la vuelta nos seguimos besando mientras ella me masturbaba, la tome del pelo y bruscamente la mandé hacia abajo para que comenzara a chuparme el pene, me lo escupía y se lo metía todo a la boca, era una completa locura como esa puta se estaba tragando mi miembro, la tomaba de la cabeza y la empujaba con fuerza para mantener mi pene dentro de su boca, ella se atragantaba, pero eso me ponía más caliente. Fue cuando acabé dentro de su boca, expulsé una cantidad bárbara de semen y ella como si nada se lo tragó, se levantó y sin decirme nada y con una sonrisa de diabla nos comenzamos a besar, la cargué y la volví a penetrar, ella envolvió sus piernas alrededor de mí y yo la cargaba en su culo, subí las gradas y llegamos a la habitación.

    La lancé sobre la cama la agarre del cuello con fuerza mientras la hacía mía le estaba destrozando la vagina, es una mujer de piel blanca y su chochita estaba más que rosa y súper caliente, me dijo que no habría problema con acabarle adentro ya que mantenían relaciones con su esposo, ella gemía y gritaba tanto que le golpeaba y metía mis dedos en su boca, no podía creer que mi vecina era una tremenda puta, acabé adentro de ella 3 veces más, su vagina expulsaba semen y fluidos vaginales a la vez, yo ya no daba más y me recosté en la cama ella se levantó y me comenzó a chupar los huevos y el pene, estaba totalmente extasiado; se levantó y me dijo que iría a ducharse, que me esperaba allá, espere 5 minutos y tomé fuerzas, llegué a la ducha y ella estaba de espaldas bañándose, de una le introduje 3 dedos por el culo mientras la besaba.

    Subiré la segunda parte, la continuación pronto, estar atentos, échale un vistazo a mi perfil y deja tu comentario.

  • Una como tantas otras…

    Una como tantas otras…

    -Avísame cuando llegues por favor -dijo al pie del vehículo- no importa la hora.

    -Te aviso -respondió dando un beso a su mejilla- no te preocupes.

    -Ana -volvió a hablar haciéndola detener- ya te extraño.

    -¡Tonto! -dijo- no demos espectáculo, solo son tres días.

    Así fuera solo uno, pensó; era tanto su amor hacia esa mujer que el saberla lejos le provocaba un vacío que no identificaba. Le vio partir y un extraño presentimiento llegó a su mente, le desecho de inmediato dando media vuelta para tomar la salida; nunca imaginó que ese momento llegaría a ser el principio del fin de su relación.

    ***

    Escuchó el tono en el momento que sus bocas se encontraron en un beso, intentó inútilmente deshacerse de su abrazo mientras su última prenda caía al suelo.

    -¡Déjame contestar! -dijo tratando de quitárselo de encima- se va a extrañar si no lo hago.

    -¡Que se joda el estúpido cornudo! -mencionó sujetándola de su cintura mientras terminaba de quitarse su ropa- después le inventas algo.

    -¡No!, por favor -negó sin determinación al sentir como su intimidad era invadida sin aviso- no me hagas esto.

    -Esto y más te voy a hacer -respondió tomándola de sus senos mientras incrementaba el ritmo de sus embestidas- ¡el idiota no te va a reconocer después de las cogidas que voy a darte!

    -¡Despacio! -pidió- me lastimas.

    No hubo respuesta a su pedido, el buscaba saciarse con ella y no le permitiría desembarazarse hasta quedar satisfecho; viéndose sin opciones, se dejó llevar por la insana sensación de saciedad que invadía su interior mientras, dentro de su bolso, su teléfono no dejaba de sonar.

    ***

    Tercera llamada y no hubo respuesta, pensó en la opciones y las peores llegaron a su mente; las desechó de inmediato mientras, con su pequeño en brazos, se dirigieron a su recámara.

    -Duerme -le dijo mientras acariciaba sus cabellos- mañana hablamos con mamá.

    -¿Por qué no contesta? -preguntó.

    -Posiblemente tuvo algo por hacer, no te preocupes.

    ***

    Ingresó a su auto para contestar la llamada, evitando con esto la cacofonia indeterminada del exterior.

    -¿Javi? -preguntó al escucharlo- ¿cómo estás amor?

    -Bien -respondió- acabo de dejar a Mateo en la escuela, ¿estás bien?; no respondiste anoche a mis llamadas.

    -Todo bien -dijo con seguridad- llegamos tarde y salimos a cenar; dejé cargando mi teléfono y cuando regresamos ya no quise molestarlos, los imaginé dormidos.

    -Unos minutos antes y le hubieras hablado, se preocupó y, no creas, yo también.

    -Yo también los extrañé -mencionó sin remordimiento- mucho.

    ***

    Salió de un estupendo ánimo de la reunión, de seguir así, el siguiente responsable de esa locura mal llamada seminario correría a su cargo; ingresó al restaurante buscando con la mirada.

    -¡Luis! -escuchó- ¡aquí!

    Se dirigió al lugar esquivando comensales, después de no poco esfuerzo logró llegar y tomar asiento.

    -Esto es una locura -dijo- cada vez viene más gente.

    -Y no veas las mujeres -le dijo en baja voz- ya vi un par a las que podemos invitar más tarde.

    Sonrió pensando que lo que le decía no era un farol, le conocía y sabía que no hablaba sin fundamentos.

    -Muéstrame -pidió- veamos si aún tienes buen gusto.

    Le señaló el lugar donde dos hermosas mujeres charlaban, su atención no se fijó en ellas; al fondo del salón una pareja salía del lugar en un abrazo que evidenciaba su relación, él no le era para nada conocido, ella en cambio; estuvo en su casa hacia escasas semanas.

    ***

    No atinaba a pensar el por qué no entendía que era necesario lo hiciera, le había explicado con detalles y aun así no lograba que hiciera lo que le pedía.

    -Invéntale algo Mario -le dijo- si quieres dile que me estoy muriendo, ¡pero tráelo!

    -¡Carajo Luis! -respondió sin saber a ciencia cierta que hacer- ¿no sería mejor si le mandas algo?, una foto, un video, tal vez un…

    -¡No!, tiene que verlo para convencerse; ¿cuántas veces se lo dijimos y no hizo caso?

    -Está bien -mencionó resignado- déjame ver que puedo hacer, te aviso.

    Colgó con una idea en mente, no era la mejor pero tampoco estaba como para adornar la situación; volvió a tomar su teléfono y marcó su número.

    ***

    La noticia le cayó como una bomba, esa mujer le había acogido como su hijo y ahora, al saberla enferma, no pensó un segundo en lo que debía hacer.

    -¿Estás seguro que no hay algo por hacer? -preguntó afligido- la vieja es casi como mi segunda madre.

    -Es lo que me comentó Luis -respondió con pesar conociendo que era mentira lo que le decía- no le pregunté más.

    -Vamos -dijo- pasamos a dejar a Mateo con mi madre.

    Tomaron camino sin pensar que el regreso sería muy diferente, le vio dejando a su hijo y no pudo menos que entristecerse por el drástico cambio que le esperaba; se sintió terrible aun cuando lo peor no había siquiera comenzado.

    ***

    El enojo se hizo presente al conocer el por qué de la apresurada llegada al lugar, más aún al saber de la mentira con la cual le hicieron llegar; no daba crédito a lo que estaba sucediendo.

    -¿Qué es esto Luis? -preguntó con coraje- con estas cosas no se juega idiota.

    -Era eso o no venías -respondió- aunque no sé si después de esto nos agradezcas o nos termines dando una patada por el culo.

    -Esto es muy serio -dijo señalándolos- se están metiendo conmigo hablando de mi esposa.

    -Dame el beneficio de la duda -le respondió- ¿sabes cuál es su habitación?, vamos y si no se encuentra ahí, te llevo a donde si la vas a encontrar.

    -604, y después dejan de patearme las bolas.

    ***

    Tras el vano intento, después de llamar a su habitación en reiteradas ocasiones, se encaminaron a la que mencionó Luis; solo él llamó mientras ellos se colocaban a ambos lados de la puerta.

    -¿Quién es? -escuchó preguntarle detrás de la puerta.

    -Sr. Ávila -respondió- soy el coordinador del seminario, olvidó firmar su asistencia.

    -No sabía que tenía que hacerlo -volvió a escuchar.

    -Es solo un trámite, pero tengo que enviar la lista de confirmación.

    -Deme unos minutos.

    Pasado un tiempo se escuchó el seguro y la puerta se abrió, aprovechó el momento para ingresar mientras Mario, tras él, hacía lo propio.

    -¿Qué es esto? -exclamó al sentirse sujeto por un par de manos- ¿qué quieren?

    -A ver galán -le dijo Luis tomándolo del cuello- estos son temas que no nos competen así que, ¡afuera!

    -Ponte esto -mencionó Mario arrojándole una bata que tomó del perchero- vamos a dar una vuelta y sin hacer escándalo.

    -¿Qué pasa? -mencionó una voz femenina- ¿está todo bien?

    -Hasta hace unas horas todo estaba bien -mencionó al ingresar a la habitación- ahora ya no puedo decir lo mismo.

    -¡Javier! -dijo cubriendo su desnudo cuerpo- ¿qué haces aquí?

    -¿Es lo primero que se te ocurre decirme? -respondió con odio- te preguntaría lo mismo.

    Bajó la vista mientras tomó asiento en la cama, se sabía perdida y sin opción de salida; comenzó a recoger su ropa sin mencionar palabra alguna.

    -¿No piensas decirme algo? -volvió a interrogarla.

    -¿Qué quieres que te diga? -le respondió con tristeza- no tengo excusa a esto, puedo imaginar lo que estás pensando de mi.

    -Sólo respóndeme algo antes de largarme de aquí… ¿por qué?

    -No lo sé -dijo mientras un amargo llanto corría por sus mejillas.

    No pudo permanecer más tiempo en ese lugar, eran muchos los sentimientos que anidaban en ese momento en él y, en conjunto, le hacían sentirse dolido, enfermo de rabia e impotencia por saberse engañado de la peor manera.

    -Espero no te arrepientas de lo que hiciste a lo nuestro -mencionó antes de salir- yo ya lo hice.

    ***

    Le vieron e inmediatamente corrieron a su encuentro, por un momento imaginaron lo peor conociendo lo imprudente que en ocasiones llegaba a ser.

    -¡Javi, carajo! -le mencionaron al verlo postrado en el auto- ¡no sabíamos dónde estabas!

    -¿Cómo te sientes hermano? -preguntó Luis- perdona que te hiciera pasar por esto, pero me dolió saber lo que te estaba haciendo.

    -No hay algo por perdonar -respondió con tristeza- actuaron como amigos y se los agradezco, siempre me lo dijeron pero por estúpido nunca les hice caso.

    -¿Qué quieres hacer? -pregunto Mario.

    -Ir a casa -dijo- ya no me importa lo que ella haga, pero tengo a mi hijo y por el voy a salir de esta.

    Subieron al auto y partieron de regreso mientras, con una idea en mente, entró Luis en busca de una solución.

    ***

    A días de lo acontecido y aún lo seguía pensando, sabía la opción a tomar pero, a pesar de ello, no dejaba de dolerle donde ni siquiera imaginaba que podía sentir dolor; regresó de su letargo al escuchar el tono de llamada.

    -¿Podemos hablar? -preguntó- quiero darte una explicación.

    -No es necesario Ana -respondió- no creo que lo que puedas decirme me haga cambiar la opinión que tengo de ti.

    -Sé que merezco tu desprecio, pero debes conocer los motivos; dame al menos la oportunidad de hacerlo, por favor.

    -Te veo en el café en una hora -dijo pasado un momento.

    Espero no arrepentirme, pensó; espero no hacerlo.

    ***

    -¿Y bien? -preguntó- ¿qué era eso tan importante que tienes por decirme?

    -Quiero pedirte perdón -mencionó con nerviosismo- no te merecías esto.

    -Al menos lo reconoces.

    -Nunca deje de hacerlo -dijo- es solo que me deje llevar por sus halagos, sus piropos; me sentí deseada, querida…

    -¿Y yo no te ofrecía eso? -mencionó al fijar su mirada en ella- no te engañes, si le escuchaste y sobretodo le hiciste caso es porque ya no sientes nada por mi.

    -¡No digas eso!, tú eres el amor de mi vida y el padre de mi hijo.

    -El padre no lo niego, pero lo del amor de tu vida… eso si lo dudo; a él no le dirías “te amo” mientras le abres las piernas a otro.

    -Fue un desliz Javier, pero podemos salir de esto si nos lo proponemos; podemos, no sé, ir con un terapeuta y…

    -¡Espera! -dijo marcando un alto- por principio ¿quién te dijo que quiero continuar?, segundo, esto no fue un desliz Ana, ¡fue una traición en plena regla, maldita sea! No, quita de tu cabeza el que podamos seguir con la relación, quebraste la confianza y por más que trates de pegar los pedazos ya no volverá a ser igual.

    -¡Pero es que no puedo estar sin ti! -dijo tomándolo de sus manos- estos días separados me hicieron entender que eres a quien en verdad amo.

    -Entiende esto -respondió soltándose de ella- con lo que no puedes estar es con la estabilidad que te ofrecía, quieres seguir contando con ella y con la oportunidad de sexo casual, dos por el precio de uno, pues no va a ser así; no podría seguir contigo aunque quisiera hacerlo, porque la rabia que ahora siento se convertiría en desesperanza y después en dolor, es difícil aceptar la verdad pero aquí está, clara, no me amas y por mi bienestar emocional mejor me hago a un lado.

    -¡Dame una oportunidad de demostrarte que puedo cambiar para ti! -suplicó- ¡te juro por lo más sagrado que te amo!

    -Por lo más sagrado ya me lo juraste una vez y ¿qué fue lo que paso? -dijo con tristeza- lo de la oportunidad la tuviste antes de tomar la decisión de engañarme y ¿cuál fue esta?

    -Me hiciste sufrir mucho Ana y aún me duele al verte, no voy a negar que aun te amo pero te voy a olvidar, tu deberías hacer lo mismo; incluso continuar con él si en verdad lo quieres, a pesar de todo no quiero ver tu vida arruinada.

    -No volveré a verlo -dijo bajando la mirada- Luis se encargó de que su jefe lo supiera y le dejó en claro que un escándalo en la empresa dependía de su continuidad; la semana pasada fue la última en el trabajo.

    -Y por eso es que estás aquí -mencionó con una triste sonrisa mientras se levantaba de su asiento- ya no lo tienes y no planeas quedarte sin ninguno, entiende entonces que no seré una opción, ¡yo debería ser tu prioridad!, pero ¿qué más puedo esperar ti?

    -¿Decidiste entonces dejarme? -preguntó con lágrimas en los ojos- ¿te vas?

    -No es mi decisión Ana -le respondió- es la consecuencia de la tuya. Siempre estaré para ti porque a pesar de todo eres la madre de mi hijo, por lo demás, solo tomo la opción que me dejaste.

    Salió del lugar y el mundo le pareció más claro de cuando entró, como le dijo, aun la amaba, pero haría todo lo que estuviera a su alcance para arrancar de raíz lo que aún sentía y sabía que le hacía daño.

    ***

    Salió, como siempre que no tenía a alguien que le compartiera de su tiempo, sola; buscó despejarse con los aparadores que bordeaban la Avenida cuando, al esperar para cruzarla, lo vio; su sonrisa aún era la que recordaba y su semblante mostraba felicidad. Intentó acercarse en el momento que una mujer se colgó a su cuello mientras le robaba un beso.

    -Me amas -escuchó decirle.

    -Como nunca amé a nadie -fue su respuesta.

  • Experiencia con maduro (Parte 1)

    Experiencia con maduro (Parte 1)

    Vivía sólo y disfrutaba ver porno de casi todo tipo. Al ver porno gay, me interesé más por el sexo gay entre joven y maduro.  Me masturbaba mucho pensando en mis fantasías sexuales de todo tipo. Pero más con la de tener sexo con un maduro. Busqué contactos gays en internet y vía telefónica, «phone chat…»

    Después de varios intentos, encontré uno que me convenció. Era un maduro anglosajón de 57 años… Yo tenía 27 y el 57… Nos encontramos y después nos fuimos a su casa. Al llegar a su casa, me empezó a manosear, sentí una gran excitación, me quité mis jeans ajustados y le mostré mis pantis tipo tanga.

    Mi nuevo amigo se desvistió y me dejó ver su cuerpo atractivo, muy velludo, cuerpo poco robusto, barba y cabeza rasurada. Usaba una trusa corta y muy entallada, que, dejaba ver la silueta de su verga de aproximadamente 8 pulgadas y gruesa. Dirigió mi cabeza a su zona genital, se la manoseé y luego empecé a mamársela. El disfrutaba y yo también.

    Hice una pausa en el sexo oral y el aprovechó para lamerme las nalgas y frotar su pene en ellas.

    Continuará…

  • El test

    El test

    Se oía una música lenta que invitaba a dormir cuando entré en el bar. Estabas sentada en uno de los taburetes de la barra con la cabeza baja y perdida entre tus pensamientos, pensamientos aromatizados por los efluvios que emanaban de tu copa. Me senté en un taburete que estaba al lado del tuyo, pedí un brandy y te abordé, a ti, sí, a ti a la que está leyendo esto, te pregunté.

    -¿Bailas, bonita?

    Giraste la cabeza y con cara de sorprendida, dijiste:

    -¡¿Qué?!

    Te respondí con una sonrisa en los labios mientras la camarera me servía el brandy:

    -Era broma.

    Tu seriedad quería herir como un punzón cuando dijiste:

    -¿De qué me conoces para gastarme una broma?

    -Era para romper el hielo.

    No debías tener un buen día y creo que habías encontrado en mí la víctima propicia.

    -Si quieres romper hielo vete al polo norte.

    Tenía que usar mi astucia.

    -No debí abordarte. Estas no son horas para hacer el test.

    Despertar la curiosidad casi siempre funciona y más cuando una persona está aburrida.

    -¿De qué test estás hablando?

    -De un test que estoy haciendo para una revista.

    -¿De qué va el test?

    – Son veinte preguntas de tema sexual.

    Pasando la yema del dedo medio de tu mano derecha alrededor de la boca de la copa me preguntaste:

    -¿Pagas por responder a esas preguntas?

    Ya tenía medio trabajo hecho.

    -Te pagaría veinte euros.

    -Sale a euro cada una, si pagas a dos, pregunta.

    Saqué un pequeño bloc donde tenía escritas las preguntas y comencé la entrevista.

    1- ¿Qué buscas en una historia de amor? A-Vivir buenos momentos. B-Experimentar sensaciones fuertes. C-Seguridad afectiva y financiera.

    -Vivir buenos momentos.

    2-¿Cuál es la primera palabra que asocias al sexo?

    Amor, pareja, placer pasión, cariño, deseo, satisfacción, cama, felicidad, caricias, coño, polla.

    -Polla.

    3-¿Qué edad tenías cuando tuviste tu primera relación sexual?

    -Era muy joven.

    4-¿En qué lugar tuviste tu primera relación sexual?

    -En un sitio cómodo.

    5-¿De media cuántas relaciones sexuales tienes al mes? 0, 1, 2, de 3 a 8, de 8 a 16, más de 16.

    -Menos de las que quisiera.

    6-¿Qué nivel de fidelidad tienes, siendo diez muy fiel y uno muy poco fiel?

    -Diez.

    11-¿Si tu pareja te fuese infiel le serías infiel por despecho?

    -Sí.

    12-¿Cuántas relaciones sexuales has tenido?

    -Varias.

    13-¿Has hecho sexo en grupo?

    -No.

    14-¿Consideras normal usar en la cama algún juguete sexual?

    -Si.

    15-¿Consideras normal pagar o cobrar por tener sexo?

    -No.

    16-¿Consideras normal masturbarse teniendo pareja?

    -Sí.

    17- ¿Consideras normal hacer un trío?

    -Sí.

    18-¿Consideras normal tener sexo oral?

    -Sí.

    19-¿Consideras normal tener sexo anal?

    -Sí.

    20 -¿Consideras normal tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo?

    -Sí.

    -Ya está.

    -Me alegro, las preguntas se hacía cada vez más comprometedoras.

    Saqué la billetera. Te di cuarenta euros y luego tomé un sorbo de brandy. Te volviste a girar hacia mí y me dijiste:

    -Me extraña mucho que me hayas dado cuarenta euros por responder a tus preguntas sabiendo que te podía mentir.

    -Me precio de conocer a las personas y no me has mentido y hasta podría decir que ves normal lo de los tríos, pero que nunca has hecho uno…

    Te apresuraste a decir:

    -A lo mejor lo hice con dos mujeres.

    -Ni con dos mujeres ni con dos hombres.

    Te pusiste alta, se veía que tenías genio.

    -¡Tú que carajo sabrás!

    -Puede que lo hicieras imaginándolo en alguna de tus pajas.

    -¡¿Me estás llamando pajillera?!

    Sonriendo te dije:

    -No, mujer, te estaba sonsacando, y algo en limpio saqué.

    Entraste al trapo.

    -¿Qué sacaste en limpio?

    Te toreé.

    -Que eres bisexual.

    Te dejaste torear

    -¿Y por qué no lesbiana?

    Me entró la duda.

    -¿Lo eres?

    Me sacaste de dudas.

    -Tan lesbiana cómo tú maricón.

    Ya entré a matar.

    -¿Quieres hacer un trío con dos hombres?

    Te volviste a poner brava.

    -¡Vete a la mierda!

    Traté de que se te fuera el enfado

    -Es solo una pregunta. ¿Lo harías?

    -¡¿Quieres que te dé un cubo para ir a la mierda?!

    -Si no me hubieras contestado que no a lo de pagar y cobrar por sexo te ofrecería 100 dólares por hacer un trío conmigo y con mi hermano. A primera corrida, o sea, después de corrernos cobrarías y te irías.

    Cada vez estabas más furiosa.

    -¡Me cago en todo, estirado! ¡¿Me has visto cara de puta?!

    -No mujer, no, pero no me culpes por intentarlo, estás muy rica.

    -Puto maricón. Tú no trabajas para ninguna revista, tú venías a tiro fijo, a ver si caía algo.

    Tomé otro trago de brandy, y luego te dije:

    -Me has descubierto, pero si te hubiera dicho: Hola. ¿Vienes mucho por aquí? Me hubieras mandado antes a la mierda. ¿No?

    Así cómo te habías encendido te apagaste.

    -Sí, pero te hubieras ahorrado cuarenta euros.

    -Bueno, no me queda más que disculparme, pero por un momento se me hizo la boca agua pensando en mi hermano y en mí dándote sexo oral, vaginal, anal…

    -Para, para. ¿Te estás disculpando o volviendo a la carga?

    -Disculpando. Ya no te molesto más.

    -Eso ya está mejor. Paga mis copas por las molestias.

    -Claro, y te invito a otra si quieres.

    -Prefiero que me pagues el taxi a casa, que de noche las calles están peligrosas.

    -Podríamos compartir el taxi. Te dejó en tu casa y luego vuelvo a mi hotel.

    -Me parece bien.

    Poco más tarde subimos a un taxi y el taxista nos preguntó:

    -¿A dónde os llevo?

    Te miré y te dije:

    -Dile a donde te tiene que llevar.

    -A tu hotel.

    Se sorprendió hasta el taxista. Aún a riesgo de joderla, te dije:

    -Hay algo que se me escapa.

    -¿Te acuerdas de la pregunta número once?

    -Sí.

    -Pues eso.

    Ya no se me escapaba nada. Le di el nombre del hotel al taxista. Al rato entrábamos en mi habitación. Mi hermano estaba sentado en un tresillo mirando una revista de automóviles. Al verte me dijo:

    -¡Vaya bombón has traído!

    Encima de un mueble había una botella de brandy, me eché una copa y pregunté.

    -¿Alguien quiere?

    -Yo no -dijiste.

    Te sentaste al lado de mi hermano en el tresillo y te pusiste a mirar la revista. Señalaste un auto con el dedo y le dijiste:

    -Este es el que me gustaría tener a mí.

    -El Ferrari 488 GTB. No tienes mal gusto.

    Me bebí el brandy y luego me senté a tu lado. Quedaste entre mi hermano y yo. Después de unas palabras intrascendentes, te pregunté:

    -¿Empezamos?

    -Empezamos.

    Te bajaste la cremallera de la cazadora. Debajo solo llevabas un sujetador negro, lo quitaste y tus encantos quedaron a nuestra disposición. Mi hermano te echó las manos a las tetas y te las sobó. Levantaste los brazos para hacer más espacio. Te lamimos las axilas. Luego te mamamos una teta cada uno al tiempo que sacábamos las pollas empalmadas. Cogiste una con cada mano y las masturbaste. Luego te quité el pantalón, para facilitar que te lo quitara levantaste el culo e hiciste un arco con tu bello cuerpo. Te abrí las piernas con las dos manos, metí mi cabeza entre ellas y lamí de abajo a arriba repetidas veces. Mi hermano te metió la polla en la boca. Cogiste su polla con una mano y acariciaste mi cabeza con la otra. Lamí tu clítoris varias veces, de abajo a arriba, hacia los lados y haciendo círculos con la punta de la lengua sobre él. Luego lamí de abajo arriba el interior de tu vulva y me encontré con una pista de patinaje hecha con jugos agridulces que tragué con lujuria. Al ratito os sentí gemir a mi hermano y a ti, lamí tu clítoris a todo gas y apretando la lengua contra él. Me diste lo que buscaba, una corrida deliciosa y larga cómo un día de mayo. Derritiéndote, entre gemidos y en bajito, dijiste:

    -Me estoy corriendo

    Al acabar de correrte puse mi polla empalmada en la comisura de tus labios. Quitaste la polla de mi hermano de la boca y mamaste la mía. Al rato masturbabas las dos, lamías y chupabas una, lamías y chupabas la otra, metías las dos en la boca, las seguías meneando…, y así estuviste hasta que mi hermano se corrió en tu boca. Escupiendo la leche pusiste la polla sobre el pezón de la teta izquierda y mi hermano acabó de correrse sobre él. Terminó él y comencé a correrme yo. Frotaste la polla sobre el pezón de la teta derecha y acabaste con los dos pezones y las areolas cubiertos de leche. Tu sorpresa fue mayúscula cuando viste cómo lamiendo y mamando limpiábamos nuestra corrida de tus tetas, pero no dijiste nada, y no dijiste nada porque te gustó vernos tragar nuestro propio semen.

    Era hora de tomar otro brandy para enjuagar la boca. Tú también te animaste aunque no era una de tus bebidas predilectas. El brandy te animó, nos dijiste:

    -Yo ya he cumplido, pero si me hacéis un streeptease os dejo hacer más cosas.

    Mi hermano y yo efectuando el streeptese tuvimos que hacer un ridículo espantoso, pues te partiste el coño con la risa, pero valió la pena para poder seguir follándote. Al acabar la música y estando totalmente desnudos, nos dijiste:

    -Sois unos cachondos. Os habéis ganado un tiempo extra. Vamos para la cama.

    Fuimos para la cama y nos sentamos en el borde. Sabiéndote la reina del baile, nos dijiste:

    -Echaros boca arriba sobre la cama que voy a daros un repaso.

    Nos echamos sobre la cama. Mi hermano se echó en la parte izquierda y yo en la derecha. Subiste encima de mi hermano y dándole la espada comenzaste a follarlo. A mí me cogiste la polla, tiraste de ella y acabé arrodillado delante de ti y entre las piernas de mi hermano. Me comiste la boca mientras tu culo volaba de delante hacia atrás y de detrás hacia delante metiendo y sacando la polla y haciendo este ruido al llegar al fondo del coño: «¡Clashhhh, clashhh, clashhhh, clashhhh…!» Sin decir palabra, y con los ojos cerrados me llevaste la boca a tu teta derecha. Luego de lamer el pezón y la areola te la mamé hasta que tus manos llevaron mi boca a la teta izquierda… Tiempo después abrías los ojos, apretabas el culo contra mi hermano y decías:

    -¡Me corro!

    Corriéndote te deshiciste en gemidos. Al acabar de gozar te echaste boca arriba sobre la cama y dijiste:

    -No voy a poder con los dos.

    Habías dejado a mi hermano con la polla pringada de jugos y con ganas de correrse. No te iba a dejar en paz hasta que se corriera. Te puso la polla en los labios. Le lamiste el capullo. Yo metí mi cabeza entre tus piernas y lamí tu coño encharcado. Estaba rico, muy rico. Mi lengua le dio un repaso que te puso receptiva de nuevo. Al rato Mamándola la polla a mi hermano te levanté el culo, te clavé la polla en el coño y te di caña de la buena. Se repitieron los ruidos que hacía a polla al llegar al fondo del coño: «¡Clash, chlash, clash…!» Me duraste poco. Entre espasmos tu coño bañó mi polla mientras se abría y se cerraba Y apretándola y soltándola dijiste:

    -¡Qué rico, papi!

    Al acabar de correrte, aun respirando con dificultad, nos dijiste:

    -Correos en mi cara o donde queráis.

    Te saqué la polla del coño y me eché a tu lado, pero al revés, con mis pies al lado de tu cabeza. Me preguntaste:

    -¿Por qué te pones al revés?

    No te respondí a la pregunta, te dije:

    -Ponme el coño en la boca.

    -Joder, no te cansas de comer coño.

    -¿Te disgusta?

    -Al contrario, me encanta que me lo comas.

    -Ponlo.

    Pusiste el coño en mi boca y dijiste:

    -Toma, goloso.

    Saqué la lengua y te la enterré en el coño. Mi hermano subió a la cama, hizo que te doblaras hacia delante, te lamió el ojete y después te puso la punta de la lengua en la entrada. Dijiste:

    -¡Qué cabrones!

    Moviendo el culo muy lentamente fuiste metiendo y sacando la lengua del coño y del culo, lento, aprisa, lento, aprisa… Por mi lengua bajaban tus jugos y caían en mi boca. Tiempo después tus gemidos se hicieron escandalosos y te corriste cómo una loba.

    -¡Me corro otra vez, cabrones, me corro otra vez!

    Al acabar te quisiste quitar de encima, pero al quitar el coño encharcado de mi cara te lo llevé a mi polla. Dijiste:

    -Me vais a matar a polvos.

    Te clavé la polla de una estocada, luego la saqué hasta dejar solo la puntita dentro para que mi hermano te follara el culo. Te metió la polla despacito y tu culo la recibió con agrado. Empezó una doble penetración sincronizada o sea, al sacarla mi hermano del culo la metía yo en el coño, y al sacarla yo del coño la metía él en el culo. Cuando abriste la boca fue para decir:

    -¡Me voy a correr otra vez!

    No tardaste en correrte y corriéndote, dijiste:

    -¡Vuelo!

    Mientras volabas mi hermano te llenó el coño de leche. Yo la saqué y me corrí en tu vientre.

    Al acabar de follar estuvimos un rato tomando unas copas y hablando cómo si te conociéramos de toda la vida. Cuando te iba a dar los 100 euros me preguntaste:

    -¿Cuándo dejáis el hotel?

    -Pasado mañana.

    -Mañana vuelvo a por el dinero.

    -No volviste. ¿Por qué no quisiste cobrar?

    Respóndeme tú, sí, tú, la que acaba de leer este relato, que para ti lo escribí.

    Mi correo: [email protected]

    Quique.

  • La rebelión de mi madre (XIX): La sesión psicológica

    La rebelión de mi madre (XIX): La sesión psicológica

    Anteriormente:

    Producto de la noche y el alcohol terminamos en la casa de mi madre.

    El bóxer blanco que uso se moja por la presión del agua en la pileta lavamanos. Con el bóxer húmedo voy hacia el cuarto de mi madre que me llama porque su vestido quedó enganchado en un aro y debo socorrerla.

    Luego de poder desabrochar el vestido terminamos ambos en ropa interior y con la cara de mi madre muy cerca de mi bulto húmedo.

    Mi madre me masturba y mi leche cae en su cara y pecho, cuando parece que algo mas seguiría un rayo de sol entra por la ventana iluminando su cara.

    Esto la hace salir del trance y se cubre los pechos con la mano y me pide que por favor me retire del cuarto.

    Me retiro luego y me voy a mi departamento, mi madre no me escribe sino hasta un día antes para que vaya a verla a su casa el fin de semana para hablar seriamente.

    Nos recibirá Andrea, la amiga que me cogí pero que mi madre no sabe.

    Ella es psicóloga, así que nos analizará juntos ese fin de semana.

    Andrea sentada en un sillón nos observa a ambos sentados en el sofá y rompe con el silencio:

    «quiero que me cuenten detalle por detalle lo que pasó, olvídense que me conocen, ahora soy su analista»

    Mi madre comienza a hablar con la voz entrecortada, comienza diciendo que le da mucha vergüenza, pero que necesita desahogarse.

    Habla de mi padre, de quien se separó, de con quien la engañó, de cómo ella se siente fea y vieja.

    Dice que tuvo oportunidad de salir con otros hombres pero no se animó, le dio miedo de sentirse joven, miedo de una relación espontánea con otro, ella estaba hecha a la antigua.

    Andrea la interrumpe y le pregunta qué pasó exactamente el fin de semana anterior.

    Ella dice que salió como estaba siendo habitual, bebió de más y que se sintió atraída por jóvenes que conoció virtualmente en una aplicación de citas. Estaba hablando de mi perfil falso.

    Trago saliva y me entra un calor pensando que pudiera darse cuenta que era yo quien le envió esas fotos subidas de tono.

    Luego le relata detalle por detalle como ocurrió lo de masturbarme.

    Me cruzo de piernas porque el relato me hace tener una erección.

    Mi madre dice que está totalmente arrepentida, que no lo haría de nuevo, pero que en ese momento no estaba en su sano juicio.

    Andrea la interrumpe y me pregunta a mí porqué no la detuve.

    Tartamudeo, transpiro, mis ojos buscan una respuesta que no sea pervertida en el techo.

    Digo que también estaba alcoholizado, de que hacía tiempo que no estaba con una mujer, y que también estaba arrepentido por lo sucedido.

    Andrea nos pregunta sin rodeos si nos masturbábamos.

    Mi madre se ruboriza y dice que no enfáticamente como si la hubieran acusado de asesinato.

    Luego Andrea dirige su mirada hacia mí y me pregunta lo mismo.

    No sé qué responder, la verdad es que cada tanto me masturbo, pero es raro confesarlo delante de mi madre.

    Le digo que muy poco, y últimamente nada.

    Andrea saca una primera conclusión y dice que la tensión sexual de repente explota cuando hay represión, ambos estábamos sin tener relaciones y sin masturbarnos, y producto de otras estimulaciones llegamos a ese punto crítico.

    Luego Andrea pregunta, si habíamos disfrutado el momento.

    Mi madre dice que no de forma rotunda, y Andrea le repregunta por qué siguió.

    Termina sacándole la confesión de que si le gustó, de que hacía mucho tiempo no tenía una pija caliente y juvenil en sus manos.

    Andrea pregunta qué sintió cuando eyacule en su rostro y sus tetas.

    Mi madre dice que se mojó, que se sintió erotizada, de saber que por producto de su estimulación logró sacar la leche a un joven.

    Cuando me toca a mí contestar, digo que disfruté su mano y que cada movimiento que hacía me apresaba más, me tenía inmovilizado con la masturbación.

    Andrea me pide que mire a mi madre a los ojos.

    Al verla ella está ruborizada, sus labios rojos, se abrió un poco el escote, parece que tiene calor. Hay un pequeño brillo de sudor en su piel, evidentemente por la situación de lo que estamos relatando.

    Andrea dice que si ya somos conscientes de lo que pasó y decidimos no hacerlo más, hay que olvidarse. Fue un desliz, propio de nuestra naturaleza, en la cual un hombre y una mujer buscan satisfacer sus deseos más primitivos.

    Andrea me pide que mire las tetas de mi madre, ambos la miramos a Andrea extrañados por la recomendación, ella insiste.

    Miro entonces el escote de mi madre, esa cruz está ahí en medio de sus tetas grandes. Andrea dice que las aprecie de forma natural, sin culpa, xq sino vamos a volver a reprimirnos y vamos a comenzar a cambiar de conducta de ropa, abrazos, etc. Y la relación debe seguir normalmente aceptando los cuerpos del otro.

    Andrea le dice a mi madre que me mire el bulto y a mi que la mire a ella cuando me observa.

    Mi madre mira, se muerde los labios, se pone el pelo detrás de la oreja y nerviosa sigue mirando.

    Mi bulto crece de manera escandalosa y Andrea se da cuenta:

    «bueno, eso que ves amiga es lo que les pasa a los hombres con cualquier estimulación, si miras siempre va a ocurrir, no te sientas responsable ni culpable» le dice Andrea.

    Al finalizar nos pide abrazarnos, lo hacemos, parece que todo está solucionado. No volverá a ocurrir nada extraño entre nosotros.

    Andrea se despide y le agradecemos su ayuda.

    Quedamos solos y mi madre dice que comamos juntos.

    Nuevamente como madre e hijo preparamos el almuerzo, comemos y lavamos los platos.

    Cada uno duerme la siesta en su cuarto, sin nada extraño. Al despertarme voy al living y no encuentro a nadie, llamo a mi madre por la casa y tampoco responde.

    Al salir al jardín la veo nadando en la pileta con una bikini muy chica.

    Me pregunta si quiero meterme a la pileta.

    Le respondo que no vine con traje de baño.

    «Metete con lo que tengas» dice mi madre.

    Me saco el pantalón y la remera. Quedo solo con un bóxer turquesa.

    Mi madre lo toma con naturalidad, yo trato de hacer de cuenta que es una maya, así que me meto a la pileta.

    Nadamos, y luego salimos a secarnos al sol.

    Mi madre me pide que le ponga crema solar, y lo hago con delicadeza. Bajando por su espalda, ella se desabrocha la bikini de la parte de arriba para que pueda pasar por toda la espalda sin problemas.

    Mis manos recorren su piel y va hacia los costados, mis dedos llegan hasta los costados de sus pechos. Y luego se retraen para no generar incomodidad.

    Sigo bajando hasta llegar a sus nalgas, me salteo esa parte y encremo sus piernas.

    «la cola también…» dice tímidamente con los ojos cerrados.

    Pongo el protector en sus nalgas y comienzo a desparramar con suavidad.

    Las nalgas grandes de mi madre llevan bastante protector, llego hasta el límite de la bikini que se pierde en la raya de su culo.

    Arrastrar la crema por sus nalgas lleva a manchar la bikini.

    Para evitar que quede sucia la prenda, con suavidad uso mi dedo índice para sacar el exceso de crema.

    A mi madre se le escapa un gemido, me quedo petrificado. Ella sigue con los ojos cerrados.

    Su bikini es de tiras, veo que sus manos que estaban al lado de su cuerpo se acercan hacia aquellas tiras que anudaban la prenda.

    Con un disimulo poco creíble engancha las tiras y desarma el nudo dejando la bikini inferior suelta.

    Mientras yo no dejo de poner crema en sus nalgas sin saber cómo proseguir.

    De repente se serpentea de tal manera que hace que la bikini se corra de su lugar original haciéndose hacia un costado.

    «encremame toda hijo» dice ahora no tan tímida con los ojos cerrados.

    Levanto la prenda y la saco de su cola dejándola entre sus piernas.

    Tengo el culo desnudo de mi madre frente a mí.

    El protector se desliza entre sus nalgas y mis dedos ayudan a complementar el trabajo.

    Mis dedos se deslizan y tocan por primera vez su ano.

    Ella levanta su cola abriendo sus nalgas.

    Mis dedos siguen toda la línea de su cola, de arriba hacia abajo, y llega hasta sus labios vaginales.

    Mi madre jadea antes de que haga contacto con ellos.

    No me detengo y sigo. Los separo con dos dedos y meto un tercero en el medio.

    Se escucha el ruido de la crema mezclándose con el agua y la humedad de la concha de mi madre.

    Mis dedos entran sin limitaciones, van dos dedos en el interior de mi madre y ella grita de placer.

    Sigue con sus ojos cerrados y yo sigo con el movimiento de entrada y salida.

    Pasan largos minutos con esa tarea, en el aire se siente el aroma de mujer que emana líquidos de placer.

    Eso me embriaga, así que acerco mi cara para sentirlos.

    Mis manos salen de adentro y abren sus nalgas.

    Mi cara y mi boca van directo a su culo.

    Lo chupo desesperado. Mi madre grita de placer.

    No pasa mucho hasta que mi lengua chupa sus labios vaginales, su clítoris y se mete adentro de su vagina saboreando todo lo que mi madre ofrece.

    Siento sus piernas temblar y un rio de líquidos van a mi boca.

    Siguen varios temblores en el cuerpo de mi madre, había tenido un orgasmo.

    Me reincorporo, ella sigue con los ojos cerrados tratando de recuperar el aire.

    Siento pánico de que vuelva a ocurrir lo mismo que la semana anterior.

    Me paro y me retiro en silencio, mientras miro hacia atrás, mi madre agitada y temblando cada tanto, con su bikini inferior fuera de su cuerpo y la bikini superior fuera de sus tetas por el movimiento.

    La pierdo de vista y ella sigue inmóvil. Me llevo mi ropa y me subo al auto, me retiro de la casa, sin saber qué ocurrirá.

    ***

    ¿Qué les va pareciendo hasta ahora? ¿Qué quieren agregar?